El 'Estudio sobre juventud y soledad no deseada en España', impulsado por SoledadES, el Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada de Fundación ONCE, en colaboración con Ayuda en Acción, señala que el 25,5 % de los jóvenes españoles de entre 16 y 29 años aseguran sentirse solos en el momento actual, lo que supone una cifra preocupante sumada al 69 % de las personas de este mismo rango de edad que se han sentido solas en algún momento de su vida. Para la elaboración del estudio se han realizado entrevistas telefónicas a un total de 1.800 personas residentes en España de las que se ha sacado la conclusión de que la realidad y la percepción de la soledad no deseada entre la juventud, coinciden.
En la presentación del informe, la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, ha identificado la soledad como "el nudo en el que se enredan todos los hilos y los desafíos" a los que se enfrenta la sociedad. "No podemos hablar de democracia, de justicia ecosocial, de derechos, si no decimos que la soledad es una cuestión política", ha argumentado. Debido a esto, ha puesto de relieve la Ley de Juventud en la que está trabajando su departamento, con el fin de desarrollar el artículo 48 de la Constitución Española. Así, ha detallado que el borrador de la citada ley se creará "a partir de las necesidades de los jóvenes" y que girará en torno a los derechos económicos y sociales; la participación política y los derechos democráticos; la salud mental y el bienestar, y la crisis ecosocial.
"La soledad no es solo una cuestión de mayores", ha añadido por su parte el presidente de Fundación ONCE, Miguel Carballeda mientras que el presidente de la ONG Ayuda en Acción, Jaime Montalvo, ha indicado que es un tema que "tiene que ver con buena parte de los problemas que se plantean hoy en la juventud".
A este respecto, los autores aclaran que la pandemia es la causa de esta situación para un porcentaje del 20,4 %. En cuanto a la intensidad y peores momentos del sentimiento de soledad, los jóvenes que se sienten solos manifiestan sufrir este problema "con frecuencia" y lo notan sobre todo por las noches.
La investigación subraya que la soledad juvenil afecta más a mujeres (31,1 % ) que a hombres (20,2 %), a jóvenes de entre 22 y 27 años, a personas en desempleo, en riesgo o situación de pobreza, que han sufrido acoso escolar o laboral, con mala salud física o mental, con discapacidad, origen extranjero o que son LGTBI, entre otras condiciones. A este respecto, el texto revela que la prevalencia de soledad no deseada en jóvenes de hogares con dificultades económicas es casi el doble que entre jóvenes de hogares que llegan con facilidad a fin de mes (36% frente a 19,4%).
"Existe una fuerte relación entre el acoso escolar o laboral y la soledad no deseada en la juventud", aseguran los autores del estudio, destacando que el porcentaje de personas que han sufrido acoso escolar o laboral alguna vez en su vida es casi el doble en el grupo de jóvenes que padecen soledad no deseada que en el formado por los que no la padecen (58,1% frente al 32,1%).
La encuesta muestra también que cuatro de cada diez personas jóvenes en España han vivido una experiencia de este tipo, "lo que subraya la necesidad de abordar este fenómeno con carácter de urgencia".
Según este estudio, el éxito o el fracaso estudiantil está relacionado también con la soledad, ya que presenta un resultado de 10 puntos superior en cuanto a prevalencia de soledad en la juventud que ha repetido curso alguna vez frente a la que no ha repetido. Además, se sabe que el rendimiento académico bajo es un factor que tiene mucha o bastante influencia en la soledad según el 57,1% de las personas que la sufren.
El estudio pone también de manifiesto la relación existente entre los problemas de salud mental y la soledad no deseada de la juventud. Así, las personas jóvenes con problemas de salud mental percibida o diagnosticada tienen una probabilidad 2,5 veces mayor de sufrir soledad no deseada; quienes viven con ansiedad o depresión, un 89,2% más; aquellas que reconocen tener una baja autoestima, un 83,2% más, y las que han tenido pensamientos suicidas, un 81,1% más.
La relación de la soledad con estas variables es bidireccional: los problemas de salud mental generan una mayor soledad, y a la inversa, la soledad es perjudicial para la salud mental. El hecho de que la cantidad de variables que son significativas sea amplia implica que la diversidad de perfiles y causas que generan la soledad también lo es.
"Es decir, si bien la pobreza es una variable que tiene un efecto significativo en la soledad, no supone que la juventud con más recursos económicos no tenga ningún riesgo de soledad, pues presentaría el mismo o incluso más si comparten alguna característica de riesgo, como un problema de salud mental", precisan los autores.
En la misma línea, detalla que las personas de origen extranjero o LGTBI sufren mayores tasas de soledad y "lo más importante, el origen y la orientación sexual tienen un efecto significativo sobre la soledad".
La investigación concluye que las redes sociales digitales no son importantes para la soledad. A pesar de que un tercio de la juventud las utiliza más de tres horas al día, su intensidad y frecuencia de uso no tienen un efecto en la soledad no deseada en cambio, la presencialidad de las relaciones con amistades sí la tiene. Una persona que haga un uso extensivo de las redes sociales y tenga una rica vida social a nivel presencial a priori no se sentirá sola.
Del mismo modo, el trabajo apunta que a pesar de la imagen de mayor aislamiento que se asocia a los pueblos y a las grandes urbes, la juventud que reside en municipios de tamaño medio (entre 50.000 y 500.000 habitantes) tiene un mayor nivel de soledad, en comparación con jóvenes rurales o que viven en grandes urbes. Los jóvenes residentes en este tipo de poblaciones presentan una probabilidad un 37% mayor de sufrir soledad.
Ocurre lo mismo con la vivienda, siendo uno de los problemas más destacados entre los jóvenes. A pesar de que muchos residen en piso compartido o en su propia vivienda, esto no tiene un efecto sobre la soledad ya que, de hecho, dicho sentimiento es mayor que entre jóvenes que viven con sus padres (28% frente a 23,7%).