En la última conferencia de prensa sobre decisiones de política monetaria del pasado 14 de abril, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo presentó un panorama inflacionista en el que se percibe que el banco emisor intenta ganar tiempo, resistiéndose todavía a subir los tipos de interés.
Tras ofrecerse un panorama complejo, con la agresión rusa a Ucrania, la acusada subida de los precios de la energía y de las materias primas -que está reduciendo la demanda y frenando la producción-, unida a la reapertura de la economía tras la fase de crisis de la pandemia, el Consejo de Gobierno de la entidad sostiene que “La inflación ha aumentado significativamente y continuará siendo elevada durante los próximos meses, debido principalmente al notable encarecimiento de los costes de la energía. Las presiones inflacionistas se han intensificado en muchos sectores.”
Ante esta situación, la autoridad monetaria prevé la próxima retirada de estímulos del programa de compras de activos (APP): “Las compras netas mensuales en el marco del APP tendrán un importe de 40.000 millones de euros en abril, 30.000 millones de euros en mayo y 20.000 millones de euros en junio. En su reunión de hoy, el Consejo de Gobierno ha considerado que los nuevos datos disponibles desde su última reunión refuerzan su expectativa de que las compras netas de activos en el marco del APP deberían concluir en el tercer trimestre”.
Esta política de compra de activos ha venido beneficiando significativamente a España durante los últimos años, ya que el BCE ha garantizado la compra de la deuda pública española a unos tipos de interés ínfimos (gracias a los bajos tipos de mercado y, sobre todo, al descenso en picado de la prima de riesgo por tener el comprador asegurado).
La desaparición del programa de compra de activos (APP) llevará a España a tener que colocar su deuda en los mercados sin comprador garantizado, y con una prima de riesgo que va a volver a cobrar protagonismo cuando comience a subir y dificulte más la financiación del Estado. No obstante, el Consejo de Gobierno lanza un balón de oxígeno a las economías en la misma situación que la nuestra, ya que prevé seguir reinvirtiendo los activos vencidos dentro del programa APP después de que comiencen a subir los tipos de interés oficiales y “durante un período prolongado”.
El Consejo de Gobierno emplaza las posibles subidas de los tipos de interés desde el final de las compras netas en el marco del APP, y de forma gradual. La autoridad monetaria, en definitiva, “espera que los tipos de interés oficiales del BCE continúen en sus niveles actuales hasta que observe que la inflación se sitúa en el 2 %”. El banco emisor se sigue agarrando a la esperanza de que los riesgos inflacionistas a corto ya hayan pasado y de que, a medio plazo, las presiones inflacionistas vayan mitigándose.
Vemos que la inflación ya se ha instalado y se va a quedar, aunque el BCE sigue enrocado en una política de inacción que, indisimuladamente, sirve para ganar tiempo para la recuperación de los países más rezagados, como el nuestro. Hay que tener en cuenta que España, a diferencia de gran parte de los países de la zona euro, no ha recuperado todavía los niveles de PIB previos a la pandemia y alcanza ya un nivel de deuda pública del 119% del PIB.
En este sentido, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya ha eliminado el calificativo “temporal” a la inflación para considerarla como permanente, y capaz de perjudicar estructuralmente la evolución de muchas de las economías relevantes. Por su parte, la Reserva Federal estadounidense, frente a una inflación desatada -que se sitúa en marzo en un 8,5% interanual-, ha decidido redoblar el componente restrictivo de su política monetaria. Este organismo ha pasado de aplicar subidas de tipos de interés en marzo del 0% al 0,25%, a aceptar un aumento de los tipos del 0,5%, aunque los analistas ya especulan con un 0,75% en próximas reuniones.
La Reserva Federal está aplicando medidas inflacionistas cada vez más contundentes, pero se ha demorado demasiado y se hace evidente que ha comenzado tarde. El BCE no habría llegado a esta problemática situación si hubiera comenzado antes a normalizar su política monetaria en cumplimiento de su objetivo principal: retirando antes los estímulos, cuando la inflación se incrementaba, y no esperando demasiado tiempo. Ahora, las subidas de tipos que se avecinan tendrán que ser más drásticas.
La inflación es un fenómeno básicamente monetario. No sólo se puede atribuir a un shock de oferta de los precios de energía y a los cuellos de botella, y pensar que se puede corregir cuando estos problemas se solucionen. La inflación también presenta componentes de demanda: desde la crisis de 2008 la masa monetaria ha crecido a unos niveles sin precedentes, a la vez que el dinero -a unos tipos de interés casi nulos- ha pasado a estar prácticamente gratis. Procedería, por tanto, aplicar medidas de política fiscal y monetaria restrictivas, tanto por el lado de la reducción del déficit público como por el del aumento del tipo de interés.
Por el lado de la política monetaria, detener este proceso abruptamente puede ser paralizante para las economías; pero hay que ir reduciendo la cantidad de dinero en circulación, mediante la interrupción de las compras de deuda -y otros estímulos- y la elevación de los tipos de interés.
La inflación en España es en marzo del 9,8% interanual -frente al 7,4% de la zona euro- (datos de Eurostat). Esta elevada cifra no sólo se debe a Putin, ya venía siendo alta desde antes de la invasión de ucrania y la pandemia -con sus problemas en la cadena de suministro-. El Gobierno, por su parte, lleva haciendo caso omiso de esta escalada de los precios desde el verano del año pasado. La diferencia desfavorable para España con la zona euro, se debe principalmente a la política energética (que ha llevado a precios comparativamente más altos en nuestro país que en el resto de la eurozona), al efecto de los cuellos de botella en la economía y al crecimiento desproporcionado del gasto público.
Para corregir esta deriva y normalizar la situación, se podrían tomar medidas concentradas en reformas estructurales orientadas a la liberalización de la economía y el restablecimiento de los mecanismos de mercado, para aumentar la actividad; reduciendo los niveles de intervencionismo, al igual que los impuestos sobre la producción ligada al IPC, controlando el gasto público desmedido y aumentando la eficiencia de la Administración; para poder encauzar fondos destinados a ayudar a los más vulnerables y apoyar a ciertos sectores.
No obstante, después de años de inacción en este sentido, a España casi no le queda margen de maniobra. Parece que ya se acabó el tiempo y ya se habla de pactos de Estado y pactos de rentas, para compartir lo que queda.
Las inevitables subidas de tipos de interés tendrán múltiples efectos, la mayor parte no deseados. El aumento de los tipos de interés de la deuda pública llevará a pagar más intereses por la misma -generalmente al extranjero-, redundando en un aumento del gasto público y, en consecuencia, del déficit presupuestario. Las empresas sufrirán una financiación más cara, y las familias endeudadas con hipotecas a tipo variable también (ya está repuntando el Euríbor); igualmente, las deudas a tipo fijo irán subiendo gradualmente su coste de financiación.
Asimismo, indirectamente, los tipos de interés crecientes están ya haciendo bajar la cotización de los fondos de renta fija; también, es oportuno mencionar que, en general, las subidas de tipos de interés van en correlación negativa con la de los índices bursátiles. Además, podemos observar cómo la bajada de rentabilidad de las inversiones que venían tirando de los mercados financieros (bolsa, bonos, criptomonedas…) ya está provocando un acelerón significativo en el mercado inmobiliario, como inversión alternativa (aunque sin llegar a tener, por ahora, tintes de burbuja).
Nos habíamos acostumbrado a manejarnos con tipos de interés casi nulos, y al empobrecimiento ocasionado por el shock energético y la agudización del fenómeno inflacionista subsiguiente. Ahora, los ya casi olvidados tipos de interés crecientes vuelven a erosionar nuestro bolsillo.