El mundo al revés. Alucinaciones (LSD). El ayer cercano sigue visible a pesar de las nubes que batallan para que el olvido deje la memoria inerte.
José Mujica, expresidente de Uruguay, anunció recientemente que tiene un tumor en el esófago. Con sus 88 años envió un mensaje a los más jóvenes: “Luchen por el amor, no se dejen engatusar por el odio”. Mujica fue guerrillero Tupamaro, luchó contra la dictadura en su país (1973-1985), estuvo preso un buen número de años y entre 2010 y 2015 fue el primer mandatario de su país.
Uruguay, después de sufrir dictadura, fue uno de los países que implementó leyes de memoria histórica para reconocer y conmemorar a las víctimas, así como para promover la reconciliación y el entendimiento. Argentina, Chile, Alemania, Italia y Portugal, entre otros países que vivieron bajo la bota de dictadores, hicieron lo propio y buscaron abordar el legado de sus dictaduras. En 2004, Italia aprobó una ley que condena el fascismo y el régimen de Mussolini, así como el uso de símbolos asociados con él. En el caso de Portugal, si bien no existe una ley específica de memoria histórica como las que se han implementado en otros países, se han tomado medidas para abordar el legado de la dictadura de Salazar y promover la memoria histórica.
En todos estos países se han llevado a cabo iniciativas para preservar la memoria de las víctimas y fomentar la reflexión sobre este período de la historia. La memoria histórica y el reconocimiento de sus pasados dictatoriales persiguen que el recuerdo nos señale el camino para no repetir pasados cruentos.
¿Y en España? Hay leyes de memoria histórica pero su recorrido va tan lento que parece que se avanza poco. Los años pasan y vamos quedando pocos que la sufrimos, con el peligro de que todo quede en aguas de borrajas.
Recientemente, me dirigí al Gobierno presidido por Isabel Díaz Ayuso pidiendo que se colocara una placa de memoria democrática en su sede de la Puerta del Sol que recuerde que ese mismo edificio fue durante la dictadura de Francisco Franco la sede de la Dirección General de Seguridad (DGS), un centro de detención y torturas de la policía política del régimen. Estuve preso en las cárceles de Franco y pasé por las dependencias de la DGS. Mi petición se resume en la existencia de una placa recordando que lo que hoy es un digno edificio que lo ocupan los que ganan las elecciones democráticas, durante 40 años fue un siniestro lugar donde esbirros de la dictadura grababan en nuestro rostro y cuerpo su odio con forma del símbolo del yugo y las flechas.
Todo consiste en que se vea en el ‘kilómetro cero’ de España la belleza del lugar donde se comen las uvas de inicio de cada año y también el edificio que fue símbolo y representación de la represión contra los contrarios al sanguinario Franco (desde la derecha, el centro y la izquierda).
Ayuso ha contestado con unos argumentos tan endebles como desconocedores de la realidad. La derecha gobernante cree que descubrir a españoles y turistas que en la DGS de Sol se torturaba y se mataba es una propuesta que divide. No lo hace, informa de lo que fue durante 40 años. Y claro que divide entre torturados y torturadores de aquella época.
Si negamos la existencia de la DGS durante la dictadura, podemos pasar a no identificar con nombres claros lo que fue aquella etapa. Muchos insisten en divulgar que la democracia llegó por generación espontánea y no por la lucha de miles y miles de antifranquistas que pasaron por las cárceles y las manos de los esbirros del régimen. Una consejera del Gobierno valenciano (PP-Vox) dijo no hace mucho que Franco es un “personaje histórico”. ¡Los giros lingüísticos que da la extrema derecha para no llamar dictador a un dictador!
Esos mismos dicen que España se rompe, latiguillo de la derecha que se oye desde que yo era joven. Lo dijeron cuando se aprobó la Carta Magna por la creación de las autonomías, cuando se aprobó el divorcio porque suponía la ruptura de la familia. Lo dicen ahora por la amnistía. Dicen que nos gobiernan como en una dictadura, sin darse cuenta que eso nos parece una gilipollez malintencionada a los que vivimos y sufrimos la dictadura.
Nos llenó de alegría e ilusión la llegada de la democracia, la libertad y la posibilidad de votar y botar a los que nos disgusta lo que hacen.
La derecha española dice que la unidad de España está en peligro debido a tensiones políticas, sociales o territoriales. Es importante tener en cuenta que esta es una postura política y que existen opiniones diversas al respecto.
La cuadratura del círculo se produce cuando borramos del pensamiento lo que fue la DGS, y por eso no ponemos una placa que la identifique. Si no hubo un centro de detención y torturas, la dictadura fue una gripe de invierno que duró 40 años y Franco fue nuestro médico de cabecera. Y por supuesto, la DGS fue un centro de Bellas Artes (el bello arte de la tortura y la humillación). El mundo al revés. Alucinaciones. LSD.
Se que Franco murió hace mucho tiempo. También que la Transición dejó cuestiones pendientes, por diversas razones. Entre ellas, además de la memoria histórica, el reconocimiento de la dignidad de las personas con distintas movilidades (ni disminuidos ni minusválidos). Hace pocas semanas, se modificó la Carta Magna (después de tantos años) en ese sentido y muchos esperamos que suceda igual en el Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid. Nunca es tarde.
Por último, una petición a Ayuso: Por favor, sin odios y con mucho amor, ponga la placa en la sede del edificio donde está su despacho.