Por sentido común, y con el apoyo unánime de su partido, Sánchez ha decidido impedir una tercera traición al PSOE, al mismo Podemos y a toda la izquierda. De ahí que rechace dar a Iglesias cargos superiores en su Gobierno, con los que éste podría dinamitarlo desde dentro, con mayor facilidad que en las veces anteriores.
La responsabilidad no es solo de un Iglesias ensoberbecido, vendido o chantajeado, sino quienes dentro de Podemos se han plegado ante sus insensatos bandazos, expulsiones o cambios ilegales de estatutos (denunciado, sí ante la Justicia… que decidirá cuando quizá ya ni exista el partido), o han callado o votado sí ante temas tan bochornosos como el chalet, o simplemente huido de sus responsabilidades con la excusa de que se moverán tras las elecciones, cada vez más catastróficas, como hemos visto, para Podemos.