Opinión

Los golpes en la frente

Lidia López García | Domingo 11 de agosto de 2024

Tenemos la tendencia, cuando llevamos ya unos años entre las paredes del mismo hospital y del mismo servicio, de realizar frecuentemente esto y lo otro sin pensar mucho más allá. Diferentes pacientes, pero mismas patologías y mismos procedimientos que uno maneja, arrodillándose ante las guías de práctica clínica.

En verano pasa, que, por el cierre de camas, entre tus pacientes que manejarías ‘’con los ojos cerrados’’, llegan otros de otros servicios que nos hacen salir de nuestra zona de confort, en la que no nos sirve aplicar nada de la especialidad que tanto dominamos y nos quedamos solamente nosotros, con algún golpe en la frente.

Te das cuenta de que va a venir uno, cuando tu compañero, tarda un poquito más en contarte al paciente entreteniéndose en detalles que quizás no son tan importantes a nivel clínico, pero sí para él. Te cuenta el diagnóstico, miras la edad y es inevitable pensar que perfectamente podrías ser tú.

Y llega, cuando entras a su habitación y ahí está luchando contra la resistencia de sus pulmones a la entrada de aire y contra el pensamiento que tiene desde hace unos días porque tampoco quiere que siga entrando. Y tú, que eres su enfermera, te ves cambiándole el dispositivo y subiendo el caudalímetro del oxígeno al máximo hasta que la saturación sube, y la disnea cede. Y por un momento, has ganado la batalla a los síntomas y todo el mundo parece quedarse más tranquilo, menos ella que ya sabe que es solamente por un rato, y tú que te autorrealizas la pregunta de quién repartirá los días y los años. Porque ha debido de confundirse, seguro.Pienso en el eterno debate de si nuestras vidas están determinadas y obedecen a leyes inmutables o si por el contrario, son indeterminadas, inciertas e incognoscibles. Y sin querer saber la respuesta, creo que debemos de hacer lo imposible por cambiar los finales, aunque a veces no cambien y sospechemos que no estaba en nuestras manos. Citando a los clásicos: es posible que unas veces Dios no juegue a los dados, y que a veces si lo haga y los tire donde no podemos verlos.

Y que creo que, tenemos suerte de recibir de vez en cuando algún golpe en la frente, tan fuera de guía. Por cierto, digo en la frente porque no los ves venir. Y remueven, pero también hace que al menos durante unos días apreciemos más la brisa, más los atardeceres, más a esas personas que han traído y traerán siempre el sol. Y doy las gracias, en voz alta, o regalando ese primer pensamiento que tenemos nada más levantarnos. Tengo la firme convicción de que, de alguna manera esas gracias, llegan. Y de que, sin lugar a duda, habrá más golpes en la frente que nos hagan recordar lo importante.