Opinión

Obituario – Germán Pérez (10 de junio de 1950-1 de febrero de 2021)

Juancho Pajares | Martes 02 de febrero de 2021

De la música y “las cantinas” de Madrid, al Cielo

Nos ha dejado Germán. De manera discreta y elegante, como era él.

Y modesto, muy modesto. Germán Pérez (Alija del Infantado, León) siempre decía que él era “solo un cantinero”. Un cantinero que fue uno de los primeros empresarios en traer el jazz a Madrid y, desde luego, en popularizar sus sonidos y conciertos con figuras internacionales y nacionales, cuando abrió la sala Clamores en Chamberí, en 1981. Este “templo del jazz” fue progresivamente convirtiéndose en un lugar de culto musical general, aunque nunca perdió su esencia original. Germán y su socio de siempre, Ángel Viejo (que ya había aportado a la sociedad otro local capitalino, La Hemeroteca), lo vendieron en 2016, tras haber estado 35 años escribiendo una de las partituras más célebres de la cultura de nuestra ciudad.

Cuatro años después de inaugurar Clamores, cuando “La Movida” daba sus últimos coletazos, se fueron a Argüelles y compraron el cine de barrio Galileo Galilei para transformarlo en la sala del mismo nombre que todos conocemos. “La Galileo” es un punto de encuentro versátil (Ángel lo suele definir como “espacio ecléctico”) para todos los públicos, amantes del arte y del espectáculo; desde la magia (¡vaya sesiones con Tamariz y, en los últimos años, con su hija Ana y su escuela!), el humor y espectáculos benéficos, a sus inolvidables conciertos de todo tipo de música y artistas. Artistas que, en muchos casos, han tocado sus primeros acordes en el local, en otros han logrado llegar a “la Champions” de su industria, y que han acabado siendo amigos personales de Germán en la mayor parte de las ocasiones. Una amistad forjada desde el despacho o el camerino -uno enfrente del otro-, hasta acompañar a muchos de ellos a viajes, bolos, y, por supuesto, a la célebre barra de “La Galileo” tras las actuaciones. Hala, él jamás bebía una gota de alcohol en acto de servicio. Siempre me admiró su gran fuerza de voluntad en este sentido, con la cualificada y variada oferta de género que tenía permanentemente a su disposición... “Yo brindo con esto, si no te importa”.

En los muchos homenajes que hacen de forma recurrente todo tipo de artistas a músicos que también nos han dejado y que también antes habían pasado muchas noches de gloria por las tablas del local (Enrique Urquijo, Antonio Vega, Aute…), es frecuente encontrarse en su barra o mesas a muchos de aquellos después de tocar, generalmente acompañados por Germán (Ramón Arroyo, de Los Secretos, y Pedro Iturralde (DEP) no solían fallar). Y es que era mucho más que un gran anfitrión para ellos. Por eso ayer las redes sociales de tantas y tantas bandas y solistas lloraban su pérdida.

Amante de los caballos, muy especialmente, y de las corridas de toros, Germán también pasó sus últimos años como promotor de conciertos y se ocupó de que muchos de “sus” grupos -y otros- acudieran a diferentes salas madrileñas, probablemente para no monopolizar su arte.

Germán, te has ido con tu local cerrado por la puñetera pandemia y con todos tus compañeros en ERTE. El número 100 de Galileo Galilei te echará mucho de menos cuando vuelva a abrir sus puertas y su acera vuelva a inundarse de gente deseosa de regalarse música y otros espectáculos a sus sentidos. Madrid y su cultura, y tu público te añoraremos siempre.

Mi abrazo más sentido a tu familia; a Ángel, tu alter ego, y al resto de tus compañeros, entre los que cito, en representación de todos los demás, a Torres y a Domingo, tus siempre eficaces y amables -a pesar del inmenso jaleo previo a cualquier concierto o actuación- jefes de sala de Clamores y Galileo, respectivamente.

Gracias por haber puesto la mejor banda sonora a Madrid durante tantos años. Y por haber sido un señor de arriba abajo. Hasta siempre, Cantinero, descansa en paz.