Milena Gobbo es una psicóloga especializada en dolor crónico y enfermedades inflamatorias autoinmunes. Esa frase es un auténtico bálsamo para pacientes que llevan años no solo lidiando con la enfermedad o con el dolor, sino con la excesiva focalización de los especialistas, la falta de comprensión y la necesidad de que alguien les ayude a frenar al cuerpo. “Siempre se puede mejorar”, ese es el lema de Gobbo y sus pacientes, como la que suscribe estas líneas, lo consiguen gracias a su especialización y a su buen hacer.
¿Cómo le puede beneficiar a un enfermo crónico acudir a un terapeuta especializado en su enfermedad?
No se puede sentir o pensar sin un correlato físico en el cuerpo, igual que no se puede padecer algo en el cuerpo sin que cause un impacto emocional o psicológico. Somos pocos los que nos dedicamos a esto. La medicina y la psicología estudian lo mismo: al ser humano. Hay recomendaciones europeas y organismos internacionales que apuestan por la especialización pero no existe como tal a día de hoy. Hemos ido aterrizando poco a poco, como ocurrió en Medicina.
Hay que diferenciar entre patologías crónicas o agudas. Las agudas surgen, se resuelven y se acabó el problema. En cambio, en el caso de las patologías crónicas hay que convivir con ellas y aprender a sobrellevarlas. Lo cierto es que no hay psicólogos suficientes y el extra de conocer muy bien las patologías tampoco se da. Los psicólogos no están formados suficientemente y esto provoca un gran desamparo.
El problema es que los pacientes tienen que llegar a estos profesionales especializados a través del Sistema de Salud, que en realidad se ocupa de casos más graves. Un proyecto ya mostró la utilidad del psicólogo en Atención Primaria, ya que la atención psicológica en los primeros estadios permite trabajar muy bien y muy rápido en pacientes crónicos. Para cuando llegan, ya suele ser demasiado tarde. No es lo mismo un paciente temprano que un paciente que lleva 20 años ya con patología. La mayoría de los pacientes reumatológicos o con enfermedad inflamatoria autoinmune llega cuando ya están muy tocados. Los profesionales aún desconocen cómo tienen que derivar y cuándo y esto tiene un impacto muy grande en la esfera psicológica, lo que favorece la recirculación constante, ya que hablamos de dos niveles de un todo que se están afectando y retroalimentando continuamente. No se puede hablar de causa-efecto en estas patologías porque están interactuando entre sí. No podemos separar el cuerpo de la mente. La ira o la tristeza provocan cierta química en el cerebro y viceversa. El cuerpo provoca ciertos cambios en nuestro estado de ánimo.
¿Cómo llegó a especializarse en pacientes reumatológicos o de enfermedades inflamatorias autoinmunes?
Mi especialización ha llegado sola aunque comencé tratando el dolor crónico. Me fui interesando por este tipo de pacientes y de ahí, de forma natural, llegué a pacientes autoinmunes y a pacientes de reumatología. Cualquier paciente con una enfermedad de este tipo es susceptible de mejorar mucho. Intervienen distintos factores de personalidad, niveles de estrés, medioambientales, actitudes... y estos pacientes presentan un impacto muy grande de factores de estrés que no saben manejar. Vivimos en una sociedad muy demandante y muchos no cuentan con recursos suficientes para afrontar ese estrés o no saben utilizarlos. El sistema autoinmune usa las mismas vías que las emociones y se interrelacionan. Un estrés sostenido acaba dañando el sistema y se vuelve contra uno mismo, así comienzan las enfermedades inflamatorias autoinmunes. Además, muchos de estos pacientes vienen también afectados por depresión, ansiedad o estrés. Casi todos llevan mucho tiempo ya y han desarrollado una enfermedad crónica. Suelen estar tomando medicación. Es como una planta: el estrés es la semilla, la tierra es la genética y las circunstancias son el agua y el sol. Todo eso hace que se forme una planta (la enfermedad inflamatoria autoinmune).
Un ejemplo muy claro de esto es el estrés postraumático. Si un avión se estrella y varias personas sobreviven, no todos van a tener estrés postraumático a pesar de haber vivido la misma experiencia. Hay personas que tienen más papeletas, intervienen factores genéticos y también ambientales.
¿Podemos afirmar que con apoyo psicológico especializado se puede mejorar el pronóstico y la calidad de vida de estos pacientes?
En función de cómo sea la derivación de reumatología a psicología el pronóstico puede ser mejor y también la calidad de vida, ya que permite un mejor manejo de la enfermedad y del dolor.
¿Qué dolencias son las más comunes en una consulta especializada como la suya?
Podemos intervenir en patologías como colitis ulcerosa, síndrome de intestino irritable, espondiloartropatías, enfermedad de Crohn, psoriasis, endometriosis... Los síntomas son muy dispares y en muchos casos son multisistémicos, por eso son enfermedades difíciles de diagnosticar, porque a los diagnósticos se suele llegar tarde. Es lo que nosotros llamamos ‘inicio insidioso’. No sabemos con qué síntomas va a debutar el paciente y eso también va a influir al igual que lo hará cuánto tarda en acudir al médico, que el médico de familia le derive al especialista, que el especialista tenga la capacidad de abstraerse y de ver un poco más allá y le derive a un psicólogo...
Cuando uno se encuentra mal y acude atención primaria, lo primero que le dan son ansiolíticos y antidepresivos, que no solucionan el problema. Pero bueno, no se puede hacer otra cosa por falta de recursos, no se puede hacer terapia con una cita cada seis meses con un psicólogo.
¿Se relativiza en ocasiones el dolor?
El dolor a veces no se tiene en cuenta. Por ejemplo, cuando un traumatólogo que ha intervenido una rodilla termina su trabajo, las pruebas dicen que la rodilla está bien aunque el paciente se siga quejando de dolor. Si la radiografía muestra que está todo perfecto, entonces esa parte (del dolor) se obvia y no se tiene en cuenta.
También hay personas que sufren porque se han vuelto impotentes a consecuencia de un tratamiento farmacológico, otras deben asumir que no podrán tener hijos o que no pueden volver a tomar el sol o a beber alcohol nunca más. Eso nosotros lo trabajamos porque hay una gran cantidad de pérdidas cuando uno afronta una enfermedad crónica.
En la primera sesión siempre hago una intervención que consiste en devolver la esperanza al paciente que tengo delante. Siempre hay margen de maniobra.
¿Es la mente la que daña al cuerpo o viceversa?
Somos cerebro, nuestra percepción del dolor influye, se ha demostrado. De hecho, algunos estudios han evidenciado, a través de resonancias magnéticas, que hacer terapia produce cambios en el cerebro: cambios en las conexiones neuronales en el tamaño de las mismas... Se producen cambios para mal y para bien.
Se tiende a pensar que la psicología produce lo somático pero no se puede hablar de causa y efecto en estas patologías. Lo que es importante y urgente es aprender a salir del modo automático y pasar al voluntario para volver a coger el control de nuestra vida.
¿Cómo podría mejorar la atención de estos pacientes?
Con recursos y especialización. Yo he sido autodidacta y ahora estoy dando un curso sobre dolor crónico, pero no hay una formación específica y reglada.
En cuanto a los recursos, en el norte de Europa cuentan con unidades interdisciplinares de verdad con nutricionistas, fisioterapeutas, psicólogos y especialistas de distintas especialidades médicas. En Barcelona hubo una consejera de Sanidad con fibromialgia que impulsó un centro interdisciplinar que funciona muy bien. Hay sitios de España donde residen especialistas como yo y otros en los que no, por eso tengo pacientes de lugares tan variopintos como Ceuta o Cantabria e, incluso, en el extranjero. Faltan psicólogos y recursos. Que haya unidades del dolor sin psicólogos es una aberración.
¿Cómo puede un paciente encontrar a un psicólogo especializado en su patología?
Debe acudir a asociaciones de pacientes porque ellos conocen a gente y reciben subvenciones que les permiten, por ejemplo, ofrecer apoyo psicológico en algunos casos. También los propios médicos pueden derivarles si conocen a estos especialistas, por lo que siempre es una buena opción consultarles. Por último, el Colegio Oficial de Psicología de cada región puede orientarles.
¿Aún luchamos contra el estigma de la enfermedad mental?
Para la enfermedad mental grave están los psiquiatras y la gente normal pasa momentos malos y para eso están los psicólogos. Ahora somos más abiertos, los jóvenes especialmente, y nos rige una ley del péndulo: hemos pasado de no hablar de psicología a medicalizar la vida cotidiana. Es importante vigilar que las cosas se hagan bien, no que la gente piense que todo el mundo necesita un psicólogo.
En el caso de los pacientes con enfermedades reumatológicas o inflamatorias autoinmunes hay que prestar atención a si mi cuerpo está enfadado conmigo, porque igual tengo que hacerle caso. Vamos a dejar de regar esa planta (la de la enfermedad) porque siempre hay margen de mejora.