Social

Inclusión y cooperación vecinal en torno al fútbol: “Mi sueño es que el ADC Malasaña no sea noticia”

Jugadores del ADC Malasaña. (Foto: ADC Malasaña).
Hugo García Reina | Domingo 07 de julio de 2024

La Asociación Deportiva Cultural Malasaña es un equipo de barrio. Un club de fútbol que mantiene la vieja buena costumbre de los vínculos comunitarios, la colaboración vecinal y las relaciones con los comercios de alrededor. Por eso, para celebrar el evento de fin de temporada no pudo sino reunir a los jugadores y familiares en el pub homónimo y de confianza, el Club Malasaña. Era este un escenario al que, seguramente, no estaban acostumbrados los más pequeños, que revoloteaban por todo el salón mientras apuraban sus refrescos. Los mayores, más acostumbrados a las luces vibrantes, la música y las barras de discoteca, esperaban pacientes a que comenzara el acto. A pesar del lugar escogido, no era el momento de desgastar la pista de baile. Sólo la pisó un niño de unos diez años para imitar el mítico Siuuu de Cristiano Ronaldo, con salto incluido.

El ADC Malasaña nació en 2009 como respuesta a la demanda de los chicos y chicas del barrio. Como casi cualquier niño, querían jugar al fútbol y Edward Tomaneng, hoy presidente del club, se puso de acuerdo con otros padres para formar un equipo que jugara la liga municipal de fútbol sala. Con el paso del tiempo, el proyecto fue creciendo y se consiguió formar equipos más amplios, con diferentes entrenadores y una infraestructura más seria. 15 años después, el ADC Malasaña cuenta con diez equipos federados (uno de ellos, femenino), desde Alevín hasta Senior.

Acto de fin de temporada en el Club Malasaña (Foto: ADC Malasaña)

Habiendo ya repasado los logros y resultados de la temporada, el presidente toma el micrófono para felicitar el desempeño de todos los jugadores: “Muchas gracias por la temporada. Me alegro de que casi todos hayáis renovado la inscripción, y los que no lo hayáis hecho – dice entre risas – daos prisa no sea que os quedéis sin plazas”. El efecto de las bebidas azucaradas ya se notaba en los alevines, que empezaban a dar síntomas de impaciencia porque terminara el acto. Para calmarlos, Edward les promete perritos calientes ilimitados y, por supuesto, consigue el efecto contrario al deseado. Estalla el júbilo en la sala.

La vocación social del club

La demografía de los barrios de Chamberí y Malasaña es muy diversa, formada por familias con todo tipo de economías y necesidades. Edward no quería que ningún chico del barrio se quedará sin poder disfrutar de su pasión, así que desde el primer momento hizo todo lo posible, con ayuda de otros padres, para echar una mano a aquellos que tenían alguna dificultad para formar parte del equipo. Pero el compromiso social que caracteriza al equipo desde el mismo momento de su nacimiento no quita que el Malasaña sea un club “normal”, con sus fichas, sus gastos y sus cuotas, y la voluntad de acogida superaba las posibilidades.

"No todas las familias pueden permitirse pagar la cuota"

José Ignacio Arrufat llegó al club como padre y, al ver que se necesitaba gente, se ofreció como entrenador. Cuenta Arrufat que fue a partir de ahí cuando se dio cuenta de la realidad social del barrio: “Por diferentes circunstancias, no todas las familias pueden permitirse pagar la cuota, sobre todo cuando en algunos casos son varios los hijos que quieren formar parte del equipo”. Por este motivo, José Ignacio, que hoy es vicepresidente y coordinador del club, ideó junto al resto de miembros el proyecto social ‘Que nadie se quede sin jugar’ para visibilizar los problemas del barrio y no dejar a ningún vecino atrás, y se enfocó sobre todo en los menores tutelados (sólo en el distrito de Chamberí hay varias residencias): “Conocí a un chico que me trajo a unos cuantos más y, según fue pasando el tiempo, me di cuenta de que era muy beneficioso para ellos”.

Para aumentar las posibilidades de acogida del club, el coordinador se preguntó cómo conseguir dinero, y emprendió un recorrido de recoleta que comenzó por los propios padres del club. Una iniciativa que acabó con la puesta en marcha de una campaña de socios, pasando por la colaboración de algunas empresas y comercios de alrededor en forma de sponsors. “Este apoyo mutuo es muy beneficioso porque al final es una manera de hacer barrio”, comenta José. Una afirmación que suena aún más potente en los tiempos del fútbol de petrodólares y la estandarización de las grandes ciudades. Una de las empresas colaboradoras es la Fundación Alentia, que ofrece acompañamiento psicológico y emocional a los chicos, y refuerza la vocación inclusiva del club.

Cecilia es la madre de Arturo, portero del Infantil, y sirve como ejemplo para explicar la filosofía del Malasaña. Arturo y sus hermanos han pasado por varios colegios públicos de la zona, por lo que siempre han estado cerca de menores tutelados (los “niños de la residencia”, como se les llama). Según dice la propia Cecilia, esta es una de las razones por las que este tema siempre había rondado sus cabezas: “Estos chavales, ¿dónde están? No se les ve en los parques, nunca van a cumpleaños… Algo se estaba haciendo mal, porque son vecinos del barrio y no están en las actividades”.

Jugadores del ADC Malasaña (Foto: ADC Malasaña)

Cuando Arturo se unió al Malasaña, Cecilia se dio cuenta de la labor de José, (“que ha estado luchando varios años, eh, no ha sido nada fácil conseguir sacar a los chicos para ir a los entrenamientos y partidos”, apunta) y gracias a ello, entraron en contacto con la Asociación Estatal de Acogimiento Familiar (ASEAF): “Nos enteramos de un proyecto que se llama ‘Mucha Familia’ y durante el anterior curso acogimos a un chico de la residencia en nuestra casa”. En este punto, la conversación regresa al contexto de colaboración en la que se mueve el club, y Cecilia sostiene que “no hay vecino que no necesite ayuda, sólo hace falta estar con el oído puesto y la mirada atenta, y saber que entre todos podemos hacer mucho”.

Escasez de campos

El crecimiento del ADC Malasaña en los últimos años ha sido muy grande y cada vez hay más chavales que quieren formar parte del equipo. Sin embargo, igual que ocurría antes por razones económicas, el club tiene dificultades para acoger a nuevos integrantes por falta de espacio. Sólo disponen de un campo de fútbol que, además, comparten con otros dos equipos. “Con los chicos y chicas que quieren entrar el año que viene podríamos hacer dos o tres equipos más, pero no tenemos campos”, explica José.

"En política todo va muy lento"

El coordinador añade que recibieron una subvención del Ayuntamiento pero que no la pudieron aplicar por cuestiones administrativas, y puntualiza que los grupos políticos muestran buena disposición y que “el concejal del distrito Centro, Carlos Segura, se reunió con nosotros y estaba muy interesado en que el club creciera”, pero tal y como explican desde la propia concejalía, ni hay campos en el centro, ni hay posibilidad de construirlos. El Malasaña también se puso en contacto con Más Madrid, PSOE y Vox, y se llegó a plantear en el Pleno una propuesta para ayudar al club con la que todos estuvieron de acuerdo. “Pero en política todo va muy lento”, concluye Arrufat.

Durante el pasado curso, el equipo Alevín ya jugaba sus partidos de local en los campos de fútbol del Polideportivo Ernesto Cotorruelo (cerca de Plaza Elíptica), puesto que no tenía posibilidad de hacerlo en el que usa el club en Chamberí. A partir de la temporada que viene, es posible que el Sénior o uno de los Juveniles también tenga que desplazarse hasta allí incluso para entrenar. “Esto es mejor que nada, pero es un indicativo de que no tenemos campos en nuestra zona. Nos obliga a desplazarnos unos 40 o 50 minutos en transporte público”.

El problema, añade Cecilia, no es sólo que no haya campos de fútbol disponibles: “Chamberí y Malasaña son barrios que tienen muy pocas zonas verdes, por no decir casi ninguna. Estamos siempre luchando porque nuestros hijos puedan hacer algo más que tirarse a una acera. Necesitan espacios de ocio gratuito y espacios naturales. Es decir, espacios de ocio saludable”.

José Arrufat explica que, a día de hoy, uno de los principales objetivos del club es la difusión. “Este año, todo lo que nos sobre, lo dedicaremos a equipamiento, a un viaje con los chicos o, por ejemplo, a hacer un torneo al que puedan venir otros equipos, prensa, marcas y demás”. La idea del coordinador es que el Malasaña no sea el único club que funciona así: “Estoy creando la asociación 'Todos Juegan' para poder ayudar a otros clubes y asesorarlos para que tengan la máxima capacidad de ayudar. Mi sueño es que no seamos noticia”.