Párate un momento a pensar qué pasaría si esto ocurriera en Madrid. Piensa cómo sería todo si tu entorno, si todas las personas que te rodean (tu familia, tus vecinos, tus compañeros de trabajo o de instituto, tus amigos), tuviesen una cosa en común: el hambre. Piensa, también, cómo de distinto sería tu mundo si muchos de los que conoces no estuvieran ya contigo, si hubiesen tenido que abandonar a la fuerza tu barrio, tu distrito, para marcharse a otra ciudad ante la amenaza de una muerte casi segura. Piensa, ahora, en el futuro: aun en el mejor de los casos, ¿qué vida podrías aspirar a llevar en un país en el que veinte millones de tus compatriotas necesitaran ayuda urgente para sobrevivir?
Es difícil hacerse una idea de la dimensión de algunos conflictos y más, cuando dejan de estar de actualidad. Pero vamos a intentarlo. Seis años después del inicio de la guerra de Yemen hay más de cuatro millones de desplazados internos, más de siete millones de personas necesitan ayuda nutricional y más de veinte requieren asistencia humanitaria. Es decir: son tantos, como los habitantes de medio Madrid, los de toda la Comunidad o los de media España, respectivamente. ¿No te parece una tragedia?
A las organizaciones internacionales, sí. Ahora que todos miramos con renovado temor el horizonte al que se vuelve a asomar Afganistán, las ONG recuerdan que son muchos los puntos del planeta que merecen atención y apoyo. Y Yemen destaca como uno de los que de forma más extrema las requieren.
¿Qué pasa en Yemen?
La guerra civil en Yemen es ya la peor catástrofe humanitaria, según la ONU. Comenzó en 2015, si bien hunde sus raíces en la frustración de las revueltas de la Primavera Árabe y, antes, en el conflicto entre las extintas repúblicas de Yemen del Norte y Yemen del Sur y los distintos intereses geopolíticos.
Hacemos historia. En 2011, un levantamiento popular logró sacar del poder al presidente Ali Abdullah Saleh tras décadas de mando autoritario. La transición, en medio de ataques terroristas y separatistas, en medio de corrupción y pobreza, no logró aportar la estabilidad requerida. Los hutíes, un grupo chií norteño rebelde, tomaron el control de una parte del país y terminaron alcanzando Saná, la capital, hasta hacer caer el gobierno.
Arabia Saudí lideró entonces una coalición de países árabes apoyada por Estados Unidos, Reino Unido y Francia, que inició bombardeos sobre posiciones hutíes, acusados de recibir ayuda de Irán. La guerra se trasladó entonces a pie de terreno, convirtiendo el país en un caótico campo de batalla a su vez empleado por filiales de Al Qaeda y el Estado Islámico en su propia guerra por la violenta supremacía yihadista. Desde entonces, el conflicto de Yemen prosigue. Las conversaciones auspiciadas en Suecia por Naciones Unidas han dado lugar a varias treguas, pero el final parece lejos.
En este tiempo, las organizaciones han documentado decenas de casos flagrantes de violaciones de derechos humanos mediante tortura, desaparición forzada o detención arbitraria. Como consecuencia de la guerra, ACNUR ha alertado reiteradamente ante el riesgo de inanición al que miles de personas están expuestas en la que podría ser la peor hambruna de los últimos cien años. Más de 200.000 personas han muerto y el 80% de la población no tiene ayuda para sobrevivir. Si es difícil pensar en la dimensión de la tragedia, también es difícil pensar en la dimensión de la ayuda que se necesita. Por eso, cualquier ayuda importa, dicen las ONG. Porque, ¿te imaginas si pasara aquí?