Normalmente no suelen ser graves, pero sí que son especialmente molestas las picaduras de los mosquitos, las abejas, las avispas y sobre todo los roces involuntarios con una medusa, que siempre se acompañan de una reacción alérgica más o menos extensa como defensa de nuestro organismo.
Tras la picadura de un mosquito se produce una pequeña lesión “alérgica” en la piel, consecuencia de su mordedura. Tras posarse en la piel, el mosquito introduce su trompa para chupar la sangre e inyecta una sustancia “anticoagulante”, por lo que no sangra la lesión, y al ser extraña para nuestro organismo, se produce una pequeña reacción alérgica, gracias a nuestro sistema inmunitario de defensas, que se traduce en una inflamación local que se acompaña de un molesto picor. Nunca debemos rascar la lesión porque estaremos contribuyendo a aumentar la vasodilatación y la extensión de la lesión por muy pequeña que sea.
En este caso, deberemos aplicar agua fría, o hielo envuelto siempre en un paño, sobre la lesión, o bien utilizar una solución de agua con una pequeña cantidad de amoniaco, como la que llevan los “bolígrafos para las picaduras” que podemos comprar en la farmacia.
Si ha sido una abeja o una avispa la que nos ha picado, sucederá algo parecido, aunque la lesión siempre es mucho más molesta, y especialmente ante la picadura de una abeja porque suele dejar clavado su aguijón en nuestra piel. Deberemos quitar el aguijón con unas pinzas de punta roma, que siempre es conveniente tener en nuestro botiquín de viaje o el de casa. Luego, del mismo modo aplicaremos frío o agua con amoniaco, como hemos explicado anteriormente.
Si la lesión se ha producido por el roce con una medusa, la cosa se complica un poco más. Muchas personas siguen pensando que “les ha picado una medusa”, pero la verdad es que estos bellos, pero desagradables animalitos no pican. Ellos están en su medio ambiente natural y somos nosotros los que invadimos su ecosistema al entrar a nadar o a jugar en el mar, y al rozarnos con la medusa se produce la lesión alérgica.
La medusa tiene unos tentáculos con aguijones diminutos, que se llaman nematocistos y que contienen una sustancia venenosa para defenderse de los posibles depredadores del medio marino y para capturar a sus presas. Al rozarnos con una medusa, sus tentáculos se quedan clavados en nuestra piel y su veneno la atraviesa produciendo un fuerte dolor, escozor y picor, que a veces incluso se acompaña de náuseas, vómitos y mareos, dependiendo de la reacción alérgica en cada persona.
En este caso debemos actuar de la siguiente manera:
Y en el caso de que el médico nos haya recetado una crema antihistamínica para mejorar la lesión, nunca se debe exponer al sol esa zona de la piel.
Cuántas veces he echado de menos que durante las vacaciones de verano, se pongan en marcha sencillos cursos de primeros auxilios, tanto en la playa como en las piscinas, en los que los propios socorristas nos enseñen las técnicas esenciales. Si los diferentes ayuntamientos fueran lo suficientemente sensibles a este tema de prevención, seguro que tendrían una gran aceptación por todas las personas que estamos de vacaciones.
Traten de disfrutar en familia de sus merecidas vacaciones, pero aprendiendo cada día más sobre los primeros auxilios que todos podemos aplicar para ayudarnos a nosotros mismos y a los demás. ¡Felices vacaciones!