Juan Lobato ha presentado este miércoles su dimisión como Secretario General del PSOE de Madrid a través de una carta a la que ha tenido acceso Madridiario. Entre los motivos de la renuncia, apenas 24 horas después de enfrentarse al sector más crítico de Ferraz, su intención de "poner freno" a una "situación de enfrentamiento" y "división grave" que "solo iba a dañar" al propio partido, así como "a los avances en la unidad que habíamos conseguido en estos tres años". Más aún tras haber dejado claro que "mi forma de hacer política no es igual ni quizá en ocasiones compatible con la que una mayoría de la dirigencia actual de mi partido tiene".
"Ninguno somos imprescindibles. Es mucho más importante en todo momento proteger y fomentar la buena política que a quienes la ejercemos circunstancialmente. Sin duda, mi forma de hacer política no es igual ni quizá en ocasiones compatible con la que una mayoría de la dirigencia actual de mi partido tiene. No pasa nada. Lo asumo democráticamente. Pero no puedo renunciar a ser como soy y como he sido siempre", ha destacado en su misiva.
Zanjada la crisis, considera que a partir de ahora "hay que apostar con decisión por la POLÍTICA con mayúsculas". O lo que es igual, que "gente con distintas opiniones pueden sumar y aportar ideas". Su fórmula a futuro, en consecuencia, no es otra que "la que escucha, la que argumenta, la que no insulta o aniquila al propio o al de enfrente, sino que trata de convencerle y buscar puntos en común. No contemplo otra forma de hacer política".
En un claro dardo hacia sus detractores, Lobato ha querido además "dejar claro" que "no creo en la destrucción del adversario" ni en la "aniquilación del que discrepa y del que piensa diferente. Insisto: para mí la política es otra cosa". Por ello, ha añadido a renglón seguido, "recuperar el respeto y la educación en la política ha sido esencial para mí estos tres años. Tener el respeto de los tuyos y también el de quienes piensan diferente".
En la medida en que el Partido Socialista "ha sido siempre una organización abierta" y que "se alimenta del debate entre todos", Lobato apuesta por "tomar las decisiones por mayoría". En definitiva, "argumentar, compartir y no imponer". Solo así, considera, es posible aspirar a "un PSOE en el que no se ataca o se denosta al que no coincide con la opinión de la dirección del partido en cada ámbito territorial".
Este "paso al lado del liderazgo", sin embargo, no supone su abandono a la militancia: "Tenéis mi compromiso de que en cada etapa futura que corresponda asumiré mi responsabilidad como militante para ayudar al partido a continuar trabajando para mejorar la vida de la gente". Aún por resolver si continuará como portavoz del grupo parlamentario en la asamblea, diputado regional y senador por designación autonómica.
"Mi objetivo siempre ha sido construir un proyecto ambicioso y con ilusión para Madrid, y así debe seguir siendo en el futuro. Siempre he dejado claro que la política en la que creo tiene como esencia el diálogo y el debate, el servicio público, la honestidad y el interés general. Creo en la política en la que personas con posiciones diferentes podamos acordar cosas que beneficien a los ciudadanos. Porque el bien común tiene que estar por encima de cualquier posición política", ha añadido.
En el apartado de agradecimientos, el ya exsecretario general de los socialistas madrileños ha puesto de manifiesto el "inmenso apoyo recibido estos días de miles de militantes de toda España". Su etapa política concluye, pese a la tensión evidente con La Moncloa, con un mensaje de "apoyo a la próxima dirección del partido" para que "puedan hacer el mejor trabajo posible en Madrid y en España". Una gestora deberá ahora hacerse cargo de la dirección del PSOE-M. Al menos hasta la elección del nuevo líder.
Es precisamente este perfil conciliador y alejado de las polémicas más amarillistas uno de los principales detonantes de su más que evidente falta de feeling con La Moncloa. Ni hurgar en la herida abierta en Más Madrid tras la salida de Mónica García o el sonado 'Caso Errejón' ni táctica de desgaste hacia la máxima mandataria regional, Isabel Díaz Ayuso.
Juan Lobato ha presentado finalmente su dimisión tras meses de desencuentro y tensión creciente con la dirección nacional del partido. En el origen de la cuestión su ambigüedad en torno a cuestiones tan controvertidas como la Ley de Amnistía o la financiación singular para Cataluña. Tampoco contribuyó a mejorar su relación con Moncloa la alineación a Luis Tudanca en las críticas hacia los supuestos intentos de Ferraz por "desestabilizar" a las filiales regionales más críticas.
La guinda al pastel, el registro, vía notaría, de las conversaciones por WhatsApp con Pilar Sánchez Acera, en torno a la investigación judicial que afronta Alberto González Amador, pareja de la presidenta regional, por un presunto fraude fiscal.
Con su salida se pretende cerrar la herida abierta, aunque sin demasiado éxito, a las puertas del 41 Congreso Federal del Partido Socialista que tendrá lugar en Sevilla este mismo fin de semana. Lobato será, cuanto menos, protagonista velado.
Una vez superada esta cita dará comienzo la cuenta atrás para las primarias del PSOE-M. El calendario previsto contempla el 7 de diciembre como fecha límite para la presentación de candidaturas. Del 8 al 16 se recogerán los necesarios avales y entre el 19 de diciembre y el 10 de enero tendrá lugar la campaña. Ya el 11 de enero será la votación en primera vuelta, si sólo se presenta un único aspirante, y el 18 de enero en segunda, en el caso de que haya más de un candidato.
Descartada la continuidad del proyecto que arrancó en 2021, toca pensar en las alternativas. El favorito en la quinielas, no es otro que el actual ministro de Transformación Digital y Función Pública, Óscar López.