Viviendo tan conectados, nos cuesta soportar la incertidumbre, entregarnos a la paciencia.
Anoche, en medio de la oscuridad hospitalaria, con linterna, walkie-talkie y dos cafés, una de mis mejores amigas y yo decíamos, que no sé si estábamos preparadas para escuchar hoy, el drama de la pausa de ayer, que para muchos ha sido un caos y ha resultado hasta desagradable. Nosotras pensamos, que no estamos tan mal sin móvil. Estamos incluso tentadas, a dejar de tener WhatsApp, Instagram, y en quedar a partir de ahora, a una hora, y en un lugar sin ningún mensaje previo.
Al final, sólo nos tomamos el café. Pero nos quedamos con la calma, la paz, y la tranquilidad que ha aparecido cuando parecía que la vida perdía su equilibrio.
Existe una palabra japonesa basada en la idea de que nada es eterno, en contemplar la imperfección como la mayor belleza del mundo: wabi-sabi.
No es que no existan suficientes palabras en el diccionario español, pero me es inevitable últimamente no quedar prendida por muchas de las palabras de la tierra del sol naciente, hay algo de especial en ellas.
No hay una traducción literal que lo explique, y tampoco es sencilla, pero la raíz wa-, significa equilibrio. Sabi, significa flor del tiempo, aceptar el paso del tiempo, entendiendo que la belleza es efímera. Cuando se juntan, se utilizan para expresar la belleza de lo imperfecto, el respeto por las huellas que deja el tiempo. Wabi-sabi también nos dice que no podemos perder la capacidad de ver y entrenarnos en la sensibilidad.
Es un poco intensa la explicación, pero hay algo de wabi-sabi en ese, voy a volver a intentar llamar a mamá. En escribir, un mensaje de texto con límite de caracteres. En ese ‘’estaba preocupada y esperaba que llegarais’’. Hay algo de wabi-sabi, en ese pensamiento que se cruza preguntándonos por si estará bien, en aceptar que no obtendremos respuesta a nuestra pregunta. Somos, de quién nos gustaría hablar, cuando no podemos. Cuando no podemos, de verdad.
Wabi-sabi nos enseña a no preocuparnos por aquello que escapa de nuestro control, a aceptar ese si tiene que ser será, a abrazar la incertidumbre. Cuando aceptamos la imperfección, somos más considerados con nosotros mismos y con los demás. Qué aburrido sería, por otro lado, estar todos ‘’cortados por el mismo patrón’’, no ser diferentes, no ser imperfectos.
Wabi-sabi es no oponernos al cambio, quién sabe si igual nos gusta más. Tiene su aquel, el escuchar un transistor, el recordar la voz de alguien, sin poder rebobinar.
Convivo, con los tachones de este primer artículo que escribo sobre papel y boli y no a ordenador, tengo de cada vez peor letra y me cuesta hasta mí entenderme.
Suenan los tonos desafinados de la armónica de Bob Dylan en su canción ‘’Girl from the North Country’’, y pienso, que hubiera pasado si hubiera durado un poquito más de tiempo esta desconexión: ¿hubiéramos acabado escribiéndonos una carta? Pero, here comes the light.