Vivir tranquilo es un pensamiento constante en la mayoría de las personas que se mudan a un piso para iniciar una nueva etapa vital. Puede que algunos aspectos de la vivienda sean mejorables, ¿quién no ha pensado en ampliar su salón, cambiar la cocina o imaginar tener una amplia terraza? Aunque para muchos, la tranquilidad es un aspecto clave, ante todo.
La convivencia en las grandes urbes puede condicionar estos planes. Grandes edificios con cientos de familias, diferentes ritmos y situaciones, cada casa es un mundo. Y cuando te separan algunos ladrillos de la vivienda de tu vecino, la tranquilidad puede quebrarse. Es el caso de quienes conviven con hogares que tienen perros y sus dueños no siempre están pendientes del buen comportamiento de los canes.
Carolina Cortines, vecina de la capital, describe a Madridiario el calvario cotidiano que le toca vivir en su domicilio. Convive con un perro que además de los constantes ladridos, en las horas que pasa sin la compañía de su dueña realiza sus deposiciones justo en el piso de arriba de la afectada.
Cortines convive con una vecina mayor que, debido a sus ausencias y largas visitas médicas, deja sola a su mascota durante varias horas con las consecuencias para Carolina y el resto de los vecinos del bloque. Tras dejar pasar los días y charlar con la propia vecina, se puso en contacto con Policía Municipal, que acudía cuando los ladridos y los lamentos del can se hacían insoportables para la vecina: “Teletrabajo y es imposible mantener la concentración”, denuncia. Aunque los agentes no podían acceder al domicilio mientras su inquilina permanecía ausente. Para Carolina supone “la pescadilla que se muerde la cola” ya que, si la vecina está en casa, el perro no genera problemas, pero una vez que sale, comienza el suplicio.
La Policía, señala Carolina, propuso a las vecinas realizar una mediación ante los agentes por el bien de la convivencia común, aunque reconoce que no se pudo llegar a concretar. Señala además que, en su caso, vivir en alquiler, no puede asistir a las reuniones de la junta de la comunidad de vecinos, por lo que buscar una solución consensuada es más complejo todavía.
Señala además que, con la voluntad de mejorar la situación, puso en contacto a la dueña del perro con un entrenador personal y con una guardería canina, pero sin éxito, ya que la propietaria del can excusó contratar ningún servicio por “ser demasiado costoso”. La única vía que los agentes propusieron a Carolina pasaba por iniciar una denuncia en comisaría, que comenzaría un proceso de recopilación de pruebas con una posible sanción a la propietaria, aunque para quién sufre los ladridos esto serviría de poco: “Lo único que quiero es que el perro no ladre en todo momento”. Reconoce que la situación lleva al límite, obligándola a abandonar la casa cuando los ladridos se hacen insufribles. Carolina se muestra “indignada ante la indefensión” que vive por la falta de soluciones.
La situación que vive Carolina no es un caso aislado en grandes ciudades. La Policía Municipal reconoce a Madridiario que la mediación ante casos de este tipo es una labor habitual que desarrollan las unidades en los distritos de la capital.
Desde Policía Municipal señalan que cuando reciben avisos con estas situaciones inician un protocolo previsto para estos casos. Visitan el domiclio e intentan conversar con el dueño, también observar si además de ocasionar molestias con ladridos, los animales se encuentran una adecuada situación de salubridad. Si la mediación con los vecinos afectados y el dueño de la mascona no llega a buen puerto y no hay acuerdo posible, los agentes pueden poner en marcha las medidas que recogen las ordenanzas municipales para la tenencia de mascotas.
El caso de la capital, como en la mayoría de grandes ciudades, existen normativas para responder a las denuncias vecinales. La Ordenanza Reguladora de la Tenencia y Protección de los Animales habla de molestias a las personas, pero no fija cómo determinar qué produce dicho incordio aunque sí establece los hechos que constituyen infracciones leves, como si la tenencia de los animales implica riesgos higiénico-sanitarios o molestias. El artículo 11 de esta norma es claro con respecto a la ubicación de las mascotas en un domiclio: prohibe "mantener animales en terrazas, jardines o patios de manera continuada, sin disponer de alojamiento adecuado y/o causando molestias a los vecinos".
Otro de los instrumentos que los agentes podrán utlizar es la Ordenanza de Protección contra la Contaminación Acústica y Térmica, que en su artículo 48 determina que "los propietarios o tenedores de animales domésticos deberán adoptar las medidas necesarias para evitar que estos produzcan ruidos que ocasionen molestias al vecindario perturbando la convivencia", por lo que, para hacer cumplir esta normativa si los ladridos no cesan y para que agentes y técnicos del Ayuntamiento de Madrid determinen los incumplimientos de la norma por sobrepasar los límites sonoros establecidos deben usarse sonómetros o analizadores acústicos por funcionarios del Consistorio.
En la actualidad existen muchas alternativas para que los perros aprendan a estar solos en algunas ocasiones y también, espacios para que puedan estar en compañía de profesionales y otros canes durante todo un día. Perrobueno, una compañía con sede en Navalcarnero creada hace más de ocho años, pone en marcha cada día un equipo de cuatro furgonetas que a primera hora de la mañana recorren los domicilios de la capital para recoger a los más de 80 perros para llevarlos a la finca en este municipio.
Costanza Busso, propietaria de la compañía, explica el trabajo que realizan con la ‘guardería de día’ donde cuidan a los perros durante todo un día. Aunque en el centro no desarrollan adiestramientos, para Busso este servicio es “la solución a los problemas de comportamiento que desarrolla un perro cuando está solo”, ya que en muchas ocasiones “los dueños piensan que sacar a un perro en la mañana un periodo corto de tiempo es suficiente”. Costanza señala que los problemas derivados de la soledad y el aburrimiento de los perros en soledad generan problemas vecinales con lloros y orines. Para eso pusieron en marcha la ‘guardería de día’ para solventar los inconvenientes que genera la ausencia de los dueños durante horas.
La compañía tiene en Navalcarnero una finca de más de cuatro hectáreas con instalaciones de juego al aire libre y otros recintos a modo de ‘casa’ para que los canes disfruten y se olviden de la ausencia de sus dueños. Allí llegan cada día los perros que las furgonetas recogen puerta a puerta desde todos los puntos de Madrid. Busso señala que este servicio también beneficia a los perros con problemas de movilidad. En la empresa se encargan también de controlar la medicación de aquellos ‘peludos’ que requieren un tratamiento concreto.