Opinión

Otra vez el cambio de hora

OPINIÓN

Joaquín Galván Vallina | Sábado 28 de octubre de 2023

El día 29 de octubre se marcó para retrasar la hora y pasar al horario de invierno porque, tal y como nos han impuesto a base de repetir la cantinela, el cambio de hora en primavera y otoño ahorra energía. No obstante, cada vez que hay cambio de hora se renueva la polémica y, con ello, esta incomprensible historieta del ahorro en luz vuelve a ser revisada.

En España y otros países europeos se realizan dos cambios de hora durante el año. Uno en invierno y otro en verano. Así, en nuestro país, el último fin de semana de octubre, los relojes se retrasan una hora, y cuando marcan las 03:00 se retrocede a las 02:00. En el cambio de octubre es cuando muchas personas se sienten especialmente contrariadas por ver acortarse el día y adelantarse la hora de anochecer, coincidiendo con el descenso otoñal de las temperaturas y sirviendo de desagradable anuncio de la proximidad del invierno. Frente a esto, el objetivo más que cuestionable de esta medida es adaptar las horas de luz solar al horario laboral y ahorrar luz.

Estos dos cambios horarios obedecen a la Directiva 2000/84/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 19 de enero de 2001 relativa a las disposiciones sobre la hora de verano, donde se dictamina que el período de la hora de verano termine en todos los estados miembros a la una de la madrugada del último domingo de octubre.

Sin embargo, la Comisión Europea realizó una consulta por internet a los ciudadanos de la UE sobre la continuidad de la medida de cambio de hora dos veces al año, y un 84% de los encuestados se mostró partidario de un horario fijo. Tras esto, el Ejecutivo comunitario habilitó a los estados miembros para elegir uno u otro régimen horario, aunque la decisión se pospuso hasta 2021. Ya en ese año, la indecisión de los estados llevó a dar otra patada hacia adelante y se volvieron a retrasar los plazos.

En España, en 2018, tras mediar un Comité de Expertos (otro más…), liderado por la Secretaría de Estado de Igualdad, se fueron posponiendo también las decisiones. Actualmente, y según el Boletín Oficial del Estado (BOE), en virtud de la Orden PCM/186/2022, de 11 de marzo, se ha publicado el calendario del período de la hora de verano correspondiente a los años 2022 a 2026:

2023: 29 de octubre

2024: 27 de octubre

2025: 26 de octubre

2026: 25 de octubre

Por tanto, hasta el 2026 no se prevé que se vuelva a plantear la elección de uno u otro régimen horario.

En este sentido, la opinión de los españoles se presenta bastante clara. Si atendemos a la encuesta del CIS realizada en marzo de 2023 sobre cuestiones de actualidad, la mayoría de los españoles preferiría el horario de verano frente al de invierno y acabar con el cambio de hora: “Sobre el debate que existe en torno al cambio de hora que se realiza dos veces al año, un 67,1% de españoles afirma que quiere “acabar con el cambio de hora”, frente a un 22,2% que prefiere “seguir como hasta ahora”. Al preguntar por la preferencia de horario, un 66% de la ciudadanía asegura que prefiere el horario de verano, un 23,9% el de invierno y a un 7,3% le da igual.”

El cambio horario fue implantado junto con una serie de medidas y ocurrencias para paliar la crisis del petróleo de los años 70. Llevamos ya muchos años de estudios sobre ahorro de energía del cambio horario, desde que se implantase por primera vez en nuestro país en 1974. Siempre las virtudes de la medida se centraban en la acomodación de los hábitos de vida a las horas solares para ahorrar luz. Este razonamiento nunca casó bien con el sentido común, y resultó harto inconsistente. Aprovechar la luz del sol para hacer las rutinas mañaneras sin encender la luz eléctrica, es poco realista; es casi impensable que la gente se prepare por la mañana sin encender la luz eléctrica (y ya no hablemos de aprovechar para afeitarse la luz trémula del alba -aumentando, además, el gasto en tiritas-). En las empresas y oficinas se trabaja siempre con la luz encendida desde la hora de apertura hasta el final de la jornada, independientemente del horario solar. Por otro lado, en el campo las actividades se adaptan a la luz del sol, independientemente de la hora que sea. No se encuentran ahorros de energía, salvo en casos marginales en importancia, como los edificios inteligentes (que, por otro lado, existen desde hace muy poco). Las causas de los ahorros de energía no se encuentran.

Si atendemos al último estudio sobre el ahorro de energía, llevado a cabo por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE), hay que reseñar que se realizó allá por 2015 y no hay otro más reciente. En el mismo, se estimaba el ahorro en 300 millones de euros con el cambio de hora, de los que 90 estarían en los hogares. De este modo cada familia ahorraría seis euros (cantidad anual muy poco significativa… para el que se la crea). No obstante, fuentes del IDAE informaron a Europa Press que no había informes actualizados que permitan asegurar que el cambio de hora lleve aparejados ahorros energéticos; añadiendo, además, que “el cambio de hora se aprobó en una época con hábitos de vida distintos y que hay que tener en cuenta que las jornadas de trabajo han cambiado y que el teletrabajo se ha extendido”. Parece que lo mejor que ha hecho el IDAE en referencia a este asunto es no gastar recursos en retomar este estudio desde 2015.

Esperemos que para 2026 haya unos sesudos analistas que lleguen a la conclusión de lo inútil que resulta el cambio de hora. Con ello, sólo falta que los gobernantes, además de imponer medidas sin preguntar, también tengan en cuenta las preferencias ampliamente mayoritarias de los ciudadanos sobre el cambio de hora... y dejen de fastidiar las tardes de invierno a la población.