La interacción entre las ballenas y estos crustáceos trasciende la simple parasitación. Aunque los piojos pueden causar irritación en la piel del cetáceo, también desempeñan una función de limpieza al ayudar a eliminar algas y tejidos muertos de las heridas. Sin embargo, esta relación ha sido calificada como "de amor-odio", dado que la sensibilidad cutánea de las ballenas hace que la presencia de estos parásitos resulte incómoda.
Un comportamiento inusual ha sido recientemente documentado en las ballenas grises frente a la costa de Baja California: se acercan a embarcaciones humanas buscando ayuda para deshacerse de estos parásitos. Capitanes de barcos y pescadores o investigadores dedicados al avistamiento de ballenas han observado este fenómeno y retiran estos crustáceos a solicitud de los cetáceos. El exceso de estos puede influir negativamente en el movimiento y la salud general de las ballenas. Además, otros organismos como los percebes también pueden adherirse a su piel, lo que podría agravar la situación al incrementar el peso que deben soportar y potencialmente causar más daños a su piel.