La desafección de los españoles ante la política es un hecho incontestable. Es una realidad que está en la calle, se escucha en la radio, se lee en los periódicos y digitales. En las columnas de opinión, se ve en la televisión. Se siente en cada grupo de amigos, en cada familia. En las empresas, en ese comercio de toda la vida y en aquel que lleva poco arriesgándolo todo por sobrevivir.
La desafección, la desconfianza, la impotencia. Se adueñó de todos. Y el escenario político se fracturó, se polarizó, se dividió en muchos partidos pequeños. Se convierten en virales las ocurrencias más populistas, los bulos empañan el día a día de la política. Las acusaciones personales, las bajezas morales, las ruindades del ser humano se exteriorizan desde la misma política.
Y llegó a nuestras vidas un virus que se está cobrando cientos de miles de vidas y es la excusa perfecta, como esa tormenta, para que el Gobierno de España, en una actitud claramente irresponsable e inconstitucional, nos intente arrebatar, además, sueños, proyectos y sobre todo, libertad.
Este virus, maldito. También nos ha ofrecido la oportunidad de diferenciar a los políticos. De retratarles, de retratarnos a todos. Y al hacerlo, hemos observado cómo unos ocultaron información vital para evitar contagios masivos en aquel marzo negro del 2020 y otros se anticiparon adoptando medidas de prevención para frenar al “bicho” que llegó desde China e Italia y que, en España, se encontró con las puertas abiertas de los aeropuertos gracias al silencio encubridor y dañino de Pedro Sánchez.
Desafección, desconfianza, impotencia.
No hay nada más motivador para un agitador de masas, populista y autoritario, que sembrar miedo, desconfianza y tenernos controlados a todos para mantenerse en el poder de manera definitiva y permanente. Y eso sucedió en nuestro país. No por las declaraciones de Estado de Alarma inconstitucionales, que también. Sino por las medidas que adopta el Gobierno para someternos a los españoles sin control parlamentario y con un abuso “racional” de un régimen excepcional.
Pero la Comunidad de Madrid decidió enfrentarse a esta barbarie. La presidenta Isabel Díaz Ayuso verbalizó desde el minuto uno su oposición a todas las acciones que estaban suponiendo una merma en nuestra libertad. Mientras, Pedro Sánchez decidió limitar libertades a todos. Ayuso, ejerciendo sus funciones como presidenta de la Comunidad de Madrid y siendo leal y coherente con sus principios y valores. Responsable con el proyecto político que representa, el del Partido Popular. Isabel Díaz Ayuso decidió luchar por la LIBERTAD.
Y los madrileños empezaron a recuperar la confianza en la política, en algunos políticos.
Aquella mujer, que llegó de la mano de Pablo Casado, cuestionada y atacada por todos los adversarios políticos. Aquella mujer libre está dando una lección de gestión, de defensa de todos los madrileños, de apuesta por el criterio de los expertos y no de los ideólogos. En definitiva, está dando una lección de libertad y valentía a todos.
Muchas veces no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos o estamos a punto de hacerlo. Ayuso ha puesto a Sánchez frente a su espejo y ha decidido luchar contra su forma autoritaria de gobernar. Y ella sigue luchando para que la izquierda saque sus manazas de nuestra forma de vida. En mi humilde opinión, esta decisión será uno de los grandes aciertos políticos del siglo XXI.
El contexto sociopolítico no es el mejor para alcanzar mayorías abrumadoras. La izquierda no quiere estabilidad y pequeños sectores de la derecha, menos aún. De ahí que los resultados del 4 de mayo fueran tan impactantes como reveladores. Como cantaría Nil Moliner: “Una explosión de euforia y libertad”.
Surgió el fenómeno Ayuso para muchos, para otros, como Pablo Casado y el PP, sin embargo, no fue ninguna sorpresa. Apostábamos por ella. Porque los gobernantes deben ser así: libres, valientes, ejemplares y, como dice Ayuso, rodearse de los mejores.
Y Madrid clamó al grito de LIBERTAD.
Un grito que debe oírse en toda España, que necesitamos todos. La misma que defienden los gobiernos del Partido Popular y que aplauden andaluces, gallegos, murcianos, castellano leoneses y ceutíes. Lo aplauden catalanes, recordemos el recibimiento a Ayuso en esa tierra española como es Cataluña en plena campaña electoral. La libertad no tiene barreras, la libertad es de las personas. Por eso su defensa es la victoria de la democracia. De la libertad y la igualdad.
Necesitamos que España recupere la senda de la libertad. Y solo hay una alternativa real a la izquierda, una alternativa que defiende sin fisuras la libertad. Esa alternativa es Pablo Casado. Esa alternativa es, sin duda alguna, el Partido Popular.