El debate en torno a lo prioritario –o no– de completar la M-50 en su tramo norte, uniendo dos de las vías más transitadas de la región, la A-1 y la A-6, bebe de lustros atrás. Muchos han sido los tiras y aflojas en estos años, mediados, en buena parte, por las muy diversas situaciones económicas que ha atravesado el país y, por ende, la Comunidad de Madrid. Y es que el proyecto inicial, ideado en tiempos de Esperanza Aguirre, presentaba costes por encima de los 2.000 millones de euros. Una inversión cuanto menos difícil de acometer tras el estallido de la crisis. La estabilidad actual, sin embargo, abre de nuevo la puerta a una posibilidad que, sin desecharse del todo, permanece aún en lo más profundo del cajón del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible.
Economía al margen, los posicionamientos –en ocasiones antagónicos– de los partidos que se han ido alternando el bastón de mando en La Moncloa, PP y PSOE, sirven también para explicar el perenne bloqueo. Los primeros, firmemente convencidos de la necesidad de ejecutar esta actuación, aunque sin llegar a avanzar nunca en el ansiado pistoletazo de salida. Los segundos, partidarios de buscar una alternativa menos ambiciosa. Sobre la mesa de Ferraz, de hecho, la posibilidad de transformar la M-45 en un semicírculo que una las poblaciones de Alcorcón y Cantoblanco, favoreciendo así la circulación en la zona.
Las discusiones a escala local reflejan a la perfección la ausencia de entendimiento entre ambas fuerzas. Para muestra, la cumbre mantenida por los alcaldes de los nueve municipios afectados –Colmenar Viejo, Alcobendas, San Sebastián de los Reyes, Majadahonda, Collado Villalba, Las Rozas de Madrid, Soto del Real, Manzanares El Real y Guadalix de la Sierra– el pasado mes de febrero y que culminó sin acuerdo. Por ende, sin escrito conjunto. También las misivas remitidas por el primer edil de Tres Cantos, Jesús Moreno, y el consejero del ramo en la Comunidad, Jorge Rodrigo, rumbo al despacho de Óscar Puente en la que se solicitaba estudiar de nuevo la posibilidad de acometer esta actuación. La respuesta, en ambos casos, un sonoro 'no' alegando "la complejidad técnica que tendría desarrollar un trazado con todos los condicionantes orográficos existentes en el entorno".
Más allá del color de las ejecutivas competentes en la materia, actores del ámbito civil se suman ahora al embrollo. Por un lado, vecinos hartos de los atascos que se producen a diario en la M-607 y que, organizados en la 'Plataforma Ciudadana por la Finalización Norte de la M-50' ven en la ampliación de esta vía una solución inmediata a sus problemas de movilidad. Por otro, Ecologistas en Acción quienes consideran tal estrategia un error fruto del “efecto llamada” que traería consigo. Provocaría, dicen, más tráfico y, por ende, más contaminación. A ello habría que sumar el impacto ambiental sobre el monte de El Pardo, además de los “sobrecostes” que este tipo de obras suelen acarrear. Condicionantes, en cualquier caso, tildados de “disparatados”.
"Echan balones de un lado a otro y seguimos sin solución"
“Nuestro objetivo es poner de actualidad la falta de inversión en el norte de la región desde tiempos inmemoriales”, arranca el portavoz de la 'Plataforma Ciudadana por la Finalización Norte de la M-50', Óscar G., en conversaciones con Madridiario. “El proyecto inicial data de 2008. Sin embargo, llega la crisis y se para por completo. Ahora parece que ya no interesa retomarlo. Dicen que hay que reiniciarlo, pero es la excusa de siempre. Se echan balones de un lado a otro y no vemos el fin. Mientras tanto, nuestra población sigue creciendo. Solo este verano hemos registrado cientos de accidentes, atascos diarios, contaminación... Queremos una solución y que no sea cuestión de partidos políticos, pero parece el cuento de nunca acabar”, continúa.
En su hoja de ruta de la joven asociación el mes de septiembre apunta a ser clave, manteniendo reuniones con los ayuntamientos partidarios de la ampliación para dar comienzo a actuaciones conjuntas. Un ciclo de movilizaciones, en resumidas cuentas, que concluirá con la habitual recogida de firmas para calibrar el apoyo popular a la iniciativa.
Desde Ecologistas en Acción, por su parte, trasladan una perspectiva muy distinta a la expuesta por la vecindad. Lejos de poner punto final a las retenciones en la M-607, defienden, el cierre de la M-50 en su tramo norte contribuiría a acrecentar la problemática: “Madrid tiene una densidad de carreteras similar a la de ciudades como Singapur o Los Ángeles, muy por encima de ninguna capital europea. Esta sobredotación es una burrada. No solo no faltan vías, sino que sobran. Siempre se plantea construir más kilómetros para solucionar el tema de los atascos pero esto realmente no hace más que despertar el tráfico dormido y poner más coches en circulación. Es una llamada a que más gente coja el coche para sus desplazamientos diarios. Para ir al trabajo, a estudiar... Es una locura. Está probado que no funciona. Lo vemos desde que gobernaba Alberto Ruiz Gallardón”.
Para más inri, añaden, el impacto ambiental va más allá de la contaminación atmosférica, con implicaciones directas sobre el monte de El Pardo y sus acuíferos como consecuencia de las salidas de ventilación y emergencia en los túneles propuestos. “Construir túneles suele traer aparejado problemas de drenaje. Ya lo hemos visto en la variante de Pajares para el AVE a Asturias o en el sistema penibético, donde pueblos enteros se han quedado sin acceso al agua. Son cuestiones de carácter geotécnico que muchas veces se olvidan”, apostillan. Por el contrario, la solución que plantean los ecologistas pasa por la mejora de los servicios de transporte público que dan servicio a estos municipios.