Con la llegada del otoño y el descenso de las temperaturas comienza un magnífico en los montes madrileños: la época de celo de los ciervos, conocida popularmente como la berrea. Este proceso biológico - según ha explicado Susana Vega (coordinadora del Centro de Interpretación de la Naturaleza de Montecarmelo) a este digital - no tiene unas “fechas fijas”, pero “estadísticamente” se puede conocer que se produce al finalizar el verano, con el descenso de las temperaturas y la llegada de las primeras lluvias, que provocan el celo en las hembras, marcando así el “punto de partida” del proceso reproductivo de los cérvidos y los gamos.
Aunque en el refranero español es habitual decir “con la primavera la sangre altera”, en el mundo de los ciervos y los gamos los amores llegan con el inicio del otoño. Época que de forma coloquial se ha conocido como ‘berrea’ y el ‘ronquido’, unos nombres poco románticos, pero que son toda una demostración de las dotes de conquista de los ejemplares machos, los cuales, ponen todo de su parte para destacar entre el resto de sementales y cortejar a las hembras de su especie.
“La berrea (ciervos) y la ronca (gamos) son muy similares. El proceso empieza con el celo de las hembras, que es cuando el macho, que suele vivir de forma separada, empieza a reunir el mayor número de hembras posibles como si formaran sus propios harenes”, confiesa Vega. El objetivo de este proceso es “poder reproducirse con el mayor número posible de la “reunión de hembras” que ha conseguido alcanzar.
Para conseguir ese ‘harén’, los machos emiten unos “bramidos o berridos” que sirven “tanto para llamar la atención de las hembras como para evitar que otros machos se acerquen” y que ese “semental más dominante en ese momento” se reproduzca “con el mayor número de hembras”. Para ello, emiten berridos y sonidos desgarrados que se pueden escuchar a varios kilómetros de distancia.
“Puede ocurrir que haya varios machos que quieran optar al mismo grupo de ejemplares, entonces es cuando se puede producir esas luchas que todos conocemos por las típicas fotos que vemos de ciervos luchando, donde enganchan sus cuernos, pero este no es el primer paso del cortejo”, afirma Vega.
Los machos suelen ir solos y las hembras con sus crías
Una vez finalizado este “proceso curioso” los machos vuelven “a ir por su lado” y las hembras a “su organización habitual” junto a otras ciervas y sus crías, mientras que esperan a la primavera para que nazcan sus nuevos cervatillos.
El ritual de apareamiento de los gamos es bastante similar, también suele darse por estas fechas. Su sonido - conocido como la ronca o el ronquido - es más gutural y menos audible a distancias largas. De cualquier modo, la berrea y la ronca son dos acontecimientos impresionantes que nos brinda la naturaleza, como tan asombroso es que tengan lugar a tan solo unos kilómetros de la capital.
Según ha relatado Vega a este digital, el momento más “proclive” para poder disfrutar de este fenómeno biológico es al atardecer o al anochecer, por lo que es importante conocer las rutas por las que transitar para no despistarse por el monte. Por ello, el Centro de Interpretación de la Naturaleza de Montecarmelo organiza una serie de rutas y sendas para poder conocer en profundidad este espectáculo durante los findes de semana y de forma gratuita.
Una actividad que arranca este domingo y que esperan extender hasta el mes de octubre, para dar cobijo a la lista de espera que ya tienen y a futuras inscripciones. Desde el Centro de Interpretación de la Naturaleza de Montecarmelo recuerdan que pueden conseguir información a través de su teléfono (917 35 96 34) y su correo electrónico (cinmontecarmelo@yahoo.com), donde también podrán acceder a las solicitudes de inscripción.
El objetivo del Centro de Interpretación de la Naturaleza de Montecarmelo es “dar los conocimientos necesarios” para aproximarse a la berrea de los ciervos y a la ronca de los gamos y - por qué no - facilitar las herramientas necesarias para que los participantes se atrevan a recorrer ese mismo lugar para disfrutar de la experiencia.
Para ello realizan rutas por el acceso público del monte El Pardo. Vega, coordinadora del centro, asegura que en varias ocasiones han podido observar algún ejemplar, pero que no siempre se tiene esa suerte, ya que “no es un zoo” pero no por ello deja de ser una experiencia única.
Los monitores se apoyan en láminas didácticas y sonidos grabados sobre el terreno y dividen a sus participantes en dos grupos (familias con menores a partir de seis años y adultos y menores a partir de 13 años). “Tenemos diferentes materiales para transmitir los conocimientos. Con los más pequeños utilizamos juegos para que puedan llegar a entender este fenómeno y les pueda ir picando el gusanillo del disfrute de la naturaleza”, dice Vega.
Para Vega, es importante que las personas que acudan a ver este “proceso biológico impresionante” lo haga “de manera respetuosa”, ya que de este fenómeno depende la reproducción de la especie: “Es crucial que no se haga mucho ruido y que las luces que utilizamos para ir por las rutas no sean muy potentes para no asustarlos. Son animales que viven de forma silvestre y debemos de ser respetuosos con ellos”.
Otra de las recomendaciones, además de ver la meteorología el día de la ruta, es “no salirse de los caminos para no perderse, no dejar nada de basura y no arrancar nada”.
El Centro de Interpretación de la Naturaleza de Montecarmelo ofrece una ruta para acercarse a este fenómeno. Sin embargo, existen varias opciones para no perderse detalle, dentro del monte de El Pardo. Aquí te detallamos algunas: