Opinión

Sol, además de contar con el ‘kilómetro 0’ y el despacho de Ayuso, fue un centro de detención y torturas de la dictadura de Franco

Nino Olmeda | Miércoles 03 de abril de 2024

Durante el franquismo, se estima que alrededor de 200.000 personas pasamos por los calabozos de la Puerta del Sol en Madrid. Estas mazmorras eran utilizadas por el régimen para detener y torturar a aquellos que se oponían a la dictadura.

Es un período oscuro de la historia de España que ha dejado una profunda huella en la sociedad, que se debe recordar y que forma parte de la memoria histórica. La memoria nos hace recordar. La Presidencia de la Comunidad de Madrid está instalada desde 1986 en la Puerta del Sol, que fue sede de la Dirección General de Seguridad (DGS) y de la policía política del franquismo. El Gobierno central cedió estas instalaciones. Este cambio marcó un hito importante en la transición democrática y en el proceso de descentralización administrativa en España. En Sol, además de estar el ‘kilómetro 0’ de las carreteras radiales de España y el despacho de la actual presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, también estuvo instalada la sede de la DGS, y dentro de ella, la Brigada Político Social (BPS) de los Roberto Conesa, ‘Billy el Niño’ y otros conocidos como ‘Sandokan’ o ‘El animal’, encargados de la represión, tortura y detención de antifranquistas de todo tipo. Una razón importante para no olvidar es que este lugar durante la dictadura fue un siniestro pozo en el que matones a sueldo, esbirros y demás serviles dejaron su huella sobre nuestras espaldas.

En noviembre de 2008, el entonces presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, visitó las antiguas celdas de lo que fue la sede de la policía política del franquismo en la Puerta del Sol. Fue una visita significativa que simbolizó el reconocimiento histórico y la memoria democrática. Recuerdo esa visita en la que Gallardón recordó que su padre ocupó en 1969 una de esas mazmorras. La DGS de Sol fue un lugar significativo durante la dictadura de Franco. Durante ese período, fue utilizado como un símbolo de poder y represión. Hoy en día, es conocida por ser el lugar donde se celebra el fin de año con las tradicionales campanadas y como punto central para manifestaciones y eventos culturales. Pasan los años y algo hay que hacer para que la Real Casa de Correos sea conocida además de por estar en el kilómetro 0 y acoger la Presidencia regional, por haber sido un centro de torturas. Podría ser colocando alguna placa conmemorativa en Sol de este triste episodio de la historia de España. Esta placa tiene el propósito de preservar la memoria histórica, honrar a las víctimas y educar a las generaciones futuras sobre los abusos del pasado. Un buen ejemplo para seguir es, sin duda, el de Argentina, que tuvo durante la dictadura de Jorge Videla un centro clandestino de detención y torturas en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Este espacio ahora funciona como un lugar de memoria y cuenta con placas y monumentos que recuerdan su oscuro pasado. Es el Espacio para la Memoria y los Derechos Humanos.

Este tipo de iniciativas son importantes para la reflexión colectiva sobre la historia y la promoción de los derechos humanos. Debemos recordar dónde nos encerraron para torturarnos, y qué mejor que colocar una placa en la entrada de la Casa Real de Correos, sede de la Comunidad de Madrid. Ahora que vienen vientos negros negacionistas y que hay arremetidas contra la memoria histórica, no se debe olvidar que se estima que hay todavía miles de personas antifranquistas que siguen en fosas comunes en España. Es necesario volver a recordar, antes de perder la memoria, que durante la dictadura de Franco muchas personas fueron ejecutadas y enterradas en fosas comunes, y sus familias aún están luchando por encontrar y dar un entierro digno a sus seres queridos.

El trabajo de exhumación y reconocimiento de estas víctimas sigue siendo una tarea importante para la sociedad española. Tampoco olvidemos resignificar el llamado ‘Valle de los Caídos por Dios y por España’ para que vuelva a ser el Valle de Cuelgamuros. La dictadura tuvo 40 años para dignificar a sus víctimas y premiar a algunas de ellas con estancos, y en los vagones de Metro con lugares reservados para ‘mutilados de guerra’. Nosotros, los perdedores, no pedimos mucho: que no se olvide nada de lo sucedido. Yo lo sigo recordando.

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