Opinión

La meta sigue estando cerca

Noelia López | Jueves 24 de diciembre de 2020

Una maratón a través del desierto. Larga y penosa. Por el camino, miles de obstáculos y miles de caídos. El final parece todavía demasiado lejano y las fuerzas ya flaquean. Ese impulso que da la esperanza empieza a desvanecerse. El cansancio y la sed hacen mella y el pesimismo empieza a nublar la razón. Pero, a lo lejos, la línea de meta ya se empieza a distinguir. Venga, otro paso más, que ya casi estamos. Ya queda muy poco… Pero en el último momento, justo cuando estamos a dos pasos de la meta, cuando la Agencia Europea del Medicamento ha dado por fin luz verde a la vacuna de Pfizer y BioNTech, conocemos la emergencia de otra variante de SARSCoV2 en Reino Unido… Otro obstáculo más, otro mazazo. Pero ¿es tan preocupante?

Esta nueva variante del virus se transmite de forma más eficiente, o lo que es lo mismo, es más contagiosa. Esta característica podría suponer que fuese más complicado controlar la curva de contagios mientras tratamos de convivir con el virus hasta que las vacunas lleguen al número suficiente de personas. No podemos olvidar que igual de importante es garantizar la salud pública de los ciudadanos como evitar que afecte de forma dramática a la actividad económica. No podemos permitirnos la ruina de tantos autónomos, trabajadores y empresas que, además, supondría también la ruina del país.

Por aclarar algo entre tanta alarma, es normal que los virus muten o, dicho de otra forma, que cambien. De hecho, precisamente eso es lo que hace que lleven miles de millones de años en la Tierra y que sean los organismos más abundantes de nuestro planeta. Los virus mutan constantemente. A lo largo de la evolución se producen cambios en su material genético de forma aleatoria. Algunos de estos cambios provocan efectos deletéreos, pero otros les confieren algún tipo de ventaja: hacen que se adapten mejor a su ambiente y sean más exitosos. Por ejemplo, pueden hacer que se repliquen más rápido, que puedan infectar a otra especie diferente de animal o que se escapen de nuestro sistema inmunitario. Si estos cambios son ventajosos, tienden a desplazar al resto de variantes, a convertirse en mayoritarias, e incluso a pueden llegar a convertirse en una nueva cepa o una especie diferente.

Pero lo que en un organismo como el hombre u otros animales se percibe después de miles de años, en los virus puede ser cuestión de meses. Esto es así por dos motivos. En primer lugar, el material genético de los virus es menos estable, sobre todo el de aquellos virus que en lugar de componerse de ADN tienen ARN, por lo que la frecuencia de mutaciones es muchísimo mayor. En segundo lugar, la evolución se acelera increíblemente en ellos porque las generaciones en los virus no son como las generaciones en humanos: no duran décadas, sino minutos u horas, y su progenie no es de 2 o 3 hijos, sino de millones y millones de ellos.

En particular, la variante de Reino Unido tiene varias diferencias con respecto a la secuencia de referencia. La mayoría de las mutaciones están en el gen S, el gen que codifica la proteína de la espícula (los pinchos que forman la corona del virus), seguramente fruto de la presión selectiva ya que es la proteína encargada de unirse al receptor en las células humanas, la “llave que abre la cerradura” de nuestras células.

A pesar de todo esto, hay dos buenas noticias. Por ahora, no se ha demostrado que esta nueva variante esté relacionada con una mayor virulencia, aunque es algo que se sigue investigando. Además, todo parece indicar que las vacunas que se generaron contra el virus de referencia serán igual de efectivas contra esta nueva variante.

Así que la meta sigue igual de cerca, sólo un último empujón. La carrera todavía no ha acabado, así que sigamos siendo muy prudentes y sigamos poniendo énfasis en la realización de test. Y cuando todo esto pase y volvamos a la “antigua normalidad” no cometamos el mismo error de minusvalorar el poder de la ciencia y la investigación. Debe ser un área transversal y prioritaria en la agenda política. No olvidemos que los científicos en centros de investigación y laboratorios farmacéuticos fueron los que protegieron nuestra sociedad y nuestro modo de vida tal y como lo conocemos.

Noelia López
Doctora en Biología y portavoz de Ciencia de Cs en la Asamblea de Madrid

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