Opinión

Consensos en el Prado

Sara Medialdea | Martes 27 de noviembre de 2007
Hay ideas que rondan una ciudad pero no terminan de materializarse. En Madrid tenemos varios ejemplos de esas iniciativas que un día alguien puso en marcha pero que no pasaron nunca de las presentaciones oficiales, porque tropiezan con tantos obstáculos por el camino que no consiguen avanzar. Es el caso de la Operación Chamartín, de la que muchos llevamos décadas –literalmente- escribiendo, sin que la historia transpase jamás los titulares ni se materialice. Lo mismo ocurrió, durante mucho tiempo, con la Operación Campamento, aunque ahí sí que hubo en un momento una conjunción de voluntades que consiguió romper con la rutina que aplastaba el nacimiento de la iniciativa.

Algunos empezamos a temer que ocurra algo así con la remodelación del eje Prado-Recoletos. Porque ha llovido muchísimo, y se han sucedido las sequías, desde que Álvarez del Manzano hiciera arrancar este proyecto, que mete el bisturí en una de las zonas más emblemáticas, más representativas y más visitadas de la capital. El equipo que ganó el concurso, capitaneado por Álvaro Siza y Juan Miguel Hernández de León, lleva cinco años dándole vueltas a su diseño, intentando acomodar voluntades y vanidades, haciéndolo compatible con todos los intereses y peleando porque, en esta vorágine, no se pierda el concepto original, el que les hizo ganar el concurso: recuperar lo que era un salón para peatones.

Es lógico y normal que el proyecto se revise con lupa por todos: ciudadanos, políticos, organizaciones ecologistas, entidades culturales, administraciones públicas… En las márgenes del paseo hay nada menos que tres de las mejores pinacotecas del mundo. Una actuación equivocada en este entorno puede hacer un daño terrible a la ciudad. Pero para evitarlo, todas las fuerzas políticas –todas, conviene recordarlo- aprobaron por unanimidad, en un tiempo en que esos consensos aún eran posibles, el proyecto que consideraron mejor: el más respetuoso, el que cuidaba con más mimo el entorno, el que pretendía recuperar el esplendor del pasado y hacer ganar valor a la zona.

Quienes están al frente del mismo son profesionales con mucho prestigio. Desde el respeto hacia lo que el eje tiene de valor, que es mucho, y desde la necesidad de renovación y mejora que presenta, que también es mucho, suena la hora de alcanzar consensos en los despachos para que los arquitectos puedan empezar a trabajar sobre las aceras, los pavimentos y los jardines. O corremos el peligro de terminar convirtiendo también el proyecto Prado-Recoletos en papel mojado.

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