Coherencia es la cualidad de la persona que actúa en consecuencia con sus ideas o con lo que expresa. Por lo tanto, Mónica Oltra, con sus declaraciones “no voy a dimitir, mi postura es coherente”, dista mucho de ser coherente porque su actuación no es consecuente con lo que ha expresado desde que llegó a la política. Y podríamos decir que, por extensión, la izquierda madrileña, la izquierda de caviar, Más Madrid, secunda esta incoherencia.
Y aquí más detalles y fuerza a este postulado. El lunes 20 de junio, en la comisión de Familia y Política Social de la Asamblea de Madrid, la diputada Tania Sánchez -que también es portavoz de Más Madrid en dicha comisión-, formaba parte del debate que suscitaba hablar de los menores y los contenidos sexuales en Internet. El tema que generó unanimidad en el rechazo y repulsa a un mundo tecnológico hipersexualizado, lleno de contenidos pornográficos en abierto y, por lo tanto, repleto de peligros para nuestros niños y adolescentes.
Ya estamos acostumbrados a que la izquierda en la Cámara regional se ponga muy digna increpando al Gobierno regional con miles de comentarios y denuncias de inacción respecto a la igualdad, al feminismo, a la defensa de los derechos de los colectivos más vulnerables, etc., y la portavoz de Más Madrid siguió la estela mencionada. Sin embargo, más que nunca sentí la fuerza del que tiene la razón, del que se sabe en el lado correcto de la vida y del que defiende sus ideas en consecuencia. Más que nunca tenemos el ejemplo perfecto de la incoherencia de la izquierda con su puesta de perfil en el caso de Mónica Oltra.
Expliqué que en el caso de tener sospecha o conocimiento de que un menor está sufriendo abusos sexuales, ya sea por medios tecnológico o físicos, el adulto debe tener una actitud de escucha activa y alerta permanente. Comenté que uno de los errores que debemos de evitar es minimizar el suceso y, en ningún caso, culpar a la víctima. Animé a que los adultos debemos activar los protocolos necesarios o las denuncias pertinentes para frenar el acoso o abuso. Confirmé que el adolescente debe sentir en todo momento la seguridad de que hay un adulto que le protege, que hay recursos a su alcance y que puede en todo momento enfrentarse a denunciar un caso de abuso, por muy difícil que le parezca. Finalmente, concluí que el adolescente debe saber, porque se hace público, que hay sentencias y castigos para el agresor.
Con este itinerario realicé el paralelismo con Mónica Oltra: ella no creyó a la víctima -de hecho, la acusó de mentir-, ocultó a la menor, no activó protocolos ni denuncias y defendió al agresor, que entonces era su marido. Los psicólogos no la creyeron, el informe lo realiza el abusador y hoy en día la responsable de todo esto, muy dignamente, dice que es coherente y que no dimite. Y la izquierda, en la Asamblea de Madrid, se pone de perfil.
Escuchar a Tania Sánchez, a Más Madrid o a cualquier “portavoza” de Podemos o PSOE, hablar de machismo, de patriarcado o de educación afectivo sexual mientras tapan a un abusador, ocultan a un agresor y apoyan a Mónica Oltra, es confirmar que la izquierda nos miente en su defensa de los menores en casos de abusos sexuales o directamente, que nos miente en la defensa de los derechos humanos. Porque un caso de fracaso es suficiente para saber de qué lado están, del equivocado.