El niño inquieto al que sus padres apuntaron a Judo para que se cansara, que pensó en dejar de competir tras los juegos de Tokio y que regresó para deshacer una maldición olímpica de más de veinte años, ha sido galardonado con el Premio Madrid a la Iniciativa Deportiva que otorga Madridiario. The Palace, a Luxury Collection Hotel acogerá la gala de entrega de los XXIII Premios Madrid el lunes 9 de junio 20.00 horas
Garrigós cuenta que su padre le apuntó a judo de pequeño no sólo porque fuera un deporte “muy completo”, sino también para amansar los nervios de un niño que daba mucho por saco en casa. “El principal motivo fue ese, que era un niño muy inquieto, muy movido, y dijeron: ‘vamos a apuntarle, a ver si se cansa y nos deja tranquilos’”, recuerda el judoca, que no tardó mucho en darse cuenta de que poseía un talento que no tenían los niños de su alrededor. “Desde pequeño he soñado con ser campeón del mundo. Con nueve o diez años ya soñaba con ello”, asegura.
"La derrota en los Juegos de Tokio fue un palo duro"
La frustración de la derrota le llevó incluso a apartarse momentáneamente del deporte al que había consagrado su vida. Garrigós aprovechó para terminar la Carrera (es licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte) y, durante un tiempo, concilió los entrenamientos con las clases universitarias: “Me ayudó a organizarme más el día, a estar centrado en lo que tenía que hacer, a tener un horario y no saltarmelo. La verdad es que compaginando esas dos cosas es cuando he conseguido los mejores resultados”.
"Es un orgullo representar a tu país no solo de forma civil, sino también militar”
Por el camino, además, se convirtió en sargento reservista del Ejército del Aire: “Después de Tokio sacaron las plazas para algunos deportistas de élite y fue una cosa que no pude rechazar. Es un orgullo representar a tu país no solo de forma civil, sino también militar”.
La fortaleza mental, fundamental en cualquier competición deportiva, es más importante si cabe en disciplinas como el judo, en la que un solo movimiento en falso te condena. En este sentido Garrigós resalta el trabajo con su psicólogo, Pablo del Río, que le ayudó a concentrarse en el trabajo del día a día al margen del resultado. “Vamos a olvidarnos de esa medalla y centrarnos en lo que de verdad es tarea nuestra, en lo que depende de nosotros”, explica el judoca. El apoyo de su entorno más cercano también fue fundamental para recuperarse mentalmente de aquellas derrotas precipitadas. “La familia es lo más importante”, sentencia. Garrigós cuenta que sólo los familiares y los amigos de verdad permanecen en los malos momentos: “Cuando ganas siempre tienes mil whatsapps, pero cuando pierdes tienes tres o cuatro, que son los de verdad. Ahí te das cuenta de la gente que de verdad te quiere”.
Como en cada deporte que transcurre alejado de los focos, las dificultades para vivir del judo multiplican la presión que los profesionales cargan sobre sus hombros. “Vamos dependiendo de las becas ADO (el programa de apoyo desarrollo y promoción de los deportistas nacionales de alto rendimiento que conduce la Asociación Deportes Olímpicos), que se dan en función del resultado del año anterior en competiciones como el campeonato del mundo o los Juegos Olímpicos. No tienes una estabilidad porque te la estás jugando en el campeonato más importante de la temporada…”. Es la pescadilla que se muerde la cola, si no hay gloria se aleja la profesionalización, y sin profesionalización es más difícil alcanzar la gloria.
"Este año es un poco de transición"
A pesar de los obstáculos, Garrigós anima a los más jóvenes a que “disfruten y se diviertan en todo aquello que hagan” y a “luchar cada día para conseguir sus sueños y sus objetivos”. De momento, el del judoca madrileño es “hacer un buen papel” en el Campeonato del Mundo, que se disputa en Budapest entre el 13 y el 19 de junio, aunque reconoce que este año será “de transición”. Por eso, prefiere echar la vista al horizonte: “El objetivo a largo plazo es clasificarme para Los Ángeles 2028”.