Social

La unidad móvil Madroño, el 'centro de salud ambulante’ que trata las adicciones de la gente sin hogar

(Foto: María Vera de Road Experience audiovisual).

Madroño al rescate

Marta Gómez | Jueves 27 de marzo de 2025

Una furgoneta blanca se detiene, cada día, en las inmediaciones del centro de acogida San Isidro, en el distrito de Moncloa-Aravaca. No es un vehículo cualquiera. Se trata de la Unidad Móvil Madroño, un recurso del Instituto de Adicciones de Madrid Salud, que ofrece asistencia sanitaria y social a personas con adicciones en situación de vulnerabilidad. Su objetivo es claro: acercar la ayuda a quienes, de otra manera, quedarían fuera del sistema de atención.

Este dispositivo móvil opera en espacios abiertos y ofrece intervenciones en el entorno de las personas atendidas, facilitando así su vinculación con los recursos asistenciales del Ayuntamiento de Madrid. “Este centro de salud ambulante”, como lo describe el coordinador y médico del operativo, Jorge Álvarez. Nació en 2004 con la intención de dar respuesta a la epidemia del SIDA, atendiendo a personas “que no eran fáciles de tratar” debido a que la medicación era “muy estricta” y requería “tomarse pastillas todos los días”.

“Son personas sin horarios y que apenas comen, por lo que era muy difícil que siguieran un tratamiento. Gracias a este programa, nosotros les proporcionamos metadona y, a cambio, les realizamos analíticas de sangre y tratamos las patologías que puedan presentar”, señala Álvarez, quien ha estado en el operativo desde sus inicios. Álvarez recuerda cómo, en los primeros años, eran ellos quienes salían a buscar a las personas vulnerables “pateándose las calles de Madrid”, mientras que ahora “son ellos quienes vienen” porque “ya conocen bien” el servicio.

El principal objetivo de la unidad móvil es “reducir el daño sobre la salud del individuo”, pero también en lo social. “Son personas que están en una situación muy difícil, tras muchos años de consumo crónico. Viven en la calle, han perdido prácticamente todo y, en la mayoría de los casos, ya no pueden o no quieren dejar de consumir. Por ello, la unidad móvil, al menos, se encarga de garantizar sus derechos básicos, como el acceso a la salud, la alimentación y un lugar donde dormir”, expone el coordinador.

Jorge Álvarez, coordinador de la unidad móvil Madroño.

En la mayoría de los casos, las personas que acuden a la unidad móvil son adictos a la heroína y/o cocaína. Por esta razón, desde el Madroño se les facilita metadona con la intención de eliminar los síntomas de abstinencia y aliviar el deseo intenso de consumir droga al actuar sobre los receptores opioides del cerebro. "Cada persona recibe una dosis ajustada a sus necesidades, ya que este tratamiento no es como tomar un comprimido cada ocho horas de forma generalizada. Es fundamental evaluar cada caso de manera individual y ajustar la dosis, aumentándola o reduciéndola según sea necesario", dice el médico.

“Son personas que están en una situación muy difícil. Viven en la calle"

A lo largo de la jornada, varias personas se acercan al dispositivo móvil en busca de ayuda. Algunos vienen a recoger su dosis de medicación, otros piden algo de comida, pero todos comparten un momento para conversar. Entre ellos y el equipo de Madroño se establece un vínculo de confianza, un espacio donde no solo se atienden necesidades físicas, sino también emocionales. Las charlas, aunque breves, son un recordatorio de que más allá del tratamiento, cada interacción es un paso hacia la recuperación y la dignidad. “Mucha población con la que trabajamos no tiene familia o, si la tiene, no mantiene contacto con ella. Al final, nos convertimos en un punto de referencia y de encuentro para ellos. Muchas veces vienen solo a hablar o a contarnos algo que les ha sucedido. Creo que, en muchas ocasiones, llegamos a ser como una familia para ellos”, afirma Aurora Martín, trabajadora social de la unidad móvil Madroño.

En el dispositivo trabajan tres médicos, tres enfermeras y tres trabajadores sociales para prestar la atención sociosanitaria básica y otras intervenciones complementarias como vacunaciones, curas o analíticas, así como derivar, cuando sea posible, a otros recursos de la red de tratamiento del Instituto de Adicciones.

Cuando se acerca por primera vez una persona con adicción y en situación de exclusión social a la unidad Madroño, el equipo multidisciplinar realiza una primera evaluación en el interior de la furgoneta para conocer las necesidades sociales y sanitarias del individuo. Más tarde, los enfermeros le realizan una analítica y le facilitan el tratamiento que haga falta para, finalmente, hacer “un plan de intervención personalizado”.

Algunas de las personas que acuden al servicio no tienen ningún tipo de documentación, ni tarjeta sanitaria, por lo que los trabajadores sociales del equipo se encarga de poner todo en regla. “Se les acompaña a sacar las fotos del DNI, tramitar el pasaporte o al centro de salud. Después se habla con el Samur Social para las plazas de los centros de atención, mientras se les da una bolsita con alimentación básica y tickets para las duchas. Se trata de satisfacer un poco las necesidades más básicas”, manifiestan.

"Se trata de satisfacer un poco las necesidades más básicas"

“En una situación de consumo y/o síndrome de abstinencia no tienen la capacidad para hacer cosas. Por ello, a veces, ejercemos de mamás y papás y tenemos que acompañarles al médico y hay que hacer cosas por ellos. Nuestro objetivo es acercarles a las redes tanto de personas sin hogar como a la red normalizada”, confiesa Álvarez.

Además, la unidad móvil Madroño dispone de un equipo jurídico que brinda asesoramiento y elabora informes para aquellos usuarios que tienen condenas. Con el objetivo de gestionar alternativas a las penas privativas de libertad, como trabajos comunitarios, arrestos domiciliarios, entre otros.

Durante la entrevista, uno de los usuarios se acercó para preguntar si ya se había conseguido una plaza para él en algún centro de atención básica, como el de San Isidro. Encontrar un hueco en estos centros es bastante complicado debido a la alta demanda. “Normalmente, primero se consigue una plaza de día, que es más fácil de encontrar, y luego, una vez que están dentro del centro, se solicita una plaza de noche para que puedan residir allí de manera continua”, explica Martín. Añade que, en invierno, la demanda aumenta debido a las bajas temperaturas, pero cuando llega el buen tiempo, muchos prefieren volver a vivir en la calle, ya que “son personas que llevan mucho tiempo sin una vida normalizada, sin horarios y sin planificación de hábitos”.

El equipo sanitario haciendo una analítica.

De forma diaria, la unidad móvil de Madroño hace parada en dos espacios. Por un lado, el ya comentado centro de acogida San Isidro, y por otro, en el polígono Marcone, en Villaverde. Dos zonas en las que el Instituto de Adicciones de Madrid Salud había detectado parte del problema.

Pero en estos 20 años de historia, el Madroño ha ido creciendo y evolucionado, creando otros servicios como el “equipo de proximidad”. Se trata de una unidad fija ubicada en distintos barrios de la ciudad, entre los que se encuentra San Blas, Vallecas, Caño Roto, Centro o Villaverde. “Cada día íbamos a un sitio y a lo largo de estos años se han ido creando equipos estables en varios puntos de la ciudad. Estamos continuamente coordinados. Estos equipos tienen un personal más social, donde hacen talleres y se trabaja el tiempo libre, pero también cuentan con enfermeras para cualquier urgencia”, apunta Álvarez.

Este dispositivo también cuenta con una atención domiciliaria a pacientes con adicciones y otras enfermedades que originan una discapacidad temporal o permanente y que dificulta el inicio o continuidad del tratamiento de su adicción en los dispositivos asistenciales ambulatorios de referencia.

Unas 400 personas atendidas en 2024

En 2024, la unidad móvil Madroño atendió a 400 personas, de las que el 80 por ciento eran hombres y el 20 por ciento mujeres. Tan solo en la unidad móvil instalada cerca del centro de acogida de San Isidro atienen a unas 50 personas, pero el dispositivo también transporta la medicación y metadona a los usuarios alojados en centros de acogida como el de Puerta Abierta y Beatriz Galindo, así como los domicilios.

Entre las personas usuarias del servicio, el porcentaje de menores de 40 años se sitúa alrededor del 33 por ciento, mientras que los mayores de 50 representan el 35 por ciento. En febrero de este año, el área de Vicealcaldía, Seguridad y Emergencias, que dirige Inma Sanz, prorrogó el contrato de servicios de la unidad con un gasto plurianual de caso dos millones de euros (1.92), por un plazo de tres años.

A pesar de las dificultades, existen historias que demuestran que la esperanza nunca se pierde. Algunos de los usuarios que han recibido el apoyo de la unidad Madroño han conseguido reconstruir sus vidas formando una familia y encontrando un trabajo estable, tal y como han relatado los propios trabajadores del dispositivo.

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