Las gafas son un instrumento que ha servido para que millones de personas puedan seguir haciendo vida normal pese a sus problemas de visión.
La ciencia óptica ha avanzado mucho y hoy en día es posible hacer frente a problemas como el astigmatismo con el uso de unas lentes personalizadas que corrigen la pérdida de visión.
Pero este no es el único recurso que tienen los pacientes con problemas de visión: la cirugía se ha convertido en una opción más que interesante para aquellas personas que buscan abandonar el uso de las gafas o las lentillas.
Esta intervención se realiza aproximadamente desde el año 2009 y, desde entonces, una media de 150 000 personas mejoran su calidad de vida en nuestro país cada año.
El astigmatismo afecta a un altísimo número de personas. Se trata de un defecto de visión que impide al ojo enfocar correctamente.
Surge cuando se registra un problema de refracción que hace que el órgano presente diferentes puntos de enfoque para los rayos de luz verticales y horizontales. Está motivado por una falta de simetría en la córnea que se desarrolla por genética, aunque ese no es el único origen de la situación: traumatismos, intervenciones médicas y úlceras pueden derivar en un diagnóstico de astigmatismo.
Esta situación puede afectar a los pacientes de muy diversas maneras. Estos son algunos de los escenarios más comunes:
Hay dos soluciones principales para corregir el astigmatismo y que el uso de la vista no suponga un problema para el paciente: las gafas o lentillas y las cirugías correctoras.
Las gafas o lentillas son útiles porque permiten corregir el problema de astigmatismo de una manera inmediata y accesible. Además, es posible combinar diferentes graduaciones para dar respuesta a otros problemas como la miopía y la hipermetropía.
El principal problema, en cuanto al astigmatismo, es que la medición de las dioptrías es algo más complejo, por lo que muchos pacientes no terminan de corregir por completo su visión. Y, además, es necesario llevarlas puestas todo el tiempo para vivir con normalidad.
Cada vez más personas recurren a la cirugía correctora para mejorar de una manera más eficiente sus problemas de visión.
La cirugía refractiva tiene el beneficio de que cada intervención se personaliza para la realidad de cada paciente tras un estudio de la anatomía de su ojo. Tras ello, con técnicas como el láser, pequeñas incisiones o la colocación de lentes intraoculares se puede mejorar notablemente tras un breve proceso de recuperación y adaptación al nuevo contexto visual.
La efectividad de la cirugía, que depende principalmente de un buen diagnóstico y estudio inicial, hace que cada año crezca el número de pacientes que quieren reducir sus problemas de visión de la manera más cómoda.