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'Volver a nadar juntas': brazadas que recuperan movilidad y autonomía tras sufrir un ictus

Un grupo de personas en las clases de natación que imparte la Fundación. (Foto: Fundación Segunda Parte).

PREMIO SUPERA SOCIAL

Susana Pérez | Domingo 16 de febrero de 2025

La vida de Felisa Gómez dio un giro inesperado en 2013. Lo que parecía una mañana cualquiera, después de regresar de un viaje a Benidorm, se convirtió en el inicio de una dura batalla. Un ictus severo dejó a Feli, como la llaman sus amigos, en una silla de ruedas: "Sin movilidad en el lado izquierdo de su cuerpo y sin capacidad para mantener el equilibrio". A partir de ese momento, cada día fue un desafío. Su hermana se convirtió en su principal apoyo, acompañándola a sesiones de fisioterapia que, según cuenta, no dieron los resultados esperados. Pero cuando la esperanza parecía desvanecerse, un encuentro casual en una cafetería le abrió una nueva puerta: la piscina que cambiaría su destino. A sus 76 años ha aprendido a nadar. En la piscina "todo es diferente", asegura, "el agua me cambió la vida".

Antes de participar en el proyecto 'Volver a nadar juntas' de la Fundación Segunda Parte, Feli no podía salir de casa sin su hermana. Ahora, lo hace ella sola: "Tan solo me acompaña un bastón cuando lo necesito". Esta iniciativa, que nació en Madrid hace 13 años para que todas las personas con daño cerebral puedan recuperar la autonomía y la calidad de vida a través del deporte, ha sido reconocida con el Premio Supera Social de Iberdrola. Unos galardones que reconocen las mejores iniciativas puestas en marcha en España en favor de la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer a través del deporte. Dotados con 50.000 euros cada uno, Iberdrola ha premiado seis proyectos de entre las más de 1.300 candidaturas recibidas. Este proyecto madrileño busca mejorar la calidad de vida y autonomía de mujeres que han superado un ictus, a través de la práctica de la natación.

Vida activa para superar el daño cerebral

Foto: Fundación Segunda Parte

En España, las enfermedades neurológicas afectan a siete millones de personas, de las cuales 1,6 millones sufren discapacidad como consecuencia directa. El ictus, una de las principales causas de daño cerebral adquirido, deja secuelas discapacitantes en el 50 por ciento de quienes lo padecen, alterando de manera drástica su vida personal, social y laboral. Hay otras causas de daño cerebral adquirido como el traumatismo craneoencefálico, el tumor cerebral y, por otro lado, las enfermedades neurodegenerativas con gran impacto como el Alzheimer, el Parkinson y la esclerosis múltiple. A pesar de la necesidad de rehabilitación a largo plazo, el sistema público de salud solo ofrece cobertura durante unos pocos meses, dejando a muchas personas sin recursos en una situación de abandono. Además, el coste sanitario de las enfermedades neurológicas en España asciende a más de 10.865 millones de euros; a lo que habría que añadir otros costes no sanitarios que se han calculado como ocho veces superiores a los sanitarios. "El sistema no va a poder soportarlo", explica Marta Pérez, directora de la Fundación Segunda Parte.

Las personas con daño cerebral en España no son activas a nivel físico porque no se hace hincapié en la importancia de practicar actividad físico-deportiva de forma regular y existen grandes barreras en los centros deportivos para acoger a estos perfiles. Pero la ciencia respalda el papel fundamental del ejercicio en la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reorganizarse y formar nuevas conexiones neuronales tras una lesión. Sin embargo, en España no existe un sistema generalizado de prescripción de actividad física para personas con daño cerebral. Muchas enfrentan barreras para acceder a centros deportivos y continúan con una vida sedentaria, lo que agrava sus secuelas y limita su participación en la comunidad. "Tener actividad física y una vida activa es determinante para la recuperación", subraya la directora.

"Tener actividad física y una vida activa es determinante para la recuperación"

El proyecto de la Fundación Segunda Parte rompe con esta realidad, ofreciendo un espacio de inclusión donde el deporte se convierte en una herramienta de recuperación física y emocional. Más allá de los beneficios motores, la natación proporciona un entorno de sociabilización y superación personal, devolviendo a estas mujeres la confianza en sí mismas y la posibilidad de reconstruir sus vidas.

El premio Supera Iberdrola no solo reconoce la labor de esta fundación, sino que también visibiliza la urgente necesidad de promover la actividad física en la rehabilitación de personas con daño cerebral. Con iniciativas como esta, se refuerza el mensaje de que la recuperación no termina en los centros de neuro-rehabilitación, sino que debe extenderse a espacios accesibles y adaptados dentro de la comunidad. La Fundación Segunda Parte demuestra que volver a nadar, a moverse y a participar de manera activa en la sociedad es posible, ofreciendo una segunda oportunidad a quienes más lo necesitan: "Este proyecto que nace en 2011 con deportistas en una piscina, se transforma en una iniciativa que atiende a más de 800 personas y entrenamos en 14 centro deportivos de Madrid".

Esta iniciativa busca mejorar la funcionalidad, la autonomía y la calidad de vida de las participantes, convirtiéndose en un modelo a seguir en la rehabilitación post-ictus. Marta Pérez destaca la importancia de la propuesta, que nace de una preocupación real: “Vemos que hay una participación más baja de mujeres en los programas de rehabilitación física a medida que aumenta la gravedad del ictus. Esto no puede ser, porque es la primera causa de muerte en mujeres en España. Muchas sobreviven, pero debemos conseguir que lleguen a estos programas para mejorar su calidad de vida”.

El proyecto se centra en la natación por ser una actividad que genera gran adherencia y motivación en las participantes. “Nos dimos cuenta de que ya teníamos un grupo grande de mujeres que estaban en el agua y que, en sí mismas, eran embajadoras del proyecto. Ellas transmiten en primera persona los beneficios que la natación ha tenido en sus vidas”, señala Pérez.

Los resultados obtenidos hasta el momento son contundentes: la mejora de la funcionalidad y la autonomía de las participantes es notable. “Queremos que una mujer que salga de la piscina se sienta más segura caminando por la calle, que tenga menos riesgo de caída, que pueda alcanzar un vaso en una estantería sin temor a perder el equilibrio o que pueda beber agua sin que le tiemble el brazo. Estos pequeños avances marcan una gran diferencia en su día a día”, explica la directora.

“El premio es un altavoz que nos permitirá llegar a más mujeres de España"

Pero el impacto del proyecto va más allá de lo físico. También se han observado mejoras en la salud mental y en la capacidad de socialización de las participantes. “Muchas mujeres con ictus se sienten excluidas de la sociedad, pierden su empleo y enfrentan dificultades para comunicarse, lo que las aleja de un estado de bienestar. La natación les devuelve la confianza y las reintegra en un entorno social activo”, afirma Pérez. Como el caso de Feli, que se siente más segura desde que nada: "Nunca antes había practicado porque me daba mucho miedo el agua. Al principio, iba agarrada al borde". Pero, poco a poco, consiguió la confianza que necesitaba: "Voy tres días a la semana desde hace siete años. Me ha cambiado la vida. Me he gastado mucho dinero en rehabilitación y al final la natación es lo que mejor me ha venido".

El premio Iberdrola Social supone un gran impulso para la expansión del proyecto. “Es un altavoz que nos permitirá llegar a muchas más mujeres, no solo en la Comunidad de Madrid, sino en toda España. Queremos que sepan que existe esta oportunidad y que es posible volver a nadar, recuperar movilidad y mejorar su calidad de vida”, concluye la directora.

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