Como si de vasos comunicantes se tratasen, la actualidad política nacional y, por supuesto, los ecos del último Pleno en el Congreso de los Diputados se han vuelto a trasladar este jueves a la Sesión de Control al Gobierno en la Asamblea de Vallecas. Así, las intervenciones de la oposición irían progresivamente elevando el tono a raíz de las últimas noticias conocidas sobre los presuntos intentos de deducción de gastos particulares -dos facturas correspondientes a coches de alquiler- por parte de la pareja de la presidenta, Alberto González Amador, mientras disfrutaba de sus vacaciones estivales de 2021 en Zagreb y Creta. Junto a él, por aquel entonces, ya viajaba Isabel Díaz Ayuso.
Tales acusaciones han sido respondidas con contundencia por la propia Díaz Ayuso. A tal fin, la máxima mandataria regional ponía nuevamente el foco sobre el intento "desmedido" y "estalinista" a cargo del Gobierno central de "desguazar el prestigio" de "un ciudadano particular" con el objetivo último de "ir contra un rival político". Ella, claro. Todo, como cabía esperar, hilado con las acusaciones de corrupción que sobrevuelan al entorno más próximo a Pedro Sánchez. Figuras como Koldo, Ábalos o Escrivá regresaban así a un hemiciclo de Entrevías demasiado acostumbrado al enfrentamiento y donde la polarización, cada semana, es norma.
"Confío en la Justicia. El tiempo pone todo en su sitio"
"Entiendo que esto es un poco difícil de explicar cuando se tiene todo el aparato de un Gobierno contra un ciudadano particular y, por tanto, demostrar, caso por caso, todo lo que está sucediendo a veces resulta complejo. Lo cierto es que, primero, confío en la Justicia, y segundo, el tiempo pone todo en su sitio. Iremos hablando, uno a uno, de cada uno de los motivos que han llevado a este ciudadano particular a tener que defenderse él solo ante el ataque desmedido por parte de un Gobierno que se organiza por distintos departamentos para intentar desguazar su prestigio con tal de ir contra un rival político. Eso es muy estalinista y no es propio de una democracia", arrancaba sin tapujos la jefa del Ejecutivo madrileño.
El discurso no era nuevo. Más bien todo lo contrario. No por ello, en cualquier caso, resulta menos efectivo. Y es que Díaz Ayuso es perfectamente consciente de que las investigaciones abiertas sobre hombres de confianza del "número 1 de la trama" son una gran salida frente a la sombra de la sospecha que sobrevuela a su novio. Bienes, para más inri, de los que, al menos a juicio de la oposición, ella misma se estaría beneficiando: "Hacienda debería, al menos, pedir las inspecciones fiscales de Koldo, de Ábalos. ¿Oye, cómo es que de nadie hay una sola inspección de Hacienda, que el tres de Hacienda sepamos hoy que tiene un entramado de sociedades, cómo es que nadie ha investigado que el señor Escrivá o el exministro astronauta -Pedro Duque- pagarán su casa a través de empresas? Ah, no, que no son el adversario político".
Sin embargo, continuaba la presidenta, en tales casos, a los que se suma la imputación de un fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, que "va a ir palante", parece que "se silencia todo". Por el contrario, argumentaba, el foco mediático se dirige desde La Moncloa, una y otra vez, hacia González Amador. "Vamos a intentar volver con el novio de Ayuso, que tenemos mucho que tapar: lingotes, siete ministerios implicados, tramas millonarias, rescates que se fraguaba en la mesa del presidente del Gobierno. En fin, señorías, que la montaña de corrupción es tan grande que, créanme, un hilo dental -en referencia a otro de los gastos que su pareja intentó, presuntamente, desgravar ante el fisco- no lo va a tapar", lanzaba.
Díaz Ayuso también ha tenido tiempo de justificar el empleo de la sala de autoridades del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, cuya factura corrió a cargo del herario público, durante sus vacaciones particulares. Todo radica, dice, en una cuestión de "seguridad": "La Dirección General de Policía nos pone por seguridad una sala por donde también van los ministros con sus familias y van otras altas autoridades por cuestiones, insisto, de seguridad".
"Nos han traído una mafia siniestra y un Estado policial"
El relato era, acto seguido, ratificado por su primer espada en la Asamblea, Carlos Díaz-Pache. El portavoz del Grupo Parlamentario Popular insistía en la idea lanzada en la tarde de ayer por la presidenta: España convertida en un "Estado policial" por el mismo Pedro Sánchez. Esta teoría le servía además para introducir otro nombre propio en la ecuación, el de una Begoña Gómez en el punto de mira del PP madrileño por su relación con la Universidad Complutense.
"Hay que decirle al uno que ya han apagado la música, que han encendido las luces y hemos visto el antro que dirige con Begoña, con Ábalos y con Koldo, que no es ese lugar ejemplar y virtuoso que nos vendió en la moción de censura. Nos prometieron transparencia y buen gobierno, y nos han traído una mafia siniestra y un Estado policial (…). Esto no es un Gobierno, es una organización criminal dirigida por los Kirchner de Pozuelo, los mismos que nos tienen sometidos, vigilados y coaccionados", aseveraba Díaz-Pache desde su escaño.
Las declaraciones de Isabel Díaz Ayuso venían precedidas de duros ataques por parte de los partidos progresistas con representación en la Cámara, Más Madrid y PSOE-M. Mientras Manuela Bergerot aludía a la presunta actividad delictiva de González Amador, Juan Lobato prefería centrar el tiro de su turno en la negativa de la presidenta a reunirse con Sánchez este viernes en La Moncloa.
"Su impunidad se acaba"
"¿Cómo hay que llamar a una persona que ha admitido por escrito que ha cometido delitos? ¿Delincuente? ¿Estafador? ¿Moroso fiscal? No hay querellas para tapar lo que sabe toda España: que usted vive en un piso pagado con fraude fiscal (…). Su pareja no va a la Puerta del Sol a hacer negocios porque la tiene en casa. La realidad es que el señor González Amador va a ir palante por sus negocios con Quirón. Vamos a saber toda la verdad. Deje de tomarnos el pelo. Su impunidad se acaba", aseguraba la portavoz de Más Madrid.
Lobato, por su parte, "acusaba" a la líder autonómica de rehuir el encuentro con Pedro Sánchez por falta de valor y capacidad: "Hable de Venezuela o del presidente, de cualquier cosa, menos de las listas de espera en Madrid que no paran de crecer. En cualquier empresa privada, esta gestión haría que usted estuviera en la calle y tuviera problemas para encontrar trabajo. La acuso de no querer reunirse Sánchez porque no se atreve. No tiene nada que defender en Moncloa. Nada. Aquí saca el capote, pero cuando sale el toro se va corriendo a esconderse. Muy valiente para unas cosas, pero...".
La primera en intervenir ha sido, no obstante, la nueva cara visible de Vox en Vallecas, Isabel Pérez Moñino. Lejos de polémicas, la portavoz ha preferido dedicar su primera intervención parlamentaria en el cargo a la "situación de la clase media" en una región donde "los ricos son cada vez más ricos y los trabajadores cada vez más precarios". A su juicio, la clase media madrileña se encuentra en peligro de "en extinción" fruto de la acción de Gobierno de la "derechita cómplice". Una clase media, en definitiva, que habría sido "estafada" por aquellos que pactan con "comunistas ricos".