Opinión

Arde España

Miriam Rabaneda | Jueves 21 de julio de 2022

España arde por los cuatro costados. Es una inmensa pira incandescente que está amenazando nuestro territorio, nuestros hogares y nuestras vidas. Un crudo reflejo, una calamidad más que venimos sufriendo los españoles en estos últimos años. Una fotografía se ha hecho vira en estos días y ha encendido, aún más si cabe, los ánimos y las conciencias. Sí, me refiero a esa fotografía en la que aparece el presidente Pedro Sánchez con los brazos cruzados, con ese gesto que tanto le caracteriza, entre altanero y perdonavidas, tras el cual aparece tierra quemada.

Dicen, y al parecer así es, que la foto ha sido manipulada y que en la foto original no está solo, que la soledad no es real, pero la foto muestra ese presidente que parece inmune a las dificultades y que está dispuesto a cualquier desafío para mantenerse en el poder. En efecto, no está solo. Le acompañan los que le apoyan, los que le aplauden, los que le permiten esa política de tierra quemada que amenaza nuestras instituciones y nuestra democracia.

Un presidente, de cuyo gesto no asoma responsabilidad alguna. De los incendios, la culpa la tiene el cambio climático. Y eso lo dice quien utiliza el Falcon hasta para ir a por el periódico. De la crisis, la subida de precios y de que encender la luz sea un lujo, la culpa la tiene Putin. O tal vez Franco. Y, desde luego, la oposición política, “que no ayuda”. Por eso, la foto define al personaje. Como la de hace unos meses, en el inicio de la invasión rusa en Ucrania, con el teléfono y el ordenador, en esa pose que tanto le gusta, de suficiencia.

Nerón incendió Roma antes de marcharse. Pedro Sánchez, en su tramo final de su mandato, hará lo que sea necesario para que el caos sea su herencia. Y, sin caer en el oportunismo ni en la demagogia, ni frivolizar con un tema tan serio como los incendios, los españoles estamos hartos de tanta foto, tanta pose y, sobre todo, tanta irresponsabilidad. Su imagen y gesto de perdonavidas podrían hasta hacernos gracia. Pero, maldita la gracia.