Desde 1622, algo más de 400 años, San Isidro Labrador, canonizado por el Papa Gregorio XV junto a santa Teresa de Jesús, san Francisco Javier y san Ignacio de Loyola, es el patrón de la ciudad de Madrid. Una tradición de muchos años, de muchas generaciones, de muchas vicisitudes, alegrías y penas; pero sobre todo es una tradición que ha marcado, marca y marcará la historia de Madrid porque es pasado, presente y futuro.
Nacido en Carabanchel, recuerdo con mucha nostalgia ir, en las fiestas de San Isidro, a la explanada cercana al Estadio Vicente Calderón, con mi hermana y mi padre, para subirnos a las atracciones de la feria: la noria y los autos de choque. Fiestas que dejaron huella en mi infancia. Más tarde, en mi juventud, recuerdo ir al Paseo De Camoens con mis amigos, comer gallinejas y entresijos en Casa Enriqueta. Emblemático lugar al que recomiendo ir.
Políticamente, una de mis mayores satisfacciones, en mi primer mandato como concejal, es haber impulsado la Feria en la pradera de San Isidro con la creación de un recinto ferial y poniendo en valor la misa de campaña y la bendición del agua. Hicimos renacer la auténtica romería que existía en los tiempos de Francisco de Goya y que tan bien están recogidas en sus pinturas.
El Ayuntamiento de Madrid ha desarrollado una intensa y extensa programación cultural que abarca todos los barrios y distritos, la mayoría de los estilos musicales, desde nuestro tradicional chotis, bailes del vermú y entremés, al homenaje a Queen o nuestra Banda Sinfónica Municipal de Madrid. Sin olvidarnos de la Feria de San Isidro en la Plaza Monumental de las Ventas.
Días de gigantes y cabezudos, de romería por la pradera, de chulapos y chulapas, de mantones de manila, claveles y nardos; días de alegría, de amigos y familia, de bocatas de calamares, barquillos y chocolate. Días de revivir el Madrid castizo, el de nuestros antepasados, padres y abuelos, el Madrid alegre y algo chulesco que reza la Verbena de la Paloma.
Son días especiales para los nacidos en Madrid y para los que han llegado. Si algo nos caracteriza a los que vivimos en la Villa, es la capacidad de acoger al que llega, y se queda, como al que está de paso. Somos una sociedad abierta, libre y generosa, que no está ceñida a una lengua, nacionalismo, origen o ideología. El que viene de Palencia es tan madrileño como el que viene de Puerto Rico o el que ha nacido aquí. Esa es la idiosincrasia de Madrid: Madrid somos todos.
San Isidro fue un ejemplo de vida cristiana, pero sobre todo un ejemplo de humildad y dedicación. Esa humildad y dedicación deben de ser los mandamientos que rijan nuestra actividad política en el Ayuntamiento de Madrid. Hemos sido elegidos para mejorar la calidad, el bienestar y la vida de los madrileños, no para insultarnos, fabricar bulos y enfangar la vida política. Sigamos el ejemplo de San Isidro, el de la humildad y la dedicación. ¡Felices fiestas de San Isidro!