Sara Medialdea | Viernes 30 de noviembre de 2007
Cerca de setenta funcionarios de al menos 38 ayuntamientos iberoamericanos han convivido en Madrid, durante una semana, con diferentes responsables de la Casa de la Villa, dentro de las jornadas de formación municipal que, desde hace 28 años, viene celebrando la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas (UCCI). Los representantes de los municipios han estudiado las soluciones que se aplican en Madrid en materias como hacienda, movilidad, turismo o infraestructuras. El viernes recibieron sus diplomas acreditativos. Y allí, acompañándoles al igual que en la última década, estaba la secretaria general de la UCCI, Mercedes de la Merced.
La vocación municipalista de De la Merced es bien conocida: durante muchos años ejerció como concejal de distrito primero, de área después, y finalmente fue teniente de alcalde de Madrid. De hecho, en todas las quinielas sobre “alcaldables” su nombre aparecía, invariablemente. Pero los designios de la política son a veces impredecibles, y su labor en primera línea quedó temporalmente suspendida.
Ello no obstante, Mercedes no ha abandonado nunca la actividad política, ni tampoco ha perdido su amor por lo municipal, que le viene de dentro y no es algo forzado por las circunstancias ni una condición como puente hacia mejores destinos. Ella cree en las ciudades. Y batalla desde hace años en la UCCI. Los funcionarios de nivel de las 38 ciudades invitadas en esta ocasión –los había llegados de México, Venezuela, Colombia, Brasil, Perú, República Dominicana, Argentina…- se mostraban encantados con el intercambio de información y la puesta en común de soluciones para los problemas de las ciudades, que en muchos puntos coinciden en uno y otro continente.
Nadie fue capaz de aclarar si la “Operación Guateque” estuvo entre los puntos comentados –la sola mención provocaba más de una sonrisa-; lo seguro es que esta institución mantiene vivos lazos muy importantes entre ambos lados del Atlántico. Y es que lo municipal al final logra salvar cualquier diferencia: que se lo digan a los representantes de las dos ciudades venezolanas representadas en el encuentro, a los que nadie tuvo que decir: "¡A ver si os callais!”.
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