Opinión

La víctima, el defraudador y el chulo

Nino Olmeda | Miércoles 20 de marzo de 2024

La reina de un lugar situado en el centro de un gran territorio se sentía constantemente víctima de los ataques de todos los que no querían como ella a su país. Se sentía amenazada por los que no entendían lo que ella quería para los habitantes de su reino. También se creía víctima y no causante de los malos rollos entre los reyes de los otros territorios de su país, gobernado por uno que gobernaba sólo pensando en destruirla. Ella estaba convencida de ser una víctima (“persona que padece daño por culpa ajena”, según la RAE). Pero muchos tenían dudas y sentían que, más que víctima de todo lo que sucedía, se hacía la víctima: se quejaba en demasía buscando la compasión de los demás.
Esta reina, que denunció al rey de reyes por sentarse en el trono sin ser el primero en el torneo electoral, llegó al poder, la primera vez, siendo la segunda en su competición electoral. De pronto, cuando un gran ‘marrón’ acosaba a su enemigo, se conoció que al caballero al que estaba unida sentimentalmente le pusieron la cara roja por defraudar al fisco, lo que suponía que la hacienda de los habitantes de su reino veía mermados sus ingresos, y, por tanto, había menos fondos para pagar los servicios a los ciudadanos. Se creó un gran revuelo. La reina, en vez de reconocer los hechos y decir que no sabe nada de las cuentas de su novio y que le parece mal que sea un defraudador, se empeñó en echar la culpa a los demás y denunciar que todo era una campaña contra ella y que usaban a su pareja como excusa.
En esta representación no podía faltar el chulo, que además de ser el que habla y obra con chulería, es arrogante, fanfarrón y jactancioso. Este caballero se carteó con una poetisa interesada en los marrones del novio de la reina y dejó por escrito amenazas claras de poner el poder de su reina para acabar con sus escritos poéticos. Este era un proceder impropio de un servidor de una reina que hacía de la libertad una de sus consignas más pronunciadas.
Todo esto pasa en el reino inventado por mí en una mañana en la que el sol deslumbra el jardín de mi casa y acabo de escuchar noticias de la Comunidad de Madrid en la que vivo y que tienen que ver con no sé qué delito de fraude fiscal reconocido por la pareja de la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso.
Todo este escrito pertenece al mundo de la fantasía, pero si estuviera sucediendo en el mundo real, sería una decepción porque nunca pensé que la imaginación fuera tan galante y nos pondría a los ciudadanos alertas y con los ojos avizores ante las nuevas realidades.

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