Carmen M. Gutiérrez | Lunes 31 de diciembre de 2007
El agua puede ser un foco de infecciones, por lo que el control de las fuentes ornamentales es importante para proteger la salud de los ciudadanos y en algunos casos hasta obligatorio, como es el caso de las que reúnen las condiciones para la aparición de la legionela. Por este motivo, el Ayuntamiento de Madrid realiza inspecciones periódicas y en algunos casos continuas.
No todos los días el surtidor del lago de la Casa de Campo puede verse brotar desde lo lejos. Exactamente, cuando la temperatura del agua alcanza los 20 grados la orden es desconectarlo para evitar que se den las condiciones que permitan la proliferación de la legionela.
Sin embargo, para evitar posibles brotes de legionelosis el Ayuntamiento de Madrid ha puesto en marcha un sistema más sofisticado de control que mide en continuo la temperatura y otros datos relacionados con la posible aparición de legionela y está preparado para dosificar cloro -el sistema de desinfección más extendido- cuando se superen ciertos niveles que se consideran de riesgo, según explica la jefa de la División de Aguas Superficiales del Ayuntamiento, Elvira Benito. Además, hay una sala de control donde se pueden seguir estos datos y trabajar con ellos.
No obstante, este sistema no se aplica en todas las fuentes y resto de puntos de agua situados en la vía pública, sino sólo en aquellas que son susceptibles de convertirse en focos para la propagación de la enfermedad. Para que esto suceda el agua debe producir aerosoles, es decir, 'microgotas' que no se perciben visualmente.
En total, el Ayuntamiento es titular de 28 instalaciones hidráulicas susceptibles de producir aerosoles en determinadas condiciones climatológicas y en casi todas ellas se ha instalado el sistema de toma de datos en continuo, aunque el objetivo es llegar al cien por cien, según asegura Benito.
Pero aparte de estas 28 láminas de agua, en la ciudad existen muchas más instalaciones hidráulicas, si contamos las 500 que tienen una función ornamental, los arroyos y los depósitos reguladores de agua reciclada para riego, que también necesitan un control, aunque en este caso menor.
Benito explica que al ser puntos de agua urbanos están expuestos a la contaminación ambiental producida por los coches, así como por otros factores, y que, por lo tanto, tienen que ser depuradas, tratadas, analizadas periódicamente.
Así, a lo largo del año se toman periódicamente muestras de agua en las fuentes ornamentales de Madrid y se hacen los correspondientes análisis físico-químicos y bacteriológicos in situ o en laboratorios externos con el objetivo de que los puntos de agua estén bajo control para evitar posibles riesgos para la salud, más aún cuando el programa de cambio de agua es escaso debido a la sequía de los últimos años, asevera Benito.
Unos riesgos que, por suerte, nunca se han convertido en realidad en la capital, según comenta la experta, evitando así que se produjesen problemas sanitarios de de la envergadura de la legionelosis.