Con los libros forrados, los estuches preparados en su caso y los uniformes listos para el comienzo del curso escolar, las familias de la región preparan la vuelta al cole con la mochila cargada de retos entre los que se cuela, cada vez más, la conocida fobia escolar, un malestar que, según los psicólogos, se describe como la incapacidad parcial o total de un niño para asistir al colegio debido a un miedo irracional relacionado con algún aspecto de la vida escolar. Familias y expertos demandan mayor conocimiento por parte de profesores y equipos directivos, así como la incorporación de la figura de un psicólogo en los centros educativos.
A pocas semanas de los típicos nervios por el primer día en las aulas, en muchas casas hay que sumar otra realidad: la de aquellos jóvenes que ven cada mañana al despertar un gran desafío que invade todo y hace imposible acudir a las clases. Un problema que se convierte en difícil tarea para las familias y profesionales a la hora de distinguir entre un miedo normal y una complicación más seria. Expertos, instituciones, padres y madres trabajan para tratar de remediar esta creciente situación en la Comunidad de Madrid.
Desde la Consejería de Sanidad del Gobierno regional, señalan a Madridiario, que esta situación no está reconocida como una categoría diagnóstica en los manuales de clasificación actuales (DSM V, CIE-11), por lo que se podría englobar como un trastorno específico que podría pertenecer a la categoría de fobias específicas, aunque aún no haya sido formalmente categorizado en un diagnóstico establecido, por lo que se manifiesta en los niños y jóvenes como una manifestación sintomática de un trastorno de ansiedad social o fobia social, que en el contexto de la población infantil y adolescente se refleja en el entorno de socialización principal de este grupo, que es la escuela. También se podría interpretar como la expresión clínica de algún otro trastorno psiquiátrico subyacente, como una depresión, TEA, entre otros, así como una manifestación fenomenológica de una situación de exclusión social, bullying o la existencia de una barrera idiomática.
Alertan de mas casos de ansiedad tras la pandemia
Patricia Morandini, psicóloga especializada en psicoterapia y psicoanálisis con niños, adolescentes y familias, apunta a la existencia de “reticencias” en los centros educativos para encarar estas situaciones: “Puede tardar y dar soluciones tardías y muy pocas definidas. Pero para el alumno en cuestión no hay nunca una reparación”. Morandini señala la presencia de los orientadores en los centros educativos de gran tamaño y la sobrecarga de trabajo en muchas ocasiones: “Hay casos en los que solo cuentan con un orientador para 1.300 alumnos”, sentencia. La psicóloga explica que estas situaciones dejan en los jóvenes “una huella muy profunda” en su futuro desarrollo académico y vital. Morandini subraya que esos casos de sobrecarga de los profesionales de los centros se agravan por la imposibilidad de poder participar desde servicios psicológicos externos, “la inspección debe dejar los papeles y hacer más trabajo de campo en los centros”.
La presencia y participación de psicólogos en los centros educativos en ocasiones se solventa con el trabajo de los orientadores, pero como apunta Mari Carmen Morillas, presidenta de la Federación de la Comunidad de Madrid de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (FAPA Francisco Giner de los Ríos), estos profesionales, en ocasiones, no tienen que estar en posisión el título de psicología, ya que en la región pueden acceder también los titulados en los grados de pedagogía y educación social. Para Morillas hay que diferenciar el contexto asociado a esta situación que se da en los más pequeños, más cercana a un sentimiento de desapego y la que pueden sufrir los adolescentes, donde apunta el “aumento exponencial” de problemas de ansiedad tras la pandemia de la Covid.
La presidenta de la FAPA insiste en una petición que han trasladado ya al Ejecutivo de la región: la figura del psicólogo educativo, que han plasmado en un manifiesto con medidas para mejorar el Bienestar de la Comunidad Educativa, firmado junto a otras entidades, entre ellas el Consejo General de la Psicología de España: “Es importante tener una figura preventiva”, justifica Morillas, al tiempo que insiste en dar este debate junto con las administraciones, con el ejemplo del sucidio en jóvenes, “antes no se hablaba del tema por no crear efecto llamada, ahora se debate y se refuerzan las herramientas, incluso se celebraron unas jornadas en el Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid”. Insiste en referenciar también los debates sobre la fobia escolar: “Hay situaciones complejas, puede no ser un simple pataleo”, señala a este medio.
Abel Dominguez, psicólogo infanto-juvenil y Director de Domínguez Psicólogos, señala que se deben “normalizar los llanos en las puertas de los colegios” en los primeros días de curso, por lo que insiste en que hay que “respetar los procesos de adaptación” de los menores, sin dejar de vigilar si este comportamiento perdura en el tiempo: “Los padres van a ver que algo no está bien si el menor sigue angustiado cuando llega el domingo y comienza a preparar un lunes escolar”, donde, tal y como señala Domingúez, se observen somatizaciones como dolores de tripa o insomnio. Si semanas después de esos primeros momentos de angustia cuando las puertas del centro se cierran y al otro lado quedan los padres no terminan, el psicólogo determina que se estaría hablando de la aparición de la ansiedad por separación, donde incluso “llegan a terminar la jornada escolar con la misma angustia con la que la comenzaron”, apunta a Madridiario.
Recomienda técnicas de relajación en los menores
En ese punto, Abel Domiguez insiste en la importancia de poner en conocimiento de psicólogos, así como de los profesores del centro, la situación del menor. Para determinar que estamos ante un caso de fobia escolar, el profesional apunta a que se puede observar en el menor que “anticipa y evita de todas las maneras posibles pisar el centro escolar”, con la aparición de crisis nerviosas, llanto, ansiedad, así como episodios de presión en el pecho o nudo en la garganta. Advierte además de casos donde esta fobia escolar ha terminado por generar una aversión social más amplia. Para solventar esta encrucijada en la que se pueden encontrar muchas familias, Domíguez señala que es importante “conseguir que los padres y las madres trabajen de manera conjunta con los tutores y la guía de un psicólogo para tratar esta fobia escolar”. Una recomendación que iría acompañada de “técnicas de relajación adecuadas”, así como una “exposición programada” a los entornos escolares que originaban esa fobia al centro educativo.