Como cada 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, lacra que, todavía en la actualidad, no ha sido erradicada. Afortunadamente existen diversos recursos que luchan contra este tipo de violencia que afecta directamente a mujeres e hijos.
En Madrid, Atende, filial de Clece especializada en servicios sociales, es la encargada de llevar a cabo esta importante labor con la gestión del Punto Municipal III del Observatorio Regional de Violencia de Género del Ayuntamiento de Madrid (PMORVG III).
Este recurso lleva atendiendo desde el 2 de enero de 2023 a mujeres que han sufrido violencia de género y cuentan o han contado con medidas judiciales de protección. En más de diez meses, han pasado por el Punto 405 mujeres y 48 niños, a los que se ha ofrecido una atención integral desde las áreas social, psicológica y jurídica.
La zona de influencia a la que se da cobertura desde el Punto Municipal III abarca los distritos de Villa de Vallecas, Puente de Vallecas, Moratalaz, Vicálvaro, San Blas-Canillejas, Retiro, Salamanca y Arganzuela. Allí trabajan: una coordinadora, varias trabajadoras sociales, una abogada y cinco psicólogas, siendo una de ellas la encargada de llevar los casos de los niños y jóvenes que acuden al PMORVG III.
La coordinadora del Punto nos explica cuál es la atención que reciben estas mujeres que acuden a pedir ayuda: “Trabajando el fortalecimiento de todas sus áreas vitales –laboral, red social, espacio personal y aficiones propias, …–, de manera que la autoestima se sostenga en diferentes ámbitos y no solo en el de la pareja, como suele pasar en relaciones de violencia al haber sufrido un fuerte control en sus vidas por parte de esta”.
“Por otro lado, su inclusión en el mundo laboral resulta imprescindible para su autonomía económica –barrera que muchas veces las hace mantenerse en las relaciones de violencia–, y esto se consigue a través del área de Trabajo Social, donde se atienden sus necesidades, facilitando ayudas económicas, contacto con agencias empleadoras, etc.”, añade.
Además del Punto Municipal III, existen otros dos que se dedican también a la atención e intervención social de mujeres víctimas de violencia de género, así como al asesoramiento jurídico y tratamiento psicológico, entre otros servicios.
El PMORVG I da apoyo a las mujeres residentes en los distritos de Barajas, Centro, Ciudad Lineal, Chamartín, Chamberí, Fuencarral-El Pardo, Hortaleza, Moncloa-Aravaca y Tetuán, mientras que el PMORVG II atiende a aquellas que viven en los distritos de Carabanchel, Latina, Usera y Villaverde.
Sin embargo, hay un servicio que, por el momento, solo se ofrece en el Punto Municipal III: la atención psicológica a los hijos de las mujeres que acuden a este. “En la mayoría de los casos, presencian actos violentos y perciben el miedo y el estrés vivido por la madre. Por ello, se hace imprescindible el trabajo de forma directa con ellos para reparar el daño y superar la historia de violencia vivida, a la vez que trabajamos con las mujeres para reparar y facilitar una nueva construcción de su maternidad”, apunta la coordinadora.
A lo largo del tiempo que lleva abierto este Punto, la psicóloga infantil ha trabajado con niños y adolescentes que van desde los cinco años hasta los 18. Primero, lleva a cabo una entrevista con las madres para comprender su situación y saber en qué estado llegan tanto ella como su hijo al Punto: necesita conocer si ha sufrido violencia directa o si ha sido testigo, cómo se encuentra y cómo le ha afectado la relación entre sus progenitores. Después, comienza las sesiones de terapia.
“Cuando los niños son muy pequeños normalmente lo que hago es ver a las madres y facilitarles pautas para comunicarles lo que ha pasado y explicarles qué es lo que va a venir ahora. Luego, con los niños, nos enfocamos en que integren esto que ha ocurrido en sus vidas y sean capaces de recuperarse de ese daño. Nos centramos también en todas las consecuencias que puede ocasionar la violencia a nivel de autoestima, de gestión emocional, gestión de la ira…, sobre todo cuando son muy pequeños”, explica la psicóloga infantil.
No existe un perfil definido entre los niños y adolescentes que llegan al Punto, ya que cada situación es distinta, pero la psicóloga sí destaca algo que todos tienen en común: la dificultad de asimilar lo que han vivido.
“Hay jóvenes que están muy afectados, que adoptan una sintomatología más de corte depresivo, con tristeza, apatía, desgana, y luego hay otros que están más enfadados. Siempre intento transmitir a las madres que creo que la violencia es algo muy difícil de asimilar”, comenta.
“Los niños y adolescentes tienen ese hándicap de que, además, están en un periodo donde muchas veces las habilidades todavía no las tienen desarrolladas porque aún no les ha llegado el momento. Entonces, comprender todo esto se hace el doble de complicado”, agrega.
Las sesiones varían también dependiendo de la edad. “Con ellos tengo sesiones que van desde los 45 minutos a una hora de duración. Cuando son más pequeños las llevo a cabo a través de juegos, cuentos, dibujos…, y cuando ya son más mayores, con ejercicios de reflexión y reestructuración cognitiva, recurriendo a lo que es una entrevista más al uso, adaptándonos también, evidentemente, porque no son adultos todavía”, señala la psicóloga infantil.
Insiste en poner el foco en que “los menores también son víctimas directas” que, al vivir expuestos a una situación de violencia, el maltrato se ejerce hacia ellos en una etapa de su vida muy vulnerable que afecta a su manera de relacionarse en el futuro.
“Mi labor muchas veces es intentar explicarles que esto es una cosa aislada, que no es lo habitual, que no hay que permitir la violencia hacia ellos y tampoco realizarla. Creo que es muy importante además darles espacio a todas estas emociones que suelen tener. No entienden por qué de repente un día hay una orden de protección y su padre ya no se puede acercar a su madre. Reestructurar eso, explicarles quién es un juez o una jueza, adaptándolo a su lenguaje y a su vocabulario, les ayuda a poder integrar esto en la narrativa de su vida”, subraya.
Para esta psicóloga, atender sus necesidades resulta un “trabajo muy gratificante” e imprescindible para, de una vez por todas, acercar a la sociedad cada vez más el fin de la violencia de género y de la violencia vicaria.