Opinión

Un “personaje” con rango de ministro

Paloma Tejero | Lunes 10 de enero de 2022

Una vez más, las manifestaciones del ministro de Consumo, Alberto Garzón, son rotundamente falsas y demuestran la ignorancia y el sectarismo de un ministro al que solo mueve su afán por captar el foco mediático siguiendo la máxima “que hablen de uno, aunque sea mal”.

Y es que pocos ministros ha habido que hayan captado más titulares por sus ocurrencias que por su trabajo ya que, lejos de sus polémicas declaraciones, no se le conoce ni una sola norma con rango de ley. Al ministro le gusta más la tormenta política y mediática, o las arremetidas contra sectores económicos de vital importancia para España, que el trabajo productivo al frente de un ministerio.

Su última víctima: el sector cárnico. Poco le importa a Garzón el desprestigio que profiere a una de las industrias alimentarias más importantes de España (más de 3.600 empresas), de las que más del 90 por ciento no alcanzan los 50 empleados. Poco le importa al ministro una industria formada por pequeñas explotaciones ganaderas de tipo familiar que ayudan a crear empleo y riqueza y, lo que es más importante, a fijar población en el mundo rural.

Un ataque injustificado y malintencionado, utilizando una vez más al medio ambiente como excusa, cuando la producción ganadera de carne apenas representa el 5,8 por ciento del total de emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial. Y una industria cárnica, la española, que lleva años adaptándose a los estándares de sostenibilidad ambiental, bienestar animal y calidad alimentaria marcados por la Unión Europea.

El problema no es de los ganaderos. Hoy son ellos los que sufren el ataque, pero ayer fueron las casas de apuestas, los fabricantes de bebidas azucaradas y los productores de juguetes… El problema es que en España tengamos ministros que opinen en contra de actividades productivas lícitas, que pretendan decir a las empresas cómo deben hacer su trabajo y que nos digan qué cantidad de carne o azúcar debemos comer o cómo deben ser los juguetes de nuestros hijos.

Lejos de casualidades, las declaraciones del ministro Garzón están perfectamente calculadas, medidas y autorizadas por el propio Gobierno y son parte de la política intervencionista que se ha instalado en España a partir del pacto con Unidas Podemos.

Cuando el comunismo se sienta en el Consejo de Ministros, por la incapacidad de un presidente mentiroso de formar un gobierno moderado, sensato y responsable, se pone a España a los pies de una ideología que sueña con empobrecer a las clases medias, que sueña con un individuo dependiente y dirigido por el Estado, el cual dicte a sus ciudadanos la manera de vivir, comer, pensar y, en última instancia, votar.

Por ello, una vez más, el precio del alquiler de la Moncloa será el que impida el cese de un “personaje” con rango de ministro, por más gritos de cese y dimisión que podamos lanzar, desde todos los ámbitos de la sociedad española.