Isabel Díaz Ayuso no tiene rival en la Comunidad de Madrid. Podría parecer una frase vacía en boca de algún fanático de la presidenta. Incluso un eslogan propio de campaña electoral. Nada más lejos de la realidad. Se trata de una realidad tangible, probada por los hechos. Y no solo en las urnas, donde la máxima mandataria regional ya cosechó la mayoría absoluta en los comicios de mayo de 2023, sino también en el día a día de la actividad parlamentaria. Prueba de ello, como si de fichas de dominó se tratase, la caída, uno a uno, de sus principales rivales políticos, los ya exlíderes del resto de fuerzas con representación en Vallecas.
De la salida de la icónica "médico y madre", Mónica García, rumbo al Ministerio de Sanidad, a la última dimisión, la de Juan Lobato como secretario general de los socialistas madrileños fruto de la guerra abierta con Ferraz, pasando por el cese de Rocío Monasterio como primer espada regional de Vox. Fuera como fuese, cuando Díaz Ayuso alza la vista en el hemiciclo de Entrevías solo encuentra caras nuevas en los escaños clave de las bancadas rivales, copadas, para más inri, por escándalos de muy diverso pelaje. Vía libre, en definitiva, para la puesta en marcha, sin obstáculo alguno, de la hoja de ruta fijada por el Partido Popular.
El último de los soldados caídos en combate ha sido Juan Lobato. La tensión creciente con La Moncloa, sobre todo a raíz de la -supuesta- falta de apoyo a la gestión de Pedro Sánchez en torno a la causa catalana, incluyendo la Ley de Amnistía y las negociaciones por la financiación "singular", ha terminado por desembocar en un divorcio definitivo. El detonante, el registro, vía notaría, de las conversaciones de WhatsApp sobre la investigación judicial que enfrenta Alberto González Amador entre el propio Lobato y Pilar Sánchez Acera, quien por aquel entonces ejercía como jefa de Gabinete del actual ministro para la Transformación Digital y la Función Pública, Óscar López.
Casualidades del destino -o no tanto- para Juan Lobato. ¿Qué probabilidades había de que un causa abierta contra la pareja de la presidenta terminase por desembocar en la salida del que hasta fecha era una de las puntas de lanza en la oposición a Ayuso? Y aún hay más. ¿Cómo es posible que el ministro cuya mano derecha era la fuente en el intercambio de los mensajes de la discordia sea quien -muy probablemente- vaya a ocupar el trono socialista que hasta la fecha le pertenecía? ¡Las vueltas que da la vida! ¿O es acaso el efecto mariposa?
Para consuelo de Lobato, si es que lo hay en tales circunstancias, la inestabilidad perenne en el mando de la dirección regional socialista, donde los nombres propios son de usar y tirar y apenas duran una temporada. Y es que el PSOE-M ha venido representando históricamente un avispero incapaz de conectar, salvo honrosas excepciones, con el electorado madrileño. En consecuencia, los eternos candidatos en la carrera hacia una Real Casa de Correos que siempre termina teñida de azul han ido sucediéndose, vagando, como si de fantasmas se tratase, en las oscuras sombras de la oposición, donde más frío hace. Luchas fratricidas por el poder y que parecen beber de la propia naturaleza humana.
Lejos de cerrar la herida, la marcha de Lobato tan solo representa el entrante de un Congreso Federal, el número 41 en la centenaria historia del Partido Socialista, con pistoletazo de salida este mismo viernes en Sevilla y que le tendrá, sin duda, como protagonista velado. Ya sea con menciones expresas durante las ponencias o, en un escenario bastante más probable, a través de un ruidoso silencio que, como de costumbre, dirá aún más que las propias palabras.
Superado el cónclave, será el momento para dar forma a las primarias en Madrid. El calendario, salvo giro inesperado de guion, ya estaría fijado. El 7 de diciembre se estable como fecha límite para la presentación de candidaturas. Del 8 al 16 se recogerán los correspondientes avales y entre el 19 de diciembre y el 10 de enero tendrá lugar la campaña. Ya el 11 será la votación en primera vuelta, si sólo se presenta un aspirante, y el 18 de enero en segunda, en el caso de que haya más de un candidato.
La salida de Lobato tiene lugar apenas un mes más tarde del cese de Rocío Monasterio al frente de Vox. Otra sucesión de acontecimientos que derivó en la renuncia, tanto de la portavocía como del acta de diputada. Puesto que a rey muerto, rey puesto, su lugar lo ocuparían, respectivamente, José Antonio Fúster e Isabel Pérez Moñino. Rostros renovados con la firme intención de recuperar la relevancia perdida en la presente legislatura.
Para repasar la salida de Mónica García hacia el Ministerio de Sanidad hay que retroceder algo más en el tiempo, más de un año, hasta el 20 de noviembre de 2023, ya con el "rodillo Popular" en marcha. La llamada del presidente del Gobierno representó entonces una oferta imposible de rechazar pero, como todo en la vida, tenía un precio: renunciar al bastón de mando de la oposición. Una responsabilidad que poco después pasaría a manos de Manuela Bergerot. De portavoz debutante a veterana en apenas unos meses.
Todo ello sin mencionar los incendios activos en las filas progresistas. Fundamentalmente el escándalo de agresiones sexuales de Íñigo Errejón, quien ha optado por poner fin a su trayectoria política por esta razón, y sus ramificaciones a escala regional. Y si no que se lo pregunten a la diputada Loreto Arenillas, aún de baja médica y cuya renuncia, tal y como le había solicitado el partido, aún no se ha hecho oficial.
Por si todos estos nombres no fueran suficiente, la lista de bajas frente a Isabel Díaz Ayuso recoge además viejos conocidos de la política madrileña como Ignacio Aguado, Pablo Iglesias, Edmundo Val, Ángel Gabilondo, Isa Serra o Alejandra Jacinto, entre otros.