Cultura y ocio en Madrid: planes y agenda

Madrid protege una “obra de orfebrería” de la arquitectura de Alonso de Santos

Imagen del interior del local ubicado en la calle Jorge Juan 55. (Foto: The Sibarits).
Marta Gómez | Domingo 09 de junio de 2024

En la zona de Recoletos, a escasos metros del parque de El Retiro, existe una obra maestra de la arquitectura brutalista de Madrid, toda una joya obra del arquitecto Francisco Alonso de Santos que ha permanecido oculta durante más de 35 años y que muy pocos madrileños conocen.

La mezcla de mármoles llegados de diferentes partes del mundo como el mármol negro de Calatorao, el travertino rojo de Almería o el ónix verde de Irán, unidos a la madera de iroko y algunas maderas tropicales, hacen que este espacio sea un lugar único que fue concebido para albergar una lujosa zapatería, pero que nunca abrió sus puertas.

El edificio fue un encargo del empresario de calzado Manuel Losada a mediados de los años 80, que buscaba resaltar la belleza de sus refinados y elegantes modelos de zapatos en un marco especial que posicionará su tienda entre las referentes del mundo. Bajo esta premisa, Alonso de Santos ideó un diseño que mezclaba traducción y vanguardia que consiguiera transformar ese espacio sin alma de la calle Jorge Juan en el buque insignia de la empresa de zapatos.

La arquitectura tiene un papel crucial en los comercios, sobre todo, en aquellos que son exclusivos, ya que no solo define la estética del espacio decorándolo con los colores o la insignia de la marca, sino que también influye en la funcionalidad y la experiencia del cliente y, por ende, en el éxito del propio negocio. Con la obra de Alonso de Santos ya acabada, todo estaba preparado para que el local de la calle Jorge Juan 55 de Madrid se convirtiera en la lujosa zapatería de Losada, sin embargo, por razones que se desconocen, el comercio nunca llegó a abrir sus puertas y quedó en el olvido, aunque no para todos.

Imagen del exterior de la zapatería.

El espacio se convirtió en una leyenda entre los profesionales de la arquitectura, que admiraban la obra de Alonso de Santos, mientras sus gigantescos portones de madera permanecían impenetrables durante más de treinta años. El mito de la zapatería del distrito de Salamanca se propagó - en parte - gracias al propio arquitecto, que también era profesor en una escuela de arquitectura y, por lo tanto, facilitó el conocimiento de esta construcción, a pesar de que la actividad nunca llegará a ponerse en marcha.

A finales de 2016, la Escuela de Arquitectura de Toledo llegó a un acuerdo con el propietario de la edificación para realizar una serie de actividades y exposiciones. Eventos con los que la obra de Alonso de Santos podría acercarse al público. Sin embargo, este acuerdo se rompió con la venta del local a la inmobiliaria de lujo Coldwell Banker Unique el pasado mes de agosto. Debido a esta venta, rápidamente, saltaron las alarmas entre los profesionales del mundo de la arquitectura al considerar que los propietarios tenían en mente su posible derribo y, por lo tanto, remodelación total del local, echando por tierra el trabajo del arquitecto madrileño.

Fue entonces cuando comenzó una carrera de fondo para conseguir la protección patrimonial del local con la intención de que la obra de Alonso de Santos permaneciera. “Ante las alarmantes noticias sobre las obras que se están realizando en el local de la calle Jorge Juan 55, obra del arquitecto madrileño Francisco Alonso de Santos, con fotografías que muestran el desmantelamiento de piezas de la arquitectura local, la Junta de Gobierno del COAM quiere expresar su gran preocupación”, señalaba el Colegio de Arquitectos de Madrid en un comunicado donde pedía “la mayor celeridad posible” en el expediente de protección del local, por “tratarse de una obra de excepcional valor arquitectónico”.

Blindaje de la zapatería

A finales de mayo, la Comisión de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad aprobaba de manera definitiva el plan especial que permite proteger y conservar este local comercial del distrito de Salamanca. “Forma parte de un edificio de principios del siglo XX, ejemplo de la arquitectura residencial de ese momento, y cuyo local en planta baja, tanto exterior como interiormente, se ha convertido en un icono representativo del estilo brutalista en la ciudad”, apuntan desde el Ayuntamiento de Madrid.

Imagen del interior del local.

Un blindaje que se impulsó gracias a las “solicitudes procedentes de instituciones públicas, colegios de arquitectura y arquitectos” particulares. El objetivo del Plan Especial es ampliar los elementos actualmente protegidos para asegurar la conservación integral del local, mediante la regulación de las obras que pueden acometerse tanto en su interior como en el exterior. Además, el plan también establecen los usos compatibles y las medidas de protección adecuadas.

Este expediente dotará al local, de 199 metros cuadrados, de la regulación normativa que permitirá su protección y puesta en valor y, al mismo tiempo, hace viable su funcionamiento como establecimiento comercial, tras haber permanecido cerrado más de 35 años.

Esta declaración de conservación y protección de la construcción del arquitecto madrileño es un “hito importante”, en palabras de Ramón Andrada, vocal de la Junta del Gobierno del COAM, al estar el autor vivo. “Esta protección se ha conseguido por la calidad arquitectónica del local, además es un hito relevante que el arquitecto vivo, ya que, normalmente, estos expedientes se suelen autorizar cuando el arquitecto ya ha fallecido”, confirma.

El plan busca “especificar y concretar las actuaciones que se deberían poder hacer para no desvirtuar aquello que se tiene que catálogos y proteger”, asimismo, otro de los factores que se pone sobre la mesa es “si cualquier uso es adaptable para culturizar el edificio sin desvirtuar su catalogación”. Es decir, que el “local sea adecuado para el uso que los nuevos propietarios quieran darlo” porque, para Andrada, “no todo vale para todo”. “La protección de patrimonio debe velar por encima de un uso determinado”, dice.

“Este local tiene una formalización arquitectónica y empleo de materiales y una manera de construirse que lo hace muy especial y significativo, casi como una pieza de orfebrería desde ese punto de vista tiene un gran valor arquitectónico”, manifiesta el vocal de la Junta de Gobierno del COAM.

Una construcción que es “muy especial” porque “no existe ninguna similar” en la Comunidad de Madrid, según apuntan desde el Colegio de Arquitectos de Madrid y por la escasa obra realizada por el arquitecto Alonso de Santos: “Tiene poca obra construida, pero es muy intensa desde el punto de vista arquitectónico”.

Alegaciones en el plan de protección

Durante el proceso de alegaciones del plan de protección del local, se ha presentado una alegación que ha sido considerada por Comisión de Patrimonio. En ese escrito, el alegante señalaba que las obras contempladas en los planos de Francisco Alonso de Santos no se ejecutaron íntegramente y defendía que el objeto de protección, por tanto, debe corresponder con el estado actual y no incluir algunas actuaciones que finalmente no fueron realizadas.

De esta manera, la nueva protección integral otorgada tiene como objeto la parte de la reforma de Alonso de Santos que se llevó a efecto. También afecta a sus características espaciales, volumétricas y decorativas actuales, tanto interiores como exteriores, incluyendo sus acabados, materiales y detalles como los revestimientos y aplacados, pavimentos, falsos techos, mobiliario, carpinterías y cerrajerías.

La fachada, las escaleras y el patio interior deberán ser restaurados de forma obligatoria. Las tres mesas circulares de madera existentes se consideran parte consustancial del local, por lo que para la implantación de cualquier nuevo uso se deberá estudiar su integración en el desarrollo de la actividad. La mesa ubicada sobre la escalera deberá permanecer en su ubicación original.

Dentro del régimen de obras permitido en el plan especial, se establecen las actuaciones concretas que se pueden acometer sobre los elementos protegidos. En lo que afecta a las obras de conservación y restauración, se deberán emplear materiales y técnicas iguales a las del elemento en el que se actúe. Respecto a los trabajos de acondicionamiento, se determina que no podrán alterarse las características de los elementos catalogados: “Habrá que ver qué cosas hay que restituir y que cosas no”, dice Andrada.

Asimismo, el expediente permite la modernización de instalaciones existentes para ajustarlas a normativa en materia de climatización. También podrán autorizarse soluciones que supongan la mínima intervención sobre elementos protegidos para adecuar el local a las condiciones necesarias de seguridad, utilización, accesibilidad y de protección contra incendios, previo dictamen favorable de la Comisión Institucional para la Protección del Patrimonio Histórico, Artístico y Natural (CPPHAN).


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