Salud

Casi un millón de madrileños son diabéticos: “Tomamos muchas decisiones al día”

Paciente diabético con un sensor de glucosa (Foto: MDO).

DÍA MUNDIAL DE LA DIABETES

Día Mundial de la Diabetes

Alejandra Suárez | Lunes 14 de noviembre de 2022

El médico le recetó unas pastillas para tratar el acné. Entre los posibles efectos secundarios, se encontraba esta patología crónica. “Hoy por hoy, mi vida es normal y puedo comer casi cualquier cosa”, asegura Marta (nombre ficticio). Esto es, en parte, gracias a las innovaciones tecnológicas que hacen más sencillo su tratamiento. Pero, cuando le diagnosticaron diabetes tipo 1 hace 28 años -con 22-, su vida sufrió un cambio de 180 grados. Sus comidas pasaron a tener un horario inamovible para evitar subidas o bajadas de azúcar, y eso le afectaba a su vida personal y profesional. Esto le ha obligado a ser muy metódica: “Tomamos muchas decisiones desde que nos despertamos e incluso, muchas veces, durante la noche”, sostiene. Como ella, cerca de un millón de personas conviven con esta “condición” en la Comunidad de Madrid, según datos de la Consejería de Sanidad. Sin embargo, una de cada dos personas que padecen esta enfermedad aún no lo saben, tal y como recoge la Federación Internacional de la Diabetes. De ahí que el lema escogido para su Día Mundial, que se celebra este lunes 14 de noviembre, sea ‘Educar para proteger el futuro’, que pone el foco en la importancia de la educación para evitar o reducir complicaciones futuras y gozar de una buena calidad de vida.

“Lo más alarmante es que un gran porcentaje lo desconoce y no ha sido diagnosticado todavía”, lamenta la presidenta de la Asociación Diabetes Madrid, Pilar Martínez. Una diabetes “mal controlada” puede derivar en problemas cardiovasculares, insuficiencia renal, ceguera o amputaciones de miembros inferiores, en los casos más extremos. “Cuanto antes se diagnostique, mejor se puede personalizar su tratamiento y educar a la persona para que lleve una vida saludable”, subraya.

De ahí la importancia del diagnóstico inmediato y el acceso a las herramientas necesarias para el autocuidado ya que, quienes la padecen, deben tomar continuas decisiones sobre qué tipo de comida consumir, cuándo ponerse la insulina y qué cantidad o, antes de hacer un viaje, calcular la que necesitarán y llevar un extra.

Una enfermedad rodeada de mitos

“Tú no puedes comer azúcar, ¿no?”, le han preguntado en varias ocasiones a Marta. Pero es justo lo contrario: debe consumirla en forma de hidratos de carbono. Y es que, pese a tratarse de una enfermedad “muy común”, hay quienes creen que no se conoce lo suficiente sobre ella. Esto lo demuestra, a juicio de la presidenta de la Asociación Diabetes Madrid, los mitos que la rodean, por lo que considera necesario educar a los profesionales sanitarios y a la población en general sobre una patología que cada vez afecta a más personas.

Por ello, la entidad forma a las familias para facilitar su convivencia con la diabetes y desdramatizar la “presión que viven quienes tienen reciente diagnóstico”. Los adultos padecen lo que llaman “diabetes tipo 3”, al asumir el control de la enfermedad y sentirse “responsables en cada minuto” de la vida de sus hijos.

La Federación Internacional de Diabetes determina que se pierde un promedio de 37 años de vida saludable a causa de esta patología, que surge por tener un exceso de glucosa en la sangre. Esta puede ser de tres tipos: gestacional, que aparece en el periodo de gestación; 1, si el páncreas no produce insulina, la hormona encargada de metabolizar la glucosa que entra en el organismo -tiene una “parte de genética”-; y 2, si el páncreas produce “algo” de insulina pero, o no es aprovechada por el organismo, o es de mala calidad y requiere cada vez mayores necesidades hasta que se ha aplicar insulina con inyecciones -es la más hereditaria-.

Puede no haber antecedentes familiares

Sus causas pueden ser muy diversas y no tiene por qué haber antecedentes familiares. En la de tipo 1, el sistema autoinmune del organismo destruye las células del páncreas que producen insulina, por lo que esta se requiere desde el inicio de la enfermedad. Esto deriva en unos síntomas “alarmantes”: sed excesiva, deseo de orinar permanentemente, cansancio o fatiga, apetito extremo, visión borrosa o malestar generalizado.

En la de tipo 2, las causas son “más invisibles y suaves”, por lo que pasa “muy desapercibida” y es complicado diagnosticarla, excepto si se presenta algún síntoma “llamativo”, como el sobrepeso o la obesidad, la sed constante, una infección que no se puede controlar o una úlcera en los pies o piernas.

Otro de los mitos establece que la tipo 1 sólo se da en niños y jóvenes, mientras que la 2 es habitual en mayores de 65 años. De igual forma, la falta de actividad física y hábitos de vida saludables, el sobrepeso o la obesidad, se consideran detonantes de la tipo 2. Pero ambas pueden aparecer en personas de todas las edades y condiciones físicas.

Una condición de vida

Medidor de glucosa en sangre. Foto: MDO

A Marta le pilló por sorpresa el diagnóstico: ni siquiera sabía en qué consistía la diabetes porque nadie de su entorno la padecía. Pero hace tiempo que se acostumbró. Tiene que pincharse insulina cuatro veces al día. “Es como el que se pone y se quita las lentillas”, compara. Y siempre debe llevar encima algo de azúcar. “Las bajadas son más peligrosas, ya que puedes tenerlas simplemente si echas una carrera porque pierdes el autobús”, relata. Por el contrario, las subidas “van avisando”, con síntomas como la sed o mareos.

Gracias a la tecnología, su vida ha cambiado a mejor. Con un sensor de diabetes que se coloca en el brazo, se pueden controlar los niveles de glucosa en cualquier momento del día, a través de una aplicación móvil o un aparato. Antes de que este avance apareciera, debía despertarse varias veces a lo largo de la noche para pincharse y comprobar su nivel de azúcar, pero ahora puede conocerlo de forma sencilla. “Esto te da todas las posibilidades del mundo porque puedes regular la insulina y comer cuando quieras”, cuenta Marta.

Las innovaciones tecnológicas han marcado un antes y un después en el control de la enfermedad. Esto bien lo sabe Martínez, a quien se lo diagnosticaron con 19 años -hace 45-. En su familia, ya había dos casos: su abuela paterna y su padre. A ella le siguió su hermana y su sobrina. Entonces, no existían los glucómetros, las jeringuillas de cristal, ni diversos tipos de insulina. “Vivir con diabetes hoy es sumamente sencillo, con todos los avances que tenemos”, apunta. Es la tecnología la que le “ha salvado” de tener más hipoglucemias graves y le permite tener una vida “prácticamente como la de cualquier persona”. “Soy muy activa y a veces me dicen que la insulina parece una vitamina”, bromea.

“Si una persona está educada, deja de ser esclava de su enfermedad”

En la actualidad, a pesar de que sí cambia por completo la vida de quienes no son conscientes de que la padecen, la diabetes no impide hacer “nada de lo que desees hacer”, aunque han de adaptarse a ciertas situaciones. Si realizan un ejercicio excesivo, tienen que modificar la bomba de insulina y las dosis basales, para evitar hipoglucemias. Esta es una de las complicaciones a las que más temen. Deben tomar decisiones para evitarlas. Y, de nuevo, aparece la importancia de la educación: solo si están formados podrán autogestionarse y ser pacientes activos. “Cuando una persona está educada y formada, deja de ser esclava de su enfermedad y toma las riendas”, garantiza Martínez.

Además, han de intentar controlar las emociones. Los nervios, las preocupaciones o el estrés pueden influir en la gestión de su patología y, por ejemplo, hacer que se olviden de aplicarse la insulina. De hecho, siguiendo todos los días una rutina y comiendo lo mismo, “con las alegrías y disgustos o periodos estresados, se puede descontrolar totalmente”, reflexiona Marta.

Programa ‘Conectando tipo 2’

Su sistema autoinmune estaba “tocado”. Con 14 años, sufrió un virus que terminó de revolucionarlo. Durante meses, Elena Sereno estuvo sin diagnóstico: no iba al médico porque pensaba que era “algo del desarrollo”, hasta que, a los 16 -ahora tiene 38-, le detectaron diabetes. Esto le cayó “como un jarro de agua fría”. Tuvo que pasar un “duelo”. Al principio, fue “muy duro”: repitió curso, no podía seguir el ritmo de sus amigos y debía aprender a gestionar su alimentación de otra forma.

Convivir con diabetes “exige mucha demanda diaria”. Su vida puede cambiar “de un momento a otro”, en función de la glucemia con la que se levante. “Es importante que estés constantemente pendiente, sin obsesionarte, porque eso te va a ayudar a controlar situaciones”, afirma. Sus decisiones son “completamente diferentes” si va a estar ocho horas sentada por trabajo o tiene el día libre, si desayuna tostadas o huevos revueltos…

“Se habla de ella, pero no se conoce porque es una enfermedad invisible”

“Se habla mucho de ella, pero no se conoce porque es una enfermedad invisible”, manifiesta Sereno. A su juicio, la diabetes tipo 2 “no se ve tanto” como la 1, a pesar de que representa el 90 por ciento de los casos en España. Es por ello por lo que, desde su puesta en marcha en 2021, se sumó al proyecto ‘Conectando tipo 2’, que cuenta con Abbott como partner. Su fin es crear una red de apoyo y fomentar la divulgación sobre esta condición, cuya visibilidad se ha visto afectada por diferentes prejuicios sociales debido a su relación con hábitos de vida poco saludables. Su objetivo es empoderar al paciente para que siga mejor el tratamiento y su vida gane en calidad. “Tener una enfermedad no es tu culpa, tú tienes una responsabilidad con tu vida, como todos”, señala.

En 2014, se abrió una cuenta en Instagram -@eurekilla- donde ya ha creado una comunidad de más de 8.000 personas que comparten sus experiencias e información sobre la diabetes. Espera suplir así “la falta de apoyo psicológico por parte de la Seguridad Social” a quienes tienen una dolencia no prevenible que está al alza.

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