Entre todas las tradiciones que caracterizan la Navidad en España, pocas son más emblemáticas que tomar las uvas al son de las campanadas en Nochevieja. A pesar de que muchas ciudades ofrecen este evento, hay un lugar que destaca por encima de todos: la Puerta del Sol en Madrid.
De hecho, se cree que la costumbre de comer uvas en fin de año nació en la capital hace más de un siglo. Desde entonces, el reloj de Sol se ha convertido en el símbolo nacional de la Nochevieja, en gran parte gracias a la retransmisión por televisión que cada año siguen millones de españoles.
Debido a la importancia que reviste el evento, el funcionamiento del reloj tiene que ser impecable. Tres expertos relojeros son los que cargan con esa enorme responsabilidad, y llevan ocupándose de ello casi tres décadas, con el objetivo de que millones de ciudadanos disfruten de la llegada del año nuevo con alegría y tranquilidad.
La entidad encargada del mantenimiento es la relojería Losada, y Pedro Ortiz es uno de los tres responsables desde 1997: "El reloj de la Puerta del Sol tiene tres trenes, lo que significa que está formado por tres partes: una para los cuartos de hora, otra para el sistema horario, y la última para las horas enteras".
Ortiz explica que "durante todo el año, uno de los tres relojeros viene a controlar el reloj una vez a la semana como mínimo. Todo depende del programa de mantenimiento y de lo que haya que revisar en la máquina, pero durante el año es una o como mucho dos veces a la semana. En cambio, en diciembre, debido a la cercanía de Nochevieja, venimos casi todos los día".
El relojero señala que "lo primero que se hace es una revisión general de todos los componentes del reloj, para asegurarse que estén funcionando perfectamente. Luego, hay que vigilar los niveles de aceite del reloj, y por supuesto, la precisión. En diciembre, lo que ocurre es que se intensifican más todos estos controles rutinarios, sobre todo la precisión".
De hecho, la exactitud horaria es de vital importancia. Ortiz precisa: "Nos cercioramos de que el reloj vaya sincronizado de manera ininterrumpida con el Observatorio Astronómico Nacional. El fin es que la primera campanada que da paso al nuevo año esté superpuesta a la sexta señal horario, y para eso tiene que estar sincronizada al segundo con el Observatorio".
En cuanto a cambios en los componentes del aparato, el experto aclara que "no se puede introducir ningún arreglo moderno en el reloj, ni se debe hacer, porque supondría manipular la estructura de un mecanismo original del siglo XIX. Lo que sí se puede emplear son las modernas tecnologías de medición, con las que hoy en día alcanzamos una precisión inimaginable hasta hace unos años".
Con toda la exactitud necesaria, cabe imaginarse que en alguna ocasión hayan surgido imprevistos o complicaciones. Sin embargo, Ortiz asegura que "la anécdota más grande es que, por suerte, no hay anécdota. El reloj siempre ha funcionado bien y nunca nos ha surgido ningún problema, gracias al mantenimiento exhaustivo al que se le somete durante todo el año".
"Aun así, es obvio que en cualquier momento puede suceder un imprevisto, de la misma forma que ocurren catástrofes naturales que nadie había previsto. Pero justo para eso está nuestro trabajo: para minimizar en todo lo posible los riesgos de que se retrase o detenga el reloj de la Puerta del Sol", indica el relojero.
Algo destacable del reloj de la Puerta del Sol es que, cuando da la hora y las campanadas, se oye mucho mejor desde fuera que dentro. En el interior se escuchan mucho más los mecanismos funcionando, y eso distorsiona el sonido que, en cambio, se percibe en el exterior a la perfección, gracias a un potente sistema de megafonía.
Otro aspecto que cuidar es la temperatura del ambiente. De hecho, la precisión de un reloj de péndulo depende de manera directa de la longitud del péndulo. Con una temperatura más larga, el péndulo se alarga y, por consecuencia, se atrasa el ritmo. Lo contrario ocurre con una temperatura más fría, donde el péndulo se achica y aumenta la velocidad. Por estas razones, es esencial mantener una temperatura estable dentro de la torre del reloj.
El origen de este artefacto también es muy curioso. Ortiz relata: "El reloj es de manufactura inglesa, ya que se construyó en Londres, pero su creador fue José Rodríguez Losada, un español que se había exiliado en Inglaterra por motivos políticos. Losada fabricó el reloj y decidió regalarlo en 1866 a la villa de Madrid, que lo colocó en la Casa de Correos de la Puerta de Sol y donde permanece desde entonces".
Además, Losada no era un hombre cualquiera, sino uno de los mayores expertos de la época en su profesión. Ortiz cuenta que "fue un hombre muy exitoso. De hecho, tan bueno era que la Corona inglesa le pidió que terminara el reloj de la mismísima Torre de Londres, una vez que falleció el relojero inglés encargado. Esto a pesar de la histórica rivalidad que existía entre España y Gran Bretaña".
No sé sabe con exactitud por qué el relojero donó a Madrid este espectacular reloj. "Lo que sí se sabe es que visitó la ciudad unos años antes, y se percató del mal funcionamiento del reloj que estaba instalado por entonces. Esto, junto a sentimientos patrióticos y de orgullo personal, le motivaron para forjar un reloj de altísima calidad y donarlo a la capital española", considera Ortiz.
"Este regalo fue una bendición para la ciudad de Madrid, ya que el reloj anterior tenía muchos desperfectos y el consistorio no podía permitirse la compra de un reloj de tan alta calidad como el que hizo Losada. Ya por la época costaba una fortuna, pero hoy en día el valor del reloj de la Puerta del Sol es en realidad incalculable", concluye.