Opinión

'Brujas, clima y economía', por Joaquín Galván

Hoguera en la Noche de San Juan en Alcobendas (Foto: Kike Rincón).

OPINIÓN

Joaquín Galván Vallina | Lunes 21 de febrero de 2022

El Parlamento de Cataluña aprobó el pasado mes de enero una resolución para restituir la memoria de las mujeres acusadas de brujería entre los siglos XV y XVII en Cataluña -denunciando la “persecución misógina” de las mismas-, para impulsar estudios e instar a los ayuntamientos a dar su nombre a plazas y calles.

Se recordó que Cataluña “fue uno de los lugares de Europa donde más mujeres fueron acusadas de brujería”. En concreto, la revista Sápiens había elaborado una investigación censal identificando 700 procesos a mujeres acusadas y condenadas por brujería durante este período (concentrándose estos juicios, sobre todo, en la zona del Pirineo). Por otro lado, la revista demuestra que fueron las autoridades locales instigadas por los vecinos los principales verdugos de estas acciones, y no la Inquisición, a quien se suele atribuir de forma manida esta autoría.

La caza de brujas en Europa

La economista americana Emily Oster analizó en “Witchcraft, Weather and Economic Growth in Renaissance Europe” (2004) las causas que llevaron a que entre los siglos XIII y XIX fueran ejecutados en Europa hasta un millón de individuos por el delito de brujería; concentrándose la mayor parte de los juicios y ejecuciones entre los siglos XVI y XVII.

En el período medieval temprano, la iglesia católica descartaba la posibilidad de que las brujas pudieran tener influencia en el clima, llegando a sugerir en sus primeros documentos que la creencia en brujas era una herejía. Sin embargo, desde mediados del siglo XIII se aceptó ampliamente la existencia de las brujas y su capacidad de causar daño físico a otros y de controlar la naturaleza. En la Bula Papal que abre el Malleus Malleficarum (1484, libro fundamental para codificar las creencias existentes sobre las brujas, sus poderes y sus acciones) el Papa Inocencio VIII reconoce el poder de las brujas en la destrucción de cultivos. Después de varias décadas de interrupción, la persecución contra las brujas se reavivó desde mediados del siglo XVI, tanto en zonas católicas como protestantes, en Europa y en las colonias americanas. En muchos casos las persecuciones eran instigadas por la población; en ocasiones, seguidas de linchamientos o de juicios y condenas llevados a cabo por las autoridades civiles.

Además, la evidencia sobre el clima sugiere que hubo cambios importantes y notables durante este período que habrían afectado severamente la producción de alimentos. Tras un período cálido medieval de 400 años, las temperaturas comenzaron a descender a principios del siglo XIV hasta que el mundo volvió a calentarse nuevamente desde del siglo XIX. Los intervalos más fríos de este período llamado "pequeña edad de hielo" fueron en la década de 1590 y entre 1680 y 1730. En este gélido período las bajas temperaturas arruinaron las cosechas y la producción de alimentos, esquilmando la población. En muchos juicios por brujería se culpó a las condenadas por destruir las cosechas, traer la peste o provocar granizos y tempestades. El momento culminante en la persecución a las brujas se dio precisamente en la pequeña edad de hielo.

La economista americana presenta una evidencia sistemática de la superposición en el período de tiempo del clima más frío y los juicios por brujería. También se apoya en un estudio actual de Edward Miguel Poverty and Witch Killing sobre asesinatos de brujas en aldeas de Tanzania. Generalmente la mujer de mayor edad en el hogar, es asesinada por miembros de su propia familia acusada de brujería; siendo en los años en que hay precipitaciones extremas (ya sea demasiado poco o demasiado) cuando el número de asesinatos de brujas se incrementa más. Esto lleva a suponer a los autores que en épocas de penuria económica y escasez las sociedades primitivas eliminan a los miembros que resultan menos productivos, justificándolo con la acusación de brujería.

Los resultados analíticos reflejan que el mal tiempo y las recesiones económicas estaban causalmente relacionadas con los juicios de brujas. En definitiva, los juicios por brujería sugieren que, incluso cuando se tienen en cuenta eventos y circunstancias que se consideran psicológicos o culturales, las motivaciones subyacentes pueden estar estrechamente relacionadas con las circunstancias económicas.

En Europa se calcula que entre los siglos XV y XVIII fueron condenadas a pena capital por brujería entre 40.000 y 60.000 personas, aunque no todas fueron ejecutadas. Gustav Henningsen calcula que la mitad fueron quemadas en Alemania, 4000 en Suiza, 4.000 en Francia y 1.500 en Inglaterra, 1.000 en Italia, 300 en España y 7 en Portugal. Las cifras muestran que este fenómeno alcanzó los máximos niveles de intensidad en el norte de Europa, mostrando un abrumador contraste con los inferiores niveles de los países católicos del área mediterránea.

En España, Italia y Portugal, únicos países que adoptaron la Inquisición en su modelo nacional, menos de cien ejecuciones se atribuyen a los tribunales inquisitoriales (59 en España, 36 en Italia y 4 en Portugal). La brujería era para la Iglesia Católica una superstición pagana y la Inquisición le daba poca importancia; de este modo, la Inquisición se mostró inusitadamente benigna con la brujería y otros delitos mágicos. La mayor parte de las ejecuciones fueron consecuencia de sentencias dictadas por jueces civiles o eclesiásticos.

¿Fue tan relevante la caza de brujas en Cataluña?

La cifra de juicios por brujería en Cataluña fue, efectivamente, mayor que en el resto de España, pero incomparablemente menor que en los países del norte de Europa, como Alemania o Suiza. Hay que tener en cuenta, además, que en el período al que nos referimos, siglos XV al XVII, Cataluña era apreciablemente más pobre que Castilla. En línea con los trabajos de los anteriores investigadores, no es de extrañar que ocurriera el mismo fenómeno de caza de brujas que en otros lugares, provocado y avivado por el binomio frío-escasez.

Capítulo aparte es lo inoportuno de plantear el asunto en el Parlamento de Cataluña en medio de una crisis social, política, económica y sanitaria. Parece que el único resultado ha sido cambiar de terreno de juego la expresión “caza de brujas”: se ha pasado de hablar de caza de brujas contra los que hablan español en colegios y Administración Pública, a hablar de caza de brujas contra las mujeres.