Recomendamos

Canarias, en alerta por salud mental: alto consumo de hipnosedantes y más de 200 suicidios al año

(Foto: Pixabay).
MDO | Martes 18 de marzo de 2025

La comunidad autónoma se sitúa como la segunda con mayor consumo de hipnosedantes en España, mientras que la tasa de suicidios sigue siendo alarmante. Expertos advierten sobre la necesidad de tomar medidas urgentes para frenar esta crisis.

La salud mental en Canarias atraviesa una crisis preocupante. Con una media de más de 200 suicidios anuales y un consumo de hipnosedantes que la posiciona como la segunda comunidad con mayor uso en España, la situación se ha convertido en una llamada de atención para los profesionales de la psicología en Canarias, del sector sanitario y también para las autoridades. Pero ¿por qué Canarias presenta cifras tan alarmantes en materia de salud mental? Entre otras razones, el desempleo y la precariedad laboral que azotan la comunidad han provocado que el estrés y la ansiedad se hayan convertido en compañeros de vida para miles de personas, y el contar con una población cada vez más envejecida que sufre la soledad en silencio no mejora las cifras. Del mismo modo, el auge de las redes sociales está empezando a causar estragos entre niños y adolescentes, por lo que el problema afecta a todas las generaciones.


Hipnosedantes: una solución fácil, pero peligrosa

El uso de hipnosedantes se ha disparado en las últimas dos décadas. Según los últimos datos, el 13,6% de la población del archipiélago consumió hipnosedantes en 2022, una cifra solo superada por Galicia. Este aumento en el uso de fármacos para la ansiedad y el insomnio es solo la punta del iceberg de un problema estructural que sigue sin resolverse. El estudio "Consumo de hipnosedantes en España: caracterización y tendencias temporales, 2005-2022" de la Universidad de Santiago de Compostela revela que el consumo de estos fármacos ha aumentado un 4,7% anual desde 2005. En muchos casos, se han convertido en la opción rápida para tratar problemas de ansiedad, estrés o insomnio.


Airam Pérez, psicólogo de Tenerife, advierte sobre esta problemática: "El consumo de hipnosedantes se ha convertido en una vía de escape rápida para muchas personas que enfrentan problemas de ansiedad y estrés. Sin embargo, la medicación por sí sola no resuelve la causa subyacente del malestar. Lo ideal sería complementar estos tratamientos con terapia psicológica, ya que trabajar en la raíz del problema es lo que realmente permite un cambio a largo plazo".


En Canarias, el perfil del consumidor habitual de hipnosedantes es mayoritariamente femenino, con especial incidencia en mujeres de entre 55 y 64 años. Esta tendencia podría explicarse por la mayor carga de estrés que soportan debido a responsabilidades familiares, laborales y personales. Además, la falta de acceso a tratamientos psicológicos eficaces ha llevado a muchas personas a depender de estos fármacos como única alternativa para sobrellevar su día a día.


Suicidios: la otra cara de la crisis

Si el consumo de hipnosedantes es preocupante, la tasa de suicidios en Canarias es aún más alarmante. En 2022, se registraron 233 casos, una cifra que refleja la urgencia de medidas más contundentes. Según los psiquiatras, el suicidio sigue siendo un tema tabú en la sociedad, lo que dificulta su prevención. Muchas personas que atraviesan crisis emocionales graves no encuentran los recursos adecuados o el apoyo necesario para buscar ayuda a tiempo.


Desde el Servicio Canario de Salud se han puesto en marcha iniciativas como el Observatorio del Suicidio en Canarias, que recopila datos sobre intentos e ideaciones suicidas para detectar patrones y mejorar la prevención. También se han implementado programas de formación para profesionales de distintos ámbitos, desde sanitarios hasta fuerzas de seguridad, con el objetivo de que puedan identificar signos de alerta y actuar a tiempo.


Sin embargo, los expertos insisten en que estas medidas, aunque necesarias, no son suficientes. En primer lugar, es urgente reforzar el sistema de salud con más profesionales especializados en psicología y psiquiatría, reduciendo los tiempos de espera para que las personas en crisis reciban ayuda a tiempo. También es crucial potenciar la educación emocional desde edades tempranas, enseñando a niños y jóvenes estrategias para gestionar el estrés, la ansiedad y las emociones difíciles. En este sentido, campañas como las impulsadas por el Gobierno de Canarias y la Línea 024 del Ministerio de Sanidad son iniciativas valiosas que deben seguir reforzándose.


La necesidad de romper el estigma de la salud mental

Uno de los mayores desafíos a la hora de abordar la crisis de salud mental en Canarias es el estigma que sigue rodeando a los trastornos psicológicos. Muchas personas aún sienten vergüenza o miedo de admitir que necesitan ayuda, lo que las lleva a retrasar la búsqueda de apoyo. En cambio, cuando alguien sufre un problema físico, acudir al médico es la reacción inmediata.


Los especialistas insisten en que la salud mental debe recibir la misma prioridad que la salud física. Sentirse ansioso, deprimido o emocionalmente agotado no es una cuestión de debilidad ni algo que deba ignorarse con la esperanza de que "se pase solo". Ir a terapia debería ser tan común como acudir al médico de cabecera, y cuidar el bienestar emocional debería ser una parte esencial de la vida cotidiana.


El psicólogo en Las Palmas Antonio Suárez destaca la importancia de normalizar la atención psicológica: "Todavía existe la idea de que pedir ayuda profesional es algo vergonzoso o innecesario, cuando en realidad es una de las mejores decisiones que alguien puede tomar para mejorar su bienestar. La terapia no es solo para personas con problemas graves, sino para cualquiera que quiera entenderse mejor y aprender a manejar sus emociones de forma saludable. Es fundamental que dejemos de ver la salud mental como un lujo y empecemos a tratarla como una prioridad". Para que esto sea posible, es fundamental que las instituciones refuercen el acceso a la atención psicológica y que la sociedad en su conjunto entienda que buscar ayuda profesional es un acto de valentía, no de fragilidad.