Salud

Abrigar al niño o baños de agua fría, errores más comunes en caso de fiebre en menores

Fiebre niños (Foto: Pexels).
MDO | Viernes 24 de enero de 2025

El Hospital Gregorio Marañón ha lanzado una serie de consejos divulgativos para padres sobre cómo manejar la fiebre en niños y bebés en su canal oficial de YouTube en los que recuerda además los errores más comunes que suelen cometer los padres o cuidadores en estos casos, como tomar la temperatura con la mano, abrigar al menor o recurrir a baños de agua fría para bajar la temperatura.

El Servicio de Pediatría del hospital señala que la fiebre sirve como un indicador de enfermedad, lo que la convierte en una herramienta útil para llevar a cabo una vigilancia activa.

El pediatra del Hospital Gregorio Marañón, Felipe González, señala que la fiebre es "beneficiosa" ya que contribuye a la lucha contra las infecciones en los niños. Para entender adecuadamente este síntoma, ofrece ocho consejos básicos sobre lo que nunca se debe hacer para reducir una temperatura elevada.

Sugerencias y errores frecuentes

Se enfatiza que es importante no medir la temperatura con la mano, y se recomienda siempre utilizar un termómetro. Para los lactantes, la temperatura puede ser tomada a través del recto, mientras que en niños mayores es habitual estimarla por medio de la axila.

No es aconsejable cubrir al niño cuando presenta fiebre. Es preferible dejarlo con ropa ligera y destapado, permitiendo que sus extremidades queden al aire libre; esto facilitará su transpiración y permitirá una mejor supervisión. Asimismo, la temperatura del ambiente en la habitación debería mantenerse entre 20 y 22 grados.

No es recomendable administrar baños de agua fría para reducir la fiebre, ya que el cambio brusco de temperatura puede causar malestar, temblores e incluso convulsiones en el niño. En su lugar, se sugiere ofrecer un baño con agua tibia, que esté entre 2 y 5 grados por debajo de la temperatura corporal del pequeño en ese momento. Asimismo, se desaconseja el uso de compresas frías o alcohol para este propósito; en cambio, las compresas de agua tibia son una opción más adecuada.

Cuando la temperatura excede los 38 grados, es aconsejable utilizar antitérmicos como el paracetamol o el ibuprofeno, siempre respetando las dosis y recomendaciones proporcionadas por el pediatra. Es fundamental evitar la administración de aspirina a los niños sin una prescripción médica. Asimismo, se desaconseja alternar entre diferentes antitérmicos, ya que esto puede generar confusión en los padres y llevar a errores en la medicación. Optar por un solo antitérmico asegurará una mayor efectividad en el tratamiento.

Evitar forzar la alimentación

Desde el servicio de Pediatría se enfatiza la importancia de no administrar antibióticos sin la correspondiente prescripción médica. En caso de que la fiebre persista o si el niño continúa sintiéndose mal, es aconsejable acudir al pediatra para que determine el tratamiento más adecuado. Además, cualquier niño menor de un mes, así como aquellos en general menores de 3 a 6 meses, debe ser evaluado por un pediatra si presenta fiebre.

En situaciones donde un niño presenta fiebre y disminuye su apetito, es aconsejable no forzar la ingesta de alimentos. No es necesario obligar a los pequeños a consumir líquidos; sin embargo, se recomienda ofrecerlos de manera constante para asegurar una adecuada hidratación. Para los bebés, es fundamental continuar con la lactancia materna. Una alimentación fraccionada puede ser beneficiosa en estos casos. Asimismo, ofrecer pequeñas porciones de comida o dividir las tomas durante los períodos de mejoría puede resultar útil.

En las primeras 24 a 48 horas de la aparición de fiebre, se observa un aumento en la temperatura. Por lo tanto, el objetivo es controlar la temperatura sin intentar bajarla, lo que significa que no debemos concluir que los antitérmicos no están funcionando. Es importante tener en cuenta que el paracetamol o el ibuprofeno pueden tardar entre 30 y 60 minutos en hacer efecto, especialmente si se administran junto con alimentos.

Se ha señalado que es común que un niño se muestre más decaído y menos activo durante episodios de fiebre. En este contexto, se recomienda permitir que el pequeño siga su propio ritmo de recuperación, animándolo a no permanecer todo el tiempo acostado. Cuando comience a mostrar signos de actividad, es probable que la causa de la fiebre esté cediendo y que esté en camino hacia la recuperación.

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