Nada influye sobre el relato que, lejos de ser perjudicado, el equipo de Simeone dispusiera de un penaltito para adelantarse en el marcador. Tchouameni pisó ligera e involuntariamente a Lino en una acción sin influencia en el juego, y el VAR le paró la foto a Soto Grado de forma que hubiera que tener agallas para reafirmarse. Julían Álvarez convirtió a lo Panenka (34’).
La otra cara de la polémica fue un pisotón de Ceballos sobre Barrios. A algún colchonero (¡y a Iturralde, cómo no!) le pareció roja, pero la acción, por dura pero natural, sólo daba para amarilla. Así lo entendieron el árbitro y los 22 jugadores que había sobre el césped.
Hasta ese momento, el Atlético no había puesto en muchos aprietos al Madrid. Y no es poco decir, teniendo en cuenta que los locales se plantaron en el derbi con una línea defensiva formada por Lucas, Asencio, Tchouameni y Fran García. Da temblores sólo de decirlo, pero sería injusto pasar por alto el digno partido de los cuatro. Fran García, con sus limitaciones, muy por encima de Mendy; y Lucas, que sufrió algo a la espalda con Lino, aportando mucho en ataque, sobre todo en la segunda parte. Tchouameni tuvo su mejor noche en esa posición y Asencio firmó un partidazo que enamoró al madridismo y sobró para no dudar de su nivel.
Sin que sirva de precedente, la presión alta funcionó razonablemente bien y, aún a riesgo de un par de situaciones ventajosas para el Atlético, fue una de las claves para la rápida recuperación de balón.
En ataque, sin embargo, un guirigay. Con los cuatro fantásticos estorbándose entre sí y una dificultad tremenda para construir nada que tuviera algo de sentido. Desde fuera –el perfil de alineador de la vieja escuela de Ancelotti, no ayuda– da la sensación de que falta trabajo táctico. Al margen de eso, y sin menoscabo de la libertad individual necesaria para hacer florecer algo a partir de tres cuartos, debe haber una disciplina mínima sobre la que edificar: “Cuando el balón está aquí, tú te abres a banda; y cuando éste recibe, le doblas”.
Algo así parecía decirle Carletto, desesperado, a un Vinicius perdido en el centro. Osea que uno no sabe bien si la culpa es del cuerpo técnico o más bien irreverencia del jugador. De hecho todo cambió a partir de la segunda mitad, cuando Vini decidió obedecer al profesor y, como Coque en aquel duelo entre el Mirador de Montepinar y la Atalaya del Arcipreste, mantenerse pegado a la línea. A partir de entonces, el brasileño fue otro y dejó varios highlights que estuvieron cerca de cambiar el destino del partido.
El gol llegó, sin embargo, desde la otra banda. Gracias, sobre todo, a una acción individual de Rodrygo, que volvió a exhibir su finura. Bellingham remató el pase atrás contra un defensa y Mbappé se encargó de mandar el rechace a gol (49’). El francés estuvo bien, aunque no deslumbrante, pero su buen estado de forma es innegable. No en vano, recogió el trofeo a mejor jugador de la Liga del mes de enero en los prolegómenos del partido, justo después del homenaje a Marcelo por su retirada del fútbol.
Después del 1-1 el Madrid terminó de desenredarse y ahogó a un Atlético que quedó casi impotente y sin remedio a pesar de la entrada de Reinildo, Koke, Molina, Sorloth y Correa (que siempre asusta).
El partido estuvo en la frente de Bellingham, por partida doble. Primero, con un cabezazo al larguero y luego, con otro, más fácil, que paró Oblak. También tuvo una Mbappé, tras buena galopada y disparo manso con la zurda, y otra Rodrygo, en los últimos minutos, con un golpeo desde fuera que rozó el poste e hizo suspirar al estadio (la realización captó a Ceballos, ya en el banquillo, revolcándose por los suelos). Habría sido la guinda de un contragolpe exquisito, con control de pecho de Jude y autopase favelero de Vinicius.
El buen funcionamiento del equipo retrasó si cabe los cambios de Ancelotti, que apuró mucho a un Ceballos apercibido (otra demostración de fútbol y entrega del utrerano, que ya es el dueño del mediocampo blanco) y no sacó a Brahim hasta el 87’. El arreón del Madrid en la segunda parte no fue suficiente y a Simeone le sentó bien el punto.
Es cierto que el Madrid hizo mérito bastante como para ganar el partido, como lo es que aún no ha sido capaz de vencer a ninguno de los cocos en lo que va de curso. Y más que el City o el Barça, el verdadero ogro de Ancelotti es el Atlético de Madrid. En las últimas dos temporadas, el Madrid sólo ha sido capaz de meterle mano a Simeone en un partido (semifinales de Supercopa) de los seis que se han disputado.
Con este resultado, todo sigue igual. La fortaleza rojiblanca frente a su máximo rival, la racha de derbis empatados a uno (van tres seguidos) y la carrera por el trofeo de Liga. El Real Madrid llegó al partido líder, un punto por encima del Atlético, y el partido deja al Atlético segundo, un punto por debajo del Real Madrid.