Opinión

Cosas veredes, amigo Sancho

Nino Olmeda | Lunes 02 de octubre de 2023

Terminó, por fin, la sesión de investidura en la que Alberto Núñez Feijóo pretendía salir como nuevo presidente del Gobierno de España, cosa bastante improbable porque durante la campaña electoral previa a las pasadas elecciones del 23 de julio sus amistades peligrosas le iban alejando día a día de la gobernabilidad.

Estaba claro que la fórmula PP con Vox agradaba más bien poco a los votantes, quienes rompieron el sueño de la derecha de obtener mayoría absoluta con la ayuda de la extrema derecha. Eso no sucedió y el PP se vio en una situación que le deshizo las meninges. Feijóo ganó las elecciones, pero solo contaba con los votos favorables para gobernar de la extrema derecha y canarios y navarros (UPN y CC), que dieron su “sí quiero”.

Todos los demás pasaron del PP y le señalaron el camino de salida y para casa. Feijóo basó sus argumentos para gobernar en que su partido había sido el más votado. Con sólo eso no se alcanza la Presidencia del Gobierno de España porque, como sabe, se necesita la mayoría en el nuevo Congreso de los Diputados. Lo sabe y lo practica.

Comunidades autónomas y ayuntamientos en los que la primera fuerza no fue el PP, la unión de la derecha y la extrema derecha consiguió gobernar en esos lugares. La expresión ‘cosas veredes, amigo Sancho’, la hemos oído todos alguna vez. Y lo hemos oído atribuido a los personajes de El Quijote, donde no aparece tal cita.

Si Miguel de Cervantes no colocó esta expresión en su Don Quijote de la Mancha bien podría haberla usado si el centro de su obra no hubieran sido las tierras manchegas sino todo lo que ha rodeado esta etapa de exageraciones, exabruptos y ruidos en la que todos sabíamos cuál era el final. Seguro que Sancho y don Quijote habrían comentado medio en serio y con toda la guasa: ¡Lo que hay que ver!.

Qué bobada, habría dicho Sancho, se engañan a ellos mismos con la intención de confundir a los demás y crear situaciones que solo desde la mala leche y la estrategia política se pueden diseñar.

Feijoó vino de Galicia, donde era presidente regional, para encargarse de dirigir el PP después de que Pablo Casado fuese expulsado de la ecuación por denunciar que un hermano de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se había forrado trayendo mascarillas en tiempos de pandemia a la región gobernada por su familiar directo. De eso, nada más supo. Sólo que Casado desapareció y Feijóo apareció en la sede del PP. El expresidente de la Xunta, considerado un moderado, tanto como Ayuso en el tiempo de Cristina Cifuentes como mandataria autonómica, tuvo que hacerse cargo de la situación y pactar con la presidenta de la Comunidad de Madrid no hacerse daño entre ellos.

‘Cosas veredes, Sancho’, volvería a repetir don Quijote cuando supo que un gran admirador de Ayuso, el músico Nacho Cano, había comparado en un periódico la España actual gobernada por socialistas con la de la dictadura de Franco. ¡Lo que hay que ver!, podrían haber comentado y dicho con sorna ese chiste en el que uno pregunta a otro en qué se diferencia un pito de una cuchara. La respuesta es, si no lo diferencias, que tendrías que tener cuidado con lo que te metes en la boca.

‘Cosas veredes, Sancho’, repetirían después de oír absurdas discusiones por aprobarse que en el Congreso de los Diputados se pueda hablar en catalán, euskera o gallego, además de en castellano. Todas esas lenguas son españolas. Estos personajes de la obra de Cervantes no comprenderían por qué el desconocimiento prima sobre el plurilingüismo.

Y lo de España se rompe fue lo que más afectó a nuestros personajes literarios.

Sabiendo que esta frase se pone de moda cuando las derechas habidas y por haber la sacan en momentos cruciales de cada etapa, por qué no recordar que ya la usaron en tiempos de la Transición aquellos que añoraban lo que la democracia arrojó al vacío: la dictadura que tanto duró. “España no se rompe porque es de buen tejido”, me comentó hace poco un buen amigo, muy culto y que ya tiene más de 80 años, el Batichelo, quien recuerda esa frase como una vacuna contra el sentido común. Don Quijote enloquecía y veía gigantes a los que derrotar, donde sólo había molinos de viento, debido a su compulsiva lectura de libros de caballería, de noche y de día. Del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro y perdió el juicio. Estos de ahora, enloquecen porque han perdido el sentido y hasta el conocimiento, que, por cierto, lo tienen tapado como la cámara de los móviles para que nadie sepa hasta dónde llega.

Estas cosas de la derecha son comprensibles porque son líos de familia. Feijóo sustituyó a Casado, quien sufrió la ira de Ayuso, a la que unía una gran amistad desde sus tiempos compartidos en Nuevas Generaciones (los cachorros del PP) y a la que puso a dedo como candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. No aceptó que su examigo se metiese con su familia.

El líder de la extrema derecha, Santiago Abascal, antes de crear Vox estaba en el PP y ocupó un alto cargo en el Gobierno regional presidido por Esperanza Aguirre. Cuando dejó de cobrar por no hacer nada, creó su partido. Enredos de familia.

Lo último que habría irritado y sorprendido a los protagonistas de la obra de Cervantes, sin duda, sería la afirmación categórica de Feijóo de que, pudiendo ser investido presidente, no quiso serlo.

‘Cosas veredes, querido Sancho’, diría a su compañero de andanzas, quien habría respondido con un lacónico: ¡Ajá!

TEMAS RELACIONADOS: