En el distrito de Chamberí existe una manzana de trece mil setecientos treinta y siete metros y treinta y un decímetros cuadrados delimitada por las calles de Alenza, Maudes, Treviño y Raimundo Fernández Villaverde en la que se encuentra un conjunto de edificios diseñado por los arquitectos Antonio Palacios Ramilo y Joaquín Otamendi Machimbarrena: el Hospital de Jornaleros de San Francisco de Paula, conocido por todos como de Maudes. Incluye un espacio religioso bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores, cuya antigua capilla se ha convertido en la Parroquia de Santa María del Silencio, adaptada para personas sordas, ciegas y sordo-ciegas.
En 1912 se constituye la Fundación del Hospital de San Francisco de Paula por doña Dolores Romero y Arano, viuda de don Francisco Curiel y Blasi, fallecido en 1907 y miembro de una acaudalada familia de empresarios vascos, ferretero propietario de varias acerías y uno de los fundadores del Banco de España, al tiempo que uno de sus mayores accionistas; ya en marzo de 1898 poseía 550 acciones valoradas en 1.100.000 pesetas siendo titular en 1900 del doble. Todo el capital es aportado por la fundadora y benefactora, que encarga a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios la realización de todos los servicios anejos a la Institución. En una de las cláusulas de la escritura notarial se establece que todos los días se celebrarán en la Iglesia del Hospital dos misas por su intención pagando tres pesetas por cada una de ellas, incrementándose esta cantidad en función de la evolución de los tiempos y circunstancias diocesanas; una vez fallecida, el estipendio o limosna será a cargo de los fondos generales del Hospital. En Madrid tiene desde 1920 una calle dedicada a su nombre en el distrito de Salamanca.
Doña Dolores había nacido el 23 de enero de 1852 en la localidad turolense de Terriente. A la muerte de su marido, sin descendencia, fue la única heredera de todos sus bienes que dedicó a obras de asistencia sanitaria y formación de manera altruista. Falleció en Madrid el 15 de diciembre de 1936 a la edad de 83 años; se encuentra enterrada con su esposo en la cripta de la iglesia de Santa María del Silencio, en una de las cuatro sepulturas ubicadas en el subsuelo, bajo el altar mayor; en las tres restantes se encuentran los restos de los padres de ambos, de una hermana de doña Dolores, Joaquina, y de sus tíos Joaquín y María.
En la escritura de constitución de la Fundación manifestó su deseo de que en ningún caso podían considerarse como bienes eclesiásticos de la Iglesia en general ni de ninguna Comunidad o Corporación religiosas los de la Fundación ni podían agruparse con los de cualquier otra fundación, establecimiento o patronato.
El reconocimiento oficial de su gran labor benéfica llegó en 1916 con la concesión por el rey Alfonso XIII de la Gran Cruz de la Orden civil de Beneficencia, con distintivo blanco por sus eminentes servicios humanitarios, fundando y construyendo a sus expensas en la Corte de Madrid un nuevo hospital para jornaleros titulado San Francisco de Paula; igualmente, en 1924 le fue concedida la Gran Cruz de la Orden del Mérito Militar en atención a los méritos y circunstancias que en ella concurren como fundadora del Hospital, y muy especialmente por haber coadyuvado con su interés y altruismo a los fines del Ejército con beneficio para el Tesoro.
La intención de diferenciar en jerarquía la iglesia sobre el resto del hospital hace que su ornamentación sea más profusa. Esta flanqueada por seis torres, dos en la fachada principal y las otras cuatro rodeando el cimborrio. Observamos el inconfundible estilo Palacios, combinación de otros: el medievalista (arcos de medio punto), el de secesión vienés (pilastras) y el modernista (azulejería en la fachada y vidrieras). Se encargó al ceramista y pintor Daniel Zuloaga la colocación de las cerámicas, para lo que utiliza dos técnicas: la del trencadís, introducida por Antonio Gaudí, consistente en la unión de pequeños fragmentos cerámicos con argamasa, y la de gota de agua, nombre con el que se conoce un tipo de azulejos que repelen el agua. La cerámica sevillana de reflejos cobrizos procedente de la casa Ramos Rejano de Triana se emplea profusamente. Antonio Palacios pretendía a través del color de la cerámica colocada generar sensación de movimiento y realzar el edificio.
En la construcción se utilizaron diferentes materiales: hormigón de piedra silícea extraída en Vicálvaro, piedra caliza blanca de las canteras de Cornicabra, ubicada cerca de Morata de Tajuña, mortero hidráulico, cantería granítica berroqueña procedente de la Sierra de Guadarrama, ladrillo, mampostería caliza, piedra artificial, acero, cemento armado, asfalto natural, pizarra española, mármol de Macael (Almería), baldosín hidráulico y materiales vitrificados. En las zonas altas de los torreones se utilizó ladrillo con enfoscado posterior para imitar a la piedra ante del desvío del presupuesto original, cuestión que preocupaba a doña Dolores. Antonio Palacios utilizaba materiales autóctones siempre que le era posible.
La labor que venían realizando los Hermanos de San Juan de Dios pasó a las Hijas de la Caridad en 1924. Durante la Guerra Civil se construyó un pasadizo que transcurría por debajo de la iglesia para llegar desde el Hospital hasta el refugio construido en la calle Cicerón. Ante el estado de abandono en que se encontraba todo el inmueble, en 1975 la capilla es cedida al Obispado estableciendo en ella la Parroquia de la Divina Pastora. En 1984 es adquirido en subasta por la Comunidad de Madrid; la iglesia y sus dependencias se habían constituido antes como finca independiente y quedaron excluidas de la compra, por lo que continuaron perteneciendo a la Fundación creada por doña Dolores.