La cuestión del cambio de hora suele ser motivo de debate. Cada primavera, muchas personas esperan que no haya modificaciones en el reloj. Se cuestiona que para ganar una hora extra de luz y ahorrar energía, se trastoca nuestro organismo con cambios drásticos en los horarios biológicos.
Pero, ¿cómo reaccionan nuestras mentes y nuestras emociones cuando se enfrentan a la transición del horario de invierno al horario de verano? La psicóloga Montse Marsà de Mundopsicologos.com nos ayuda a entender si los efectos del cambio de hora son reales o si es sólo una sugestión, cuáles pueden ser los síntomas principales, si hay sujetos más predispuestos que otros a sufrir variaciones en el tiempo, y nos brinda valiosos consejos para prepararse y superar este cambio de horario de la mejor manera posible.
«Con el cambio de horario se inicia un cambio en nuestros ritmos circadianos, lo que puede influirnos en nuestro estado de ánimo. Los efectos secundarios más frecuentes son percibir una disminución sutil en los niveles de energía, cambios en el estado de ánimo sin motivo aparente y cambios en el sueño. También podemos percibir dificultades de concentración, lo que puede llevarnos a una disminución del rendimiento intelectual, y en los casos afectados por un trastorno de ansiedad o del estado de ánimo, la sintomatología puede verse agravada durante unos días», dice la psicóloga Montse Marsà.
Todo esto depende de factores de los que no se puede escapar. Y cada uno de nosotros, según el momento y el estado psicofísico en que nos encontremos, puede reaccionar de manera diferente. El principal factor es la oscuridad, presente tanto por la mañana como por la tarde. El cuerpo y la mente por la mañana deben ponerse en marcha sin luz, y esto de por sí ya es un gran esfuerzo. Pero, además, en algunos casos, dependiendo del horario de trabajo, sales de casa cuando todavía está oscuro y cuando vuelves ya es de noche o prácticamente, habiendo perdido por completo las horas de sol.
«Los cambios climáticos y ambientales afectan al área emocional y motivacional del ser humano. Estos cambios influyen en nuestras rutinas y, en consecuencia, a las decisiones que tomamos. Por ejemplo, pueden hacer que quedemos menos con amigos, que dejemos de hacer el deporte que hacíamos antes (porque ya es oscuro) o que nos vayamos a dormir antes porque ya no hay luz. Esto nos llevará a que, según el tipo de cambios que realicemos como consecuencia, experimentemos un estado de ánimo u otro o que incluso la sintomatología que experimentábamos se vea agravada», explica la psicóloga.
«Los estudios indican que especialmente los bebés y las personas mayores son las que más pueden verse afectadas por el cambio de hora y los cambios de luz. Nuestro cerebro necesita de un tiempo para adaptarse a estos cambios y, especialmente en bebés y personas mayores, esta adaptación puede resultar un poco más complicada. No obstante, y especialmente las personas con trastornos del estado de ánimo y de ansiedad, también serán propensas a ver agravada su sintomatología en los días posteriores al cambio de hora. Asimismo, sigue Marsà, debemos tener en cuenta que la menor exposición a la luz solar conlleva una reducción de los niveles de vitamina D, relacionada con los trastornos del estado de ánimo y que, por lo tanto, es muy importante tenerla en cuenta durante esta etapa del año».
«Sí que afecta y es algo real que nos encontramos los que trabajamos en el ámbito sanitario. Las visitas al psicólogo incrementan en esta época del año, asociadas a la vuelta a la rutina y especialmente, al cambio que experimentamos en cuanto al contacto con la luz solar y todo lo que ello nos acarrea. No obstante, habrá personas que experimentarán mayores dificultades de adaptación que otras y que necesitarán de un abordaje interdisciplinar para que este cambio no afecte de forma significativa a sus actividades de la vida diaria», declara la psicóloga.
«Quiero matizar que cierto cambio a nivel emocional o “bajones” son completamente normales y que forma parte del proceso de adaptación que necesita nuestro cerebro. No obstante, voy a proponer algunas ideas que pueden ayudarnos a que la adaptación no sea tan brusca y prepararnos emocionalmente unos días antes del cambio de hora», concluye la psicóloga Montse Marsà.