El primer ciclo de Educación Infantil (0-3 años) constituye una etapa de aprendizaje clave para el desarrollo de los más pequeños. En estas edades tempranas, la escuela se convierte en un lugar donde se fomentan las relaciones sociales, así como los primeros estímulos y experiencias. Por eso, las familias buscan confiar el cuidado de sus hijos a equipos docentes especializados que les acompañen en esa aventura, atendiendo sus necesidades, desarrollando sus capacidades y respetando su ritmo madurativo.
Koala Soluciones Educativas, filial de Clece, gestiona con metodologías innovadoras 16 escuelas públicas de primer ciclo de Educación Infantil en la Comunidad de Madrid. “Nuestra mirada es ‘pikleriana’, está muy relacionada con las metodologías activas”, explica Laura Calleja, coordinadora pedagógica. Toda su esencia gira en torno a la doctora Emmi Pikler y su movimiento libre, “pero va mucho más allá, hasta poder establecer una relación vincular y privilegiada con los pequeños”.
Gran parte de la labor del equipo de Koala consiste en acompañar al alumnado, teniendo en cuenta que cada menor tiene un ritmo y unas inquietudes que hay que respetar. “En nuestro acompañamiento siempre tenemos presente en qué hitos evolutivos está cada uno. Para eso, establecemos diferentes zonas de aprendizaje en las aulas y vamos ofreciendo materiales en base a las necesidades e intereses de juego de los escolares, atendiendo a su individualidad”, aclara Calleja.
“Nuestro proyecto se basa principalmente en las pedagogías activas que consideran que los niños y las niñas son capaces de aprender por sí mismos”, remarca Laura García, maestra de Educación Infantil. Ella es una de las personas adultas que acompañan a los pequeños en los diferentes espacios de aprendizaje existentes en el aula, y que cada menor elige en función de su momento de desarrollo con la observación directa de las educadoras. “Desgranamos las necesidades y los intereses personales de cada uno e incluimos en los espacios de aprendizaje del aula distintos materiales dependiendo del interés observado”, afirma la maestra. Así, la dinámica educativa pasa por lugares como el de aprendizaje simbólico, la zona de la calma, el dispositivo de movimiento o el ambiente de los cuidados.
El espacio de aprendizaje de juego simbólico simula un hogar con elementos que el menor utiliza a su conveniencia, reproduciendo lo que ve en el día a día en su casa. Todos los objetos son de un tamaño adaptado a su estatura y un peso adecuado a sus manos. “Incorporamos materiales lo más nobles posible, intentamos que sean de madera, y que se asemejen al máximo a la realidad”, explica García.
En la zona de la calma se desarrollan encuentros con la profesora mientras permanecen sentados charlando sobre algún tema, como por ejemplo de la montaña, las vacaciones o los abuelos: “Para generar un ambiente y una sensación de calma suele haber una alfombra, dos colchonetas simulando un sofá y un soporte para poner cuentos con imágenes de animales o de paisajes”, relata la maestra.
El dispositivo de movimiento responde a la necesidad de realizar algún tipo de actividad física a esa edad. “Con ejercicio se desarrolla cognitivamente nuestro cerebro, van unidos”, apunta Laura García. Su altura está condicionada a la etapa de cada grupo y suele constar de una rampa, un módulo grande en forma de rectángulo o cuadrado, una alfombra para tirarse con seguridad y, en los mayores, una escalera de acceso a rectángulo y rampa. “Si detectamos que algún escolar necesita saltar desde más alto, porque está en el proceso de conquista de la altura, ese interés lo tenemos que convertir en una propuesta de juego específica”, aclara. Este método educativo promociona las capacidades en la infancia al ritmo que cada uno necesita “para dar una vuelta al significado de la rutina en cuidados de calidad, porque lo cotidiano en 0-3 años lo es todo, es la base de cualquier aprendizaje futuro”, concreta García.
En el caso de menores con necesidades educativas especiales, la coordinadora pedagógica añade: “Siempre nos guiamos por las pautas que marca el equipo de Atención Temprana. Por ejemplo, en los casos de TEA (Trastorno del Espectro Autista) se necesitan más signos, más pictogramas. Y en las distintas zonas del aula pensamos cómo podemos realizar las actividades con ellos y el tipo de material que puedan llegar a utilizar”.
En función de la titularidad de la escuela, en cada aula puede haber lo que se denomina “pareja educativa”. “Se compone de una educadora y una maestra, y en algunos casos, dos educadoras”, expone García, quien, como docente, además de las funciones de aula, asume la responsabilidad de ser coordinadora de nivel. Eso supone que interviene en la coordinación pedagógica con el equipo directivo y en el funcionamiento de las rutinas que se van estableciendo.
Durante la etapa de 2-3 años en las escuelas infantiles madrileñas podemos encontrar entre 16 y 20 niñas y niños en total por aula, de modo que en aquellas en las que hay pareja educativa se pueden realizar de manera simultánea varias actividades. “Al ser dos personas, podemos trabajar mucho en pequeños grupos, lo que nos permite crear un espacio educativo más individualizado, tanto para la atención como para la observación”, indica la maestra de Educación Infantil.
La alimentación también se realiza en pequeños grupos, excepto en el caso de los bebés que se lleva a cabo de manera particular.
En edades comprendidas entre los 2 y 3 años, cuando llega la hora de la comida el aula se divide en dos: la mitad de la clase almuerza bajo la supervisión y cuidado de una de las educadoras mientras la otra acompaña el juego del resto de escolares en la misma aula. En Koala se da mucha importancia a la voluntad de los menores en el momento de la comida. El menú se sirve delante de ellos y se les consulta sobre la cantidad. A medida que va avanzando el tiempo, cuando ganan en autonomía pueden llegar a servirse su propia agua con jarras adaptadas.
A la hora de comer, también se trabajan una serie de hábitos, según asegura Laura García: “Es un espacio privilegiado para establecer vínculos con el niño y la niña. Se genera un ambiente tranquilo, relajado. Con ellos la comida es un momento de encuentro, bienestar y calma”.
Del mismo modo, durante los tiempos dedicados a la higiene y al sueño se establecen momentos individualizados de aprendizaje mutuo, anticipando verbalmente lo que van a hacer “para que confíen en ti”, expresa esta profesional.
El personal de Koala Soluciones Educativas, además de estar familiarizado con el método Pikler, tiene “formación en neurodesarrollo, disciplina positiva y psicomotricidad vivenciada, junto a todo aquello relacionado con alergias y alimentación”, desgrana Calleja.
La nutrición y la seguridad alimentaria representan otros aspectos muy relevantes para las escuelas gestionadas por Koala. Sus nutricionistas elaboran los menús en base a las guías que marca el Ayuntamiento con recomendaciones para que sean sostenibles, equilibrados y sanos, dando prioridad a verduras y legumbres, sin dejar de lado las proteínas.
En cuanto a los idiomas, familiarizan con el inglés al alumnado integrándolo en la cotidianeidad del aula. “No hay una sesión como tal, sino que se trata de acostumbrarles a la lengua inglesa a lo largo de la jornada, mediante determinadas acciones, frases, pero siempre muy orientado a la rutina del aula”, confirma Calleja.
Por lo que respecta a la tecnología, en Koala se emplea para la comunicación con las familias. “Tenemos herramientas digitales con las que damos información a las familias sobre cómo han pasado el día, lo que han comido y otros detalles de la asistencia y los cuidados”, concluye la coordinadora pedagógica.