Durante los primeros años, los bebés se tienen que enfrentar a los nuevos desafíos que la vida les ofrece. Algunos de ellos son aprender a comunicarse, alimentarse, respirar y amoldar su cuerpo al entorno que les rodea. La piel es el primer órgano que toma contacto con esa nueva atmósfera que le acompañará el resto de su vida, de ahí que sea tan vulnerable ante cualquier cambio, interno o externo.
Uno de los signos más evidentes de que la piel de nuestro bebé es extremadamente frágil, es el picor continuado que se produce —especialmente en su cara, aunque también en todo el cuerpo— cuando duerme. Esto puede ser debido a un gran número de causas. Entre todas ellas, la más habitual es la dermatitis atópica, una afección que debe tratarse de inmediato y de manera profesional para evitar consecuencias más graves. Pero ¿sabes realmente qué es y cómo debe tratarse?
El prurito o picor en la piel puede producirse en cualquier etapa de la vida del ser humano; sin embargo, es durante sus primeros años cuando se suele poner de manifiesto. Los bebés todavía no saben comunicarse con palabras, así que lo hacen mediante sus gestos. Si ves que tu bebé se rasca la cara de forma frecuente, y mucho más mientras duerme, quizás se encuentre ante estas causas:
La mejor manera de poder conocer las causas con eficacia es haciéndolo a través de los profesionales médicos. El pediatra o el dermatólogo será el que determine el motivo y el tratamiento a seguir.
La causa más habitual suele ser la dermatitis atópica. Se trata de una afección en la piel que se manifiesta con sequedad, rojeces y erupciones que aparecen en la epidermis del bebé y que le provoca extrema desazón. Las zonas en las que suele aparecer es en la cara, en el pecho, los codos y las rodillas.
Las causas suelen ser muy variadas y se conocerán a través de un minucioso estudio. Suele estar implicado el sistema inmunológico, especialmente ante el aumento de una bacteria que provoca la debilidad de protección en la piel.
Otras causas nos llevan a la genética. En algunos casos ya la padece algún miembro de la familia que, a su vez, presenta otras patologías como asma o alergias.
Sin embargo, las causas más comunes de dermatitis atópica se relacionan con los hábitos de higiene, los cambios inmunológicos, el estrés emocional, las alergias alimentarias, la sequedad en la piel, la sudoración excesiva o factores ambientales.
La mejor manera de tratar cualquier problema que aparezca en la salud de los bebés es acudir al pediatra. Por regla general, recomendará algunas cremas específicas para calmar la molestia y reparar la piel. En caso de que los síntomas no mejoren, lo más probable es que el pediatra o un dermatólogo recete una medicación basada en corticoides o antibióticos en el caso de que existiera infección.
Los hábitos diarios también son muy importantes para evitar y controlar los brotes. Utilizar productos no invasivos para la piel, ropa adecuada con tejidos naturales, así como mantener la piel seca y protegida, o evitar el estrés, son algunas de las claves para alejar cualquier signo de dermatitis atópica en el bebé.