El cementerio sacramental de San Lorenzo y San José es uno de los más hermosos de Madrid. Situado en la cornisa del cerro de la Ánimas, está próximo al de Santa María, al de San Isidro y al de San Justo. Este conjunto funerario podría ser, como en otras capitales, un singular atractivo turístico pues tienen mucho arte que mostrar.
En el de San Lorenzo, además, se puede observar una nutrida colonia de gatos, los auténticos señores del cementerio. Son alrededor de cincuenta y se distribuyen por todos los patios. Esta colonia felina está sanitariamente perfectamente controlada. Cada animal tiene su chip y todos están castrados para evitar una proliferación sin control de la especie. Esta circunstancia es la que está provocando que disminuya el número de ejemplares y que los existentes tengan ya más de ocho años.
Erigido en el año 1852 por la Real Archicofradía Sacramental de San Lorenzo y San José se localiza en la calle de la Verdad. Nombre muy adecuado porque lo único cierto e irrefutable, la única verdad incuestionable, es que todos vamos a morir. En él se enterraron algunas de las grande figuras de la escena, el periodismo y la política: Julián Romea, Raimundo Fernández Villaverde, Gustavo Adolfo Bécquer, Balbina Valverde, Ramos Carrión, Carmen de Icaza, Eugenia Zúffoli…. Está sembrado de tumbas, mausoleos y panteones espectaculares, aunque muy mal conservados. No parece que haya mucho interés por mantener y restaurar el arte funerario.
La presencia del gato en los cementerios es bastante habitual. El Cementerio General de Valencia es uno de los que tiene colonias más numerosas, mantenidas también por voluntarios. De todos los animales domésticos, posiblemente el gato es el más enigmático e independiente. Ya los egipcios lo hicieron dios: Bast o Bastet que, realmente, es una gata. Su desapego respecto a los humanos hizo que también fuera considerado como personificación del mal. Los gatos negros han tenido la desgracia de ser generalmente repudiados y puestos como símbolo de la mala suerte.
Los cementerios son para estos animales, un hábitat muy adecuado. Son recintos tranquilos en los que, salvo en fechas señaladas, los humanos no acuden en masa. Así ellos pueden deambular libremente y, en cualquier caso, disponen de numerosos escondrijos en los que refugiarse. Los del cementerio de San José no son nada amigables, salvo con las personas que les dan de comer, todas voluntarias de Madrid Felina, que deben acudir cada día. Recelan ante los hombres y es inútil intentar acercase a ellos. Si quiere contemplarlos debe hacerlo desde la distancia, moviéndose con sigilo. Aun así, detectan al humano inmediatamente.
Los cementerios, como este de San Lorenzo, cierran a primera hora de la tarde. A partir de ese momento, los gatos son los dueños y señores. Últimamente solo son molestados por las llamadas cotorras argentinas, que han invadido todos los árboles de la necrópolis y aturden con su cotorreo. Si Bécquer gritó ¡Qué solos se quedan los muertos!, tal vez la supuesta capacidad extrasensorial de los gatos ayude a las ánimas a soportar su abandono.
El cementerio de San Lorenzo está en la calle de la Verdad s/n número y puede visitarse de 8 a 15 hora de lunes a vienes y de 9 a 14.00h los sábados y domingos.