Ángel Calleja | Viernes 23 de noviembre de 2007
“El brillo del cristal le da la vida a la pieza”. Con estas palabras define el ojo experto los requiebros que la luz hace en las piezas más delicadas que han pasado por Ifema. Gracias al Museo Nacional de Artes Decorativas, todos los visitantes de Feriarte han podido contemplar una selección de obras maestras, “piezas únicas” según los organizadores, diseñadas entre 1890 y 1940.
Desde el mundo natural del "art nouveau", hasta la producción industrial de la escuela Bauhaus, la muestra ofrece más de setenta elementos de las más de 300 obras que componen la colección Torsten Bröhan, incorporada al museo a finales de 1999. Objetos austriacos, checos y alemanes, incluido el famoso cristal de Bohemia, realizados en la considerada como etapa más brillante de la historia del cristal.
“Además, somos unos privilegiados al tenerla aquí, porque se ha expuesto en los más importantes museos de Estados Unidos, incluidos el Cooper-Hewitt Smithsonian, el Instituto de Nueva Cork, Birmingham, Dayton, Nashville y Tacoma”, afirman.
Alta seguridad
La muestra, rodeada de la misma seguridad que protege a Feriarte, se justifica porque, según los propios galeristas participantes, “esto, como las demás piezas que nosotros exponemos, es Historia, y si las adquirieses, tendrías una parte de ella”.
Precisamente por eso, los responsables de seguridad y galeristas son celosos con las fotografías que se toman. “Si es para los medios de comunicación, no hay problema, pero hay que tener cuidado, porque después la gente exhibe las imágenes en Internet y dice que las tiene en su catálogo, lo cual es rotundamente falso”, afirma Antonio Serrano.
Comienzos en el "art nouveau"
"Cristal de las Vanguardias" empieza con objetos fechados en 1900, cuyos diseños están inspirados en el mundo natural del "art-noveau", el modernismo vienés, las artes decorativas japonesas, el secesionismo de Viena y otros estilos más arquitectónicos a partir de la incorporación de patrones geométricos.
La producción industrial de la Bauhaus ocupa un lugar destacado en un momento en el que se censuró el ornamento accesorio, en beneficio de unos objetos útiles y accesibles. En esta corriente, Josef Hoffman optó por decorar únicamente a través de la forma y del color.
A partir de aquí se promovió una nueva definición del grabado. Puesto que el cristal se seguía haciendo igual que las obras de Bohemia del siglo XIX, se desarrollaron diseños evocadores y sugerentes.
El ornamento de vanguardia llegó al finalizar la II Guerra Mundial, con cristales decorativos pintados con motivos en oro y plata, hasta llegar a producciones geométricas.
La exposición también hace un repaso por expresionismo y surrealismo, cuyas tendencias fueron lideradas por diseñadores como Bruno Mauder, con obras en las que se percibe la inspiración del arte africano.
De lo exclusivo a lo industrial
En el siglo del cristal se puede encontrar además la conocida como “Secesión Vienesa” (1897), en la que las formas arquitectónicas y los motivos recurrentes son utilizados para realzar la belleza del material transparente. La “Wiener Werkslatte” (1915) también esta presente, como representación de artículos de lujo decorados con motivos rimbombantes.
Aunque la corriente socializadora, frente a la exclusividad de las piezas de Hoffmann, apareció en Europa a partir de 1930 con la escuela Bauhaus con creadores como Wilhelm Wagenfeld, que hicieron que el arte del cristal descendiera de los estratos sociales elitistas. Actualmente muchos de los diseños de Wagenfeld se siguen produciendo en la industria del menaje del cristal.